Categoría: Nacionales

Fuente: Nueva Sion      (23-12-09)

“Los discursos políticos que encierran grandes títulos como “institucionalización” y “consenso” son simplemente la máscara que encubre una puja distributiva”

 Alfredo Zaiat es jefe de la sección “Economía” del diario Página 12. Desde ese lugar se transformó, en los últimos años, en la voz cuestionadora más seria y respetada a lo que él denomina “la cadena nacional de medios privados”. En este reportaje, además de analizar la política económica de los últimos años, busca derribar algunos mitos que se han instalado en la opinión pública con respecto a algunas de las medidas tomadas por los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

Durante los gobierno de Néstor Kirchner y Cristina se ha instalado el debate sobre en qué medida la política económica impulsada por el gobierno de Carlos Menem en los 90 sigue condicionando, en términos estructurales, la economía argentina en la actualidad. ¿Cuál es tu opinión?

No hay una respuesta lineal. Evidentemente hay elementos de los 90 que todavía perduran. Pero el actual modelo representa la ruptura del que se empezó a implementar en el año 1976, cuando se pasó de un modelo industrial de inclusión social a uno de valorización financiera que se extendió hasta el 2001.

La década del 90 agudizó algunos de esos rasgos que aún condicionan la economía argentina. Si bien hay debilidades del actual proceso que impiden dejar atrás esos condicionamientos, hay algunos de esos elementos que fueron superados. Por ejemplo, ponerle fin al negocio especulativo del aporte previsional de los trabajadores, manejado por las AFJP, es un avance estructural fundamental para dejar atrás los condicionamientos de los 90.

La década del 90 no aparece por arte de magia, escindida de un proceso histórico. Fue fundamentalmente muy parecida a lo que sucedió en la dictadura, con la excepción de que en los tiempos del Proceso estuvo acompañada por un disciplinamiento social a partir de las desapariciones, la muerte y la represión.  

¿Cómo hizo Menem entonces para sostener políticamente un modelo económico que generó tanto daño? Ganó su reelección con más del 50 por ciento de los votos…

En los ‘90 hubo un disciplinamiento de los sectores populares a partir del miedo a la hiperinflación. No apoyaban los despidos a los trabajadores o la desestructuración productiva, sino que el miedo de volver a la situación económica anterior a Menem, los hacía aceptar al gobierno. Hubo apoyo de las clases medias y del poder permanente, éste último siendo el secuaz del Estado y el beneficiario de los negocios vinculados al poder. Las clases medias que sobrevivieron lo hicieron por la bonanza ficticia de un dólar atrasado, una sensación de riqueza que permitía el viaje al exterior y la compra de bienes suntuarios o de avanzada. El costo se cubría por el endeudamiento y por la liquidación de las empresas públicas.  

¿Cómo se puede explicar que a pesar que se registraron, en los últimos 6 años, niveles de crecimiento muy alto existan hoy cifras tan elevadas de pobreza?

Eso requiere un análisis más complejo que las cifras de crecimiento. Cuando se analizan procesos económicos, sociales y políticos, es importante analizar las tendencias y la evolución de la pobreza y el desempleo.

La pobreza no bajó tanto y está al mismo nivel de la del 90. Sin embargo, si vemos las estadísticas de toda la década pasada, encontraremos que la pobreza se presentaba como una curva ascendente, con datos que iban creciendo. Si, por otro lado, analizamos la pobreza en el período que va del 2002 al 2009, veremos una curva descendente que llega al 2007, punto a partir del cual se produce un estancamiento y una subida. La pobreza bajó en ese período, pero menos de lo que hizo el desempleo. Existen entonces, todavía, muchos trabajadores pobres. Debemos remitirnos entonces, para entender la estructura productiva, a los efectos de la convertibilidad.

Debe quedar claro un aspecto: la elevada desfragmentación del mercado laboral, que dejó trabajadores en blanco, en negro, precarizados, subocupados y desocupados. Esa estructura es producto de la década del 90 y llegó junto con la flexibilización. La reconstrucción de esa estructura social no se hace de la noche a la mañana. Se requiere voluntad política, y también políticas al respecto.  

¿El gobierno de Cristina Kirchner las está impulsando correctamente?

Hubo políticas de ese tipo, que podrían haber sido más intensas. Hubo una tendencia a la recuperación del empleo, de las instituciones laborales y de las condiciones de trabajo. Esto fue un proceso lento, pero fue una recuperación en fin.

Yo no creo que la pobreza no baja más rápidamente por la poca decisión del poder político, sino que es también fruto de más de treinta años de desestructuración productiva, concentración y “extranjerización “que se agudizaron en la década del 90.  

¿Crees entonces que lo que en definitiva está detrás de la disputa entre el gobierno y algunos sectores de la economía es la llamada puja distributiva?

En el 2007 se agudiza la puja distributiva. Las empresas empiezan a aumentar de forma más acelerada los precios. La recuperación salarial, después de la brutal licuación de los ingresos en el 2002 provocada por la mega-devaluación escandalosa y la transferencia de ingresos fenomenal a los sectores más concentrados durante la gestión de Eduardo Duhalde y su pesificación asimétrica, hicieron que las tasas de ganancia de esos sectores fueran elevadísimas.

Los salarios se recuperaron, y en el 2007 las empresas querían mantener y defender sus tasas de ganancia extraordinarias que habían sido producto de la devaluación. Los trabajadores, al querer seguir recuperando su nivel de ingreso, empezaron a cuestionar esa tasa, dejando a los sectores en la posición dominante a intentar mantener sus niveles.

