Categoría: Nacionales

Fuente: El Cohete a la Luna     (6-06-2021)

El pasado lunes, la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) fue recibida en la Casa Rosada por el Presidente Alberto Fernández, luego de que la institución cuestionara la postura asumida por la Cancillería argentina en el Consejo de Derechos Humanos (CDH) de las Naciones Unidas. El voto argentino se sumó al de otros 23 países, de un total de 47 que conforman el Consejo. Esa mayoría respaldó la conformación de una comisión investigadora que deberá relevar de forma exhaustiva los acontecimientos sucedidos en Israel, en Gaza y en los territorios palestinos ocupados.

Cuestionando esta futura investigación, el titular de la institución que tiene sede en Pasteur 633, Jorge Knoblovits, asumió el rol de un embajador oficioso de Israel, efectuando llamativas consideraciones críticas sobre el voto argentino. No contempló, en ningún momento de su demanda, los intereses nacionales que se ponen en juego en una votación de esas características. Tampoco hizo referencia a que Israel vota siempre contra la Argentina en los foros internacionales, respaldando la posición del Reino Unido de Gran Bretaña. Eso explica el silencio de la DAIA en relación con la causa fundamental de la soberanía argentina: nunca se expidió de forma explícita sobre la inicua ocupación colonial de las Islas Malvinas.

Este anclaje geopolítico es el que lleva a los dirigentes de la calle Pasteur a tramitar la reapertura de la causa del Memorándum con Irán, operación de lawfare que motivó una de las estrambóticas causas con las que se intentó proscribir a Cristina Fernández de Kirchner. Dicha reapertura permitió, además, el arbitrario encarcelamiento de Carlos Zannini, Luis D’Elía y Fernando Esteche. Esa saña fue también la que le impidió a Héctor Timerman darle continuidad a su tratamiento oncológico, situación que le produjo la muerte. En los momentos previos a la reunión, en los pasillos de la Casa Rosada, se recordaba que fue CFK quien reconoció al Estado de Palestina en 2010.

La DAIA expresó al Presidente su oposición a que exista una comisión investigadora habilitada por la CDH, cuya tarea será dilucidar si existieron o no violaciones al derecho internacional humanitario en los sucesos que se iniciaron el 13 de abril en Jerusalén Oriental. La institución concurrió al encuentro con Alberto Fernández sin la más mínima ilusión de cambiar el voto. Su objetivo fundamental consistió en darle continuidad al imaginario instalado –ante la sociedad argentina y el gobierno– de que esa entidad monopoliza la representación de los judíos argentinos.

El objetivo fundacional de la DAIA consistió en enfrentar la judeofobia. Fue creada en 1935 para enfrentar al fascismo, pero devino en una entidad alineada con lo más rancio de la derecha local, verdaderos herederos de aquellos que destilaban discursos antisemitas en las primeras décadas del siglo XX. En la actualidad, no sólo respalda de manera acrítica las políticas de los gobiernos de Israel, sino que alienta de forma explícita los programas neoliberales patrocinados por el injerencismo de Washington. Un porcentaje mayoritario de las manifestaciones públicas de la DAIA se relaciona con el patrocinio de cualquier medida tomada por los diferentes gobiernos de Israel, más allá del signo ideológico de sus gobernantes. Un pormenorizado seguimiento de las actividades y acciones desarrolladas por sus dirigentes muestra su interés desmesurado por los ágapes con embajadores acreditados en la Argentina. Según pudo constatar El Cohete a la Luna, los empleados de varias delegaciones extranjeras nombran a la DAIA como la “embajada alternativa”, en directa referencia a la de Israel.

Quienes recibieron a las autoridades de la DAIA quedaron atónitos ante las incongruencias manifestadas por Knoblovits. En el comunicado difundido por la DAIA luego del encuentro quedaron por escrito algunos de esos desatinos: “Hay otras formas para condenar el terrorismo”, señaló el titular de la entidad, sin precisar a qué terrorismo hacía referencia ni cuáles serían las formas más adecuadas de posicionarse frente al flagelo. En el mismo comunicado, la DAIA manifestó su preocupación por “el lugar en el que quedó la Argentina al aprobar la investigación junto a países que no son democráticos y (que) no respetan las libertades individuales”.

La Resolución 46/3 del CDH fue avalada por México, Bolivia, China, Rusia, Venezuela y Cuba. “Ver a nuestro país votando con ellos nos dolió”, subrayó el titular de la DAIA, para dejar en claro cuál es su posicionamiento internacional y el de sus mandantes.

En la reunión, los integrantes de la DAIA señalaron que Israel es una de las pocas democracias en el Medio Oriente. Sin embargo, no lograron explicar qué tipo de sistema democrático es aquel que priva de derechos ciudadanos a más de dos millones de palestinos, sobre quienes se impone únicamente una justicia administrativa de contenido militar, disímil a la que usufructúan los ocho millones de israelíes que no viven en los territorios ocupados.

La resolución aprobada en Ginebra encomienda a la futura comisión –cuyos miembros deberán ser designados por la presidencia del CDH– relevar lo ocurrido desde el pasado 13 de abril, cuando se iniciaron los enfrentamientos en Jerusalén mientras se desarrollaba la conmemoración del Ramadán, mes en que los musulmanes ayunan desde el amanecer hasta el ocaso. La comisión deberá registrar toda información que pueda servir de prueba en eventuales procesos legales. Deberá identificar a los responsables de las violaciones –tanto en Gaza como en Israel y en los territorios ocupados– y recomendar medidas para que las víctimas puedan contar con instancias de reparación judicial.

En la reunión del CDH del 27 de mayo, el representante diplomático argentino, Federico Villegas, se pronunció a favor de esa investigación sugerida por la Alta Comisionada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, con el cometido de brindar “una rendición de cuentas creíble y exhaustiva por todas las vulneraciones del derecho internacional a fin de establecer una paz sostenible en lo que hace a la situación de derechos humanos”. Enfatizó además que “la Argentina reitera que la única solución verdadera al conflicto se logrará con el surgimiento definitivo de un Estado palestino independiente, democrático, viable y territorialmente contiguo que garantice el derecho de Israel a vivir en condiciones de paz y de seguridad”.

Alberto Fernández recibió a la DAIA acompañado por el canciller Felipe Solá y por el secretario de culto Guillermo Oliveri. Por la DAIA participaron, además de su titular, David Stalman, Alejandro Zuchowicki, Marcos Cohen y el titular del Consejo Federal, Fabián Neiman. Este último es un conocido integrante del Likud local (organización política comandada por Benjamin “Bibi” Netanyahu, que tiene representación en la DAIA) que utiliza las redes sociales para vilipendiar a los simpatizantes del Frente de Todos y para insultar a Cristina Fernández de Kirchner. Los integrantes de la comunidad judía de San Miguel de Tucumán lo sindican como un personaje irascible que incluso fue denunciado por violencia familiar por quien fuera su suegra, la docente Sara Sansón de Spindler, ex directora del jardín de infantes de la escuela perteneciente a la Sociedad Unión Israelita de esa provincia.

Un likudnik en la Casa Rosada



Una de las tácticas fundamentales de la DAIA consiste en confundir conceptos para evitar que su verdadera tarea sea desenmascarada. Sus comunicados y posicionamientos mezclan el judaísmo con el sionismo tratando de convertirlos en sinónimos, cuando existen millones de integrantes de esa colectividad, ciudadanos de diferentes países del mundo, que no se identifican con el sionismo. Noam Chomsky es uno de los más renombrados. Pero también existen, entre los israelíes, grupos que poseen representación legislativa (como la Lista Unida, que agrupa a judíos y árabes) que repudian esa concepción, a la que consideran secuestrada por la derecha del Likud, que la utiliza para justificar la ocupación de tierras palestinas por parte de los colonos fundamentalistas.

El término “antisemitismo” fue instituido en 1873 por el judeófobo Wilhelm Marr para agrupar a quienes detestaban a los judíos. Marr acuñó el término de forma equívoca dado que “semita” expresa un componente lingüístico que comparten tanto los judíos como los árabes. Tanto el arameo como el hebreo o el árabe tienen una raíz común. Esa confusión motivó que, hasta el día de hoy, el término ideado por Marr sea utilizado en lugar de “judeofobia”, que sería la denominación más precisa.

Es indudable que la discriminación a los judíos todavía tiene vigencia de formas más o menos explícitas o veladas. Y que convive con otras formas de etiquetamiento y persecución. La islamofobia, la inferiorización de los pueblos originarios, la estigmatización de los afrodescendientes, el rechazo a los migrantes, la misoginia y la violencia contra las disidencias sexuales se yuxtaponen en lógicas sociales donde el desprecio y la competencia son considerados valores legítimos.

Sionismo neopentecostal



La DAIA, en su intento de blindar las políticas de los gobiernos de Israel, juzga toda crítica como una expresión de judeofobia, con la indudable finalidad de descalificar a quienes cuestionan la ocupación y el apartheid. Si bien es frecuente que la judeofobia coincida con la estigmatización de Israel y del sionismo, no toda crítica a Israel puede calificarse como judeofóbica. No se puede bautizar a quienes cuestionan el colonialismo como militantes antisemitas. El sionismo es una ideología política, no una identidad étnica. Y así como existen muchos integrantes del pueblo judío que no se sienten identificados en absoluto con el sionismo, también abundan las comunidades de la derecha evangélica neo-pentecostal que se sienten partícipes de esa ideología. De forma análoga, cuestionar la ocupación de Cisjordania o el bloqueo de Gaza no significa avalar el lanzamiento de cohetes dispuestos por Hamas hacia la población civil de Israel.

La sobreactuación de la DAIA para posicionarse como referente único de los judíos argentinos tiene como objetivo mostrar a sus mandantes el poder de fuego del que disponen. La foto con el Presidente Alberto Fernández es exhibida frente a la Cancillería israelí como un capital simbólico de la capacidad que detentan como referentes del judaísmo local. Pero ese registro se complica cuando sectores de esa misma colectividad –como el Llamamiento Argentino Judío (LAJ)– expresan posiciones alternativas e incluso opuestas a las sostenidas desde la calle Pasteur. La desesperada intención de invisibilizar esas diferencias y de disimular su rol de embajada paralela de Israel los obliga a presentarse con credenciales monopólicas, claramente apócrifas: “La DAIA, representante de la comunidad judía argentina”.

La insistencia de la DAIA en arrogarse una representación de la cual carece motivó que en el día de ayer, sábado 5 de junio, el Llamamiento enviara una carta a su titular, Jorge Knoblovits, en la que se estipula lo “injustificado de la invocación de la representación de toda la comunidad judía”. En esa misiva se señala que dicha actitud “confunde a las autoridades nacionales y a la población receptora de esos mensajes, que piensa que la colectividad a la que pertenecemos es un todo homogéneo, cuando es exactamente lo contrario. No tiene un pensamiento único frente a los continuos acontecimientos de la vida política y social, y en eso radica su riqueza como parte de un pueblo”.

“Por otra parte –resume la carta del Llamamiento–, atribuirse la representación de la comunidad/colectividad judía argentina (…) lesiona gravemente el derecho constitucional de libre asociación consagrado en el artículo 16 de la Constitución Nacional (atinente al derecho) de todo ciudadano a asociarse o no y, con ello, a no ser representado por una asociación a la que no pertenece. En atención a estas consideraciones queremos solicitarles que en el futuro se abstengan de invocar la representatividad de toda la colectividad argentino-judía”. El escrito está firmado por el presidente del Llamamiento, Marcelo Horestein, su secretario general, Pablo Gorodneff y los integrantes de su Comisión Jurídica, la doctora Cynthia Benzion y los doctores Bernardo Fischberg, Luis Kon, Alfredo Kraut y Beinusz Szmukler.

La DAIA continúa perdiendo el halo de representatividad que alguna vez tuvo. Durante la dictadura genocida abandonó a los familiares de los detenidos desaparecidos. Luego se sumó a la lógica neoliberal en una alianza de Rubén Beraja con el menemismo. Posteriormente participó de la persecución a CFK y es responsable de la muerte de Héctor Timerman. Es hora de que la sociedad y el sistema político asuma que esa entidad sólo representa al sector de la colectividad judía que está comprometido con intereses ajenos a los nacionales y latinoamericanos.