Categoría: Nacionales

Fuente: daniel.kupervaser.com         (29-05-2021)

La conducta adoptada por la cancillería argentina ante los acontecimientos que se sucedieron en Israel días previos, durante y con posterioridad al operativo denominado Guardian de la Muralla, dieron lugar a una andanada de comunicados de diferentes instituciones y personajes judíos con severas críticas al posicionamiento oficial argentino

En fecha 11 de mayo 2021, la cancillería argentina dio a conocer un comunicado de prensa que en su texto principal expresa:

“La República Argentina expresa su honda preocupación por el dramático agravamiento de la situación en Israel y Palestina, el uso desproporcionado de la fuerza por parte de unidades de seguridad israelíes ante protestas por posibles desalojos de familias palestinas de sus hogares en los barrios de Sheikh Jarrah y Silwan, así como por la respuesta a través del lanzamiento de misiles y artefactos incendiarios desde la Franja de Gaza.

Todo ello condujo a una escalada de la violencia, que condenamos, que causó numerosas víctimas fatales, cientos de heridos y trajo mayor sufrimiento a la región y sus habitantes”.

El día después, DAIA emitió un comunicado con este contenido: “DAIA, la representación política de la comunidad judía argentina, rechaza la virulenta agresión del grupo terrorista Hamas sobre la población civil del Estado de Israel, y envía sus condolencias y solidaridad a las familias y amigos de las personas asesinadas en cada uno de los ataques. Frente a las críticas vertidas por la Cancillería de nuestro país hacia Israel por el “uso desproporcionado de la fuerza”, la entidad ratifica el derecho que tiene un Estado democrático de defenderse ante un brutal ataque como el que sufrió por parte de un grupo terrorista, y considera que el mencionado posicionamiento del Gobierno argentino no se condice con la excelente y estrecha relación que mantienen ambos países”

Da la impresión que DAIA y otros criticos se apresuraron y no analizaron correctamente el contenido del comunicado de la cancillería argentina. Si se chequea su parte central, la diplomacia argentina expresa su preocupación por tres acontecimientos, claramente separados uno del otro por el uso de la coma.

1 Dramático agravamiento de la situación en Israel y Palestina.

2 El uso desproporcionado de la fuerza por parte de unidades de seguridad israelíes ante protestas por posibles desalojos de familias palestinas de sus hogares en los barrios de Sheikh Jarrah y Silwan.

3 La respuesta a través del lanzamiento de misiles y artefactos incendiarios desde la Franja de Gaza.

La expresión “uso desproporcionado de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad de Israel” hace referencia única y exclusivamente a la represión de manifestaciones por posibles desalojos de familias palestinas en barrios de Jerusalén Oriental. Esta represión fue previa al inicio de las hostilidades entre Hamas e Israel y de ninguna manera se refiere a la conducta militar de Israel hacia Hamas en Gaza, que posteriormente vino como respuesta al ataque indiscriminado a centros urbanos de Israel con misiles. Todo lo contrario, en el punto 3 justamente critica a Hamas por el lanzamiento de misiles y artefactos incendiarios a centros urbanos israelíes, mientras evita toda referencia a las represalias israelíes.   

Apenas se logró el alto del fuego entre Israel y Hamas, el Consejo de Derechos Humanos de ONU adoptó una resolución que establece con carácter de urgencia una comisión internacional independiente para que investigue las presuntas violaciones y abusos de las garantías fundamentales en el territorio ocupado palestino, incluida Jerusalén Oriental, y en Israel, cometidas antes y después del 13 de abril de 2021. La resolución se adoptó por el voto a favor de 24 países, entre ellos Argentina, 9 en contra y 14 abstenciones.  

Amplios sectores de la colectividad judía expresaron su enérgica protesta ante el apoyo argentino a la propuesta. “Lamento que mi país encuentre aliados que no respetan los derechos democráticos, que tengan su punto de encuentro en la condena a Israel” expresó Jorge Knoblovits, presidente de DAIA.

A decir verdad, lo que más sorprende es la sorpresa del liderazgo judío argentino.

Las votaciones argentinas en organismos internacionales relacionadas con Israel y su conducta en los territorios ocupados según resoluciones de organismos internacionales son el resultado de una postura diplomática constante y nítida que se perfila como común denominador durante un largo tiempo en gobiernos afines a ambos lados de la conocida grieta argentina.

En todas estas votaciones de la última década en organismos internacionales, la diplomacia argentina expresó claramente su apoyo a resoluciones propuestas en contra de Israel. En algunos casos, como este último, de forma expresa y declarada, en otros, tácitamente por medio de la abstención cuyo único significado (a sabiendas que hay clara mayoría a favor) es relacionarse positivamente con la propuesta contra Israel, salvo que no votan a favor para no exasperar a Israel y la comunidad judía local.

Por generaciones el pueblo argentino reclama de Inglaterra la devolución de la soberanía sobre las Islas Malvinas usurpadas y colonizadas por la fuerza. La identificación o la mínima comprensión con la imposición de soberanía israelí y colonización por la fuerza en territorios reconocidos por todo el mundo como el lugar donde debe erigirse el hogar nacional palestino independiente, necesariamente y con mucha razón será interpretado por el pueblo argentino como un apoyo a la posición británica. Se trata de un claro mensaje que contradice los principios de soberanía argentina, tan comunes a toda su población sin ningún tipo de grieta.

Hay que entender que, en diplomacia de organismos internacionales, las decisiones de apoyar u oponerse a una propuesta está determinado por el caso mismo, pero no menos, por las implicaciones que pueda tener esa resolución con la visión particular del país de quien el representante levanta la mano.  

Lo más razonable es suponer que la diplomacia argentina no se puede dar el lujo de una mínima identificación o expresión de simpatía con intereses de Israel más allá de los limites reconocidos de 1967.