El gobierno busca entonces continuar con los aumentos salariales.

Hoy, los sectores industriales liderados por Duhalde, Cobos, Terragno y Lavagna buscan contener los salarios. Les preocupa aparentemente la subida de la demanda, pero no se entiende de qué demanda peligrosamente alta hablan en un país de pobreza escandalosa y salarios que no alcanzan.

Para entender las ganancias que quieren mantener, basta mirar los balances del mercado en la bolsa: los grandes grupos económicos exhiben tasas de rentabilidad del 16% al 26% sobre el patrimonio. Son tasas extraordinarias de ganancias, superando a las tasas promedio de las multinacionales que no pasan del 8%. 

¿Cuál es tu opinión sobre las críticas que se le hacen al gobierno sobre su baja institucionalidad, su falta de diálogo?

Los discursos políticos que encierran grandes títulos como “institucionalización”, “seguridad jurídica”, “tolerancia” y “consenso” son simplemente la máscara que encubre una puja distributiva que busca volcar la balanza hacia el sector del capital más concentrado. 

Pero el gobierno parece frágil en ese terreno…

Por el lado del gobierno, la mayor debilidad se halla vinculada a cómo interviene en uno de los factores que más erosionan la base social y política: los precios. Para analizarlo, hay dos factores determinantes, siendo uno la torpe intervención del gobierno de Néstor Kirchner en el INDEC; el otro es la mediocre y fracasada política de intervención pública en la formación de precios, encabezada por el Secretario de Comercio Interior, (Guillermo) Moreno. Esas son las mayores debilidades de la política económica.  

¿No crees que estás políticas fallidas han erosionado el poder político del gobierno? 

Perdió  legitimidad la palabra “oficial” por la polémica sobre el INDEC si bien creo que debía haber cambios en la entidad que no era inmaculada, como la intentó presentar lo que yo denomino “la cadena nacional de medios privados”. El INDEC era una institución de varios “kioscos” compuesta por consultoras, investigadores y áreas propias de la institución. Pensar que el INDEC era un violín de perfecto funcionamiento es parte de las mentiras que se han instalado en el país. Los que hablan del INDEC dicen que el Estado es burocrático, ineficiente y no responde a estándares de calidad. Es un absurdo pensar que el INDEC antes sí funcionaba bien. Era parte de un Estado que fue desestructurado durante décadas. El gobierno tuvo costo político por la deslegitimación.  

Muchas veces se dice que el gobierno hace un uso discrecional de lo que llaman “La caja”, lo cual le da mayores posibilidades a nivel político...

El concepto de “La caja” es rústico y vulgar, expresado por los sectores más consagrados y reaccionarios del pensamiento económico en Argentina, amplificado por  la cadena nacional de medios privados y los analistas. Es de una estupidez mayúscula y fue apropiado por el sentido común. El Estado tiene recursos y los aplica para diferentes partidas, como hace todo Estado en todo el mundo. La cuestión es cómo se recaudan los fondos y cómo se asignan los recursos.  

Se cree, por ejemplo, que la privatización de las AFJP surge de una necesidad de fondos para que el gobierno se sostenga políticamente….

Pensar que una persona agarra y reorienta los fondos de una “caja” no tiene sustancia conceptual. La cuestión de las AFJP es otra cuestión, siendo una de las medidas fundamentales y más estructurales de la gestión de Cristina Kirchner. Durante catorce años ninguno de estos abanderados del republicanismo hablaba de la extraordinaria caja especulativa que hacían los bancos robando la plata de los aportes  previsionales. Es lo más escandaloso, financieramente hablando, que se hizo durante catorce años en Argentina. Los que argumentan en contra de esto, defienden simplemente la estafa de los banqueros y las AFJP. 
 
 

¿Y en relación al federalismo fiscal? ¿Pensás que es imprescindible una reforma?

Sobre este tema se desvía la atención hablando sobre los recursos que manda o no la Nación a las provincias. Se empiezan entonces a armar vínculos políticos de subordinación de unos a otros. Esta es una debilidad manifiesta e histórica de la distribución de los recursos federales en Argentina.

Todas las provincias tienen debilidades estructurales en cobrar sus impuestos. En Córdoba se intentó subir un poco el impuesto inmobiliario rural, y no se pudo hacer por la presión de los intereses agropecuarios con Schiaretti jugando a favor de ellos. En la Provincia de Buenos Aires se votó un aumento al mismo impuesto y, luego de ser aprobado, se tuvo que hacer un nuevo proyecto que lo bajó. Los sectores más conservadores hablan de pobreza y distribución del ingreso pero no quieren pagar impuestos. Los poderes políticos, subordinados al poder económico, no les cobran impuestos.  

¿Cuál es tu proyección sobre la situación económica para el 2010?

No hago pronósticos. No lo estudié en la facultad porque no se enseña. Es parte de la “chantada” de los analistas en Argentina. Nadie consultaría a un médico que ya mató a un paciente, y sin embargo todavía se escuchan a los mismos economistas que antes. Hay una profunda tergiversación de la economía que lleva a la subordinación y dominación del pensamiento social. El discurso económico es uno de los factores más grandes de disciplinamiento enarbolado por supuestos técnicos que tienen en realidad una postura ideológica conservadora que ellos enmascaran.