Categoría: Internacionales

Fuente: Revista Convergencia N° 35

 

Ver imagen en tamaño completoComo el escorpión de la fábula, la política militar estadounidense hacia América Latina no puede con su naturaleza. Naturaleza que viene de lejos, 1823, con la Doctrina Monroe de “América para los americanos” y se materializa en la conquista de casi la mitad del territorio de Méjico, la anexión de Puerto Rico y el nunca renunciado intento de hacer lo mismo con Cuba a fines del siglo XIX..

En 1903 estimula la segregación de Panamá que era parte de Colombia y logra un  tratado que le permite construir el Canal con una zona adyacente que podía manejar a su antojo a la que llenó de bases militares y donde en 1948 creó la Escuela de las Américas por cuyas aulas pasaron casi todos los dictadores de América Latina.

La historia continuó con numerosas intervenciones militares directas y apoyo a golpes militares que instalaron gobiernos subordinados a su política. Esto fue acompañado por la instalación de más bases militares en territorio de países de América Latina que sirven para asegurar y expandir los intereses económicos, políticos y militares  de Estados Unidos, enfocados especialmente en garantizar su acceso a las fuentes de materias primas, energía y últimamente a las reservas de agua y la biodiversidad.El desarrollo de esa presencia militar de Estados Unidos en América Latina fue modificándose de acuerdo a los requerimientos estratégicos de la época, el desarrollo tecnológico de los armamentos y los intereses económicos en juego. Durante la  primera guerra mundial se produce un nuevo impulso, especialmente con la creación de bases y estaciones navales en las islas del caribe que sirvieron para la protección de las rutas marítimas a Europa por el Atlántico norte. Esa misma misión le fue encomendada a la IV flota activada durante la segunda guerra mundial pero con la extensión de su área operativa al sur de nuestro continente. Poco después de la derrota del nazismo esta flota es disuelta y significativamente recreada hace poco tiempo por Bush (h) y forma parte de la estrategia actual que lleva adelante el Comando Sur de Estados Unidos (SouthCom).El cierre de las bases militares en Panamá en 1999, como consecuencia delTratado Torrijos-Carter, provocó su traslado a Puerto Rico y posteriormente entre 2002 y 2004 el cierre de diversas instalaciones en esta isla y la mudanza de cuarteles y tropas a Texas y Florida; la sede del Comando Sur sea afincó en Miami.

Para reemplazar estos cierres, y siguiendo la nueva estrategia diseñada por el ex Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, publicada en un artículo aparecido en la prestigiosa revista Foreign Affairs en  2002 titulado Transforming the Military, Estados Unidos cambió el criterio sobre las bases, que exigían grandes instalaciones y soldados, con frecuencia acompañados por sus familiares, optando por las Posiciones Avanzadas de Operaciones (FOL, por sus siglas en inglés) que pueden funcionar, gracias a la alta tecnología, con reducidas dotaciones de hombres constituidas por tropas regulares y contratistas privados, estos últimos mayormente militares retirados a los que se les encomienda las funciones de operaciones de equipos y mantenimiento.

Estos puntos de operación militar FOL fueron diseñados como centros de "Movilidad estratégica" y "Usos de fuerza decisiva," en guerras relámpago con tropas aerotransportadas de despliegue rápido.

En América Latina, donde le fue posible, Estados Unidos abrió las siguientes instalaciones:

En Ecuador, la Base Militar de Manta, principal centro de espionaje electrónico con tecnología satelital del Pentágono en América del Sur, de allí parten cada día a su rutina aviones espías Orión C-130 de la armada de los Estados Unidos. La Base Aeronaval de Manta ubicada en las orillas del océano Pacífico, ha sido utilizada por Washington como plataforma logística de inteligencia militar para desplegar las operaciones que se coordinan desde el Comando Sur del Pentágono.

En El Salvador la Base Militar Conalapa, es una pequeña base que se utiliza para el monitoreo satelital y para apoyar a las bases grandes como la de Manta en Ecuador, con personal que tiene acceso a puertos, espacio aéreo e instalaciones de Gobierno salvadoreño.

En Costa Rica la Base Militar Liberia se encuentra en la parte continental de América Central y funciona como centro operativo durante negociaciones preliminares y confidenciales.

Como parte del Plan Colombia -firmado por ese país y Estados Unidos en 1999- funcionan tres bases militares: a) Base Militar de Arauca: Oficialmente es una instalación diseñada para combatir el narcotráfico en Colombia pero también es un punto estratégico para el monitoreo de esta zona petrolera tanto en Colombia como en Venezuela. b) Base Militar en Larandia: Sirve como base de helicópteros de Estados Unidos, está preparada con pista de aterrizaje para bombarderos B-52 con una capacidad operativa que sobrepasa con creces el territorio colombiano, permitiendo una cobertura para ataques en casi todo el continente. c) Base Militar 3 Esquinas: Diseñada para operaciones terrestres, fluviales y con helicópteros, es un punto estratégico en ataques a la guerrilla de las FARC y el ELN y además receptor permanente de armamentos y logística.

Por convenio firmado con Holanda, Estados Unidos tiene dos bases ubicadas en Aruba,  Reina Beatriz, y en Curazao, Hatos. Son bases pequeñas y sirven para monitoreo satelital y como apoyo para el control de vigilancia en el Mar Caribe. Su cercanía a las costas venezolanas ya ha generado varias polémicas entre autoridades de Venezuela y Holanda, por su presunta participación en el golpe de 2002.

A todo lo anterior hay que sumarle las bases preexistentes en Guantánamo, Cuba, Fort Buchanan, Puerto Rico y de Soto Cano (Palmerola), en Honduras, en funciones desde 1984, que ha servido de entrenamiento y apoyo a la “contra” nicaragüense y actualmente sirve de apoyo para entrenamiento y misiones en helicópteros. Desde esta base salió expulsado hacia Costa Rica el presidente hondureño depuesto Mel Zelaya, habiendo firmes sospechas de participación de personal estadounidense en connivencia con los golpistas.

También está la estación de rastreo de misiles Cat Hill en la isla británica Ascensión en el Atlántico, operada por Estados Unidos y que sirvió de apoyo a las tropas inglesas durante la guerra de las Malvinas, contraviniendo los compromisos de Estados Unidos con el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR)

El Comando Sur opera también unos 20 sitios de radar, mayormente en Perú y Colombia, cada uno atendido  por alrededor de 35 personas, en su mayoría contratistas.

Las pretensiones se extendieron en su momento a la base de Alcántara en Brasil, ubicada en un lugar estratégico el su territorio. En 2003 durante el gobierno del presidente Lula da Silva, se paraliza el tratamiento parlamentario del convenio que se había comenzado a tratar durante la presidencia de Fernando Henrique Cardoso. También por la resistencia de Argentina y Brasil se frustra un intento de negociar instalaciones en la provincia de Misiones con el pretexto de vigilar la Triple Frontera. En Tierra del Fuego el gobernador Carlos Manfredotti sancionó en el año 2001 el decreto 1.369 que habilitaba la instalación de una base del Sistema Internacional de Vigilancia para la Prevención y Prohibición de Ensayos y Explosiones Nucleares, y posibilitaba a los integrantes de la base el libre tránsito por toda la provincia si así lo requieren para sus estudios. En Costa Rica se frustra, por la gran oposición popular, la instalación de la presencia estadounidense mediante la eufemística denominación de Academia Internacional para el Cumplimiento de la Ley.La decisión del presidente Correa de Ecuador de no renovar el convenio -vence a fin de año- con Estados Unidos sobre la utilización de la Base de Manta, el cambio del rol militar de Puerto Rico que pasa a formar parte en 2002 del Comando Norte, unido al avance de procesos político encaminados a salvaguardar la soberanía nacional en gran parte de los países de Sur y Centro América, algunos de ellos más radicalizados como los de Ecuador, Venezuela, Bolivia. Nicaragua y El Salvador, han provocado que Estados Unidos procure mantener su presencia militar en la región recurriendo a su mejor aliado con el que ya venía operando el Plan Colombia. En el convenio que está a punto de firmarse, se autorizan el acceso a las zonas portuarias de Malambo y Cartagena en el Mar Caribe y de Málaga en el Océano Pacífico, junto a los accesos a la base de la Fuerza Aérea de Palanquero y las instalaciones militares de Larandia, Tolemaida y Apiay. Esto le proporciona a Estados Unidos una nueva “arquitectura militar” desde donde afianzar su poder en la región.

 Aunque los términos definitivos del tratado no son conocidos -faltarían cerrar algunos puntos, como la posibilidad de extender en el futuro el número de bases como pretende Estados Unidos- lo que ya se conoce por trascendidos, documentos públicos del Comando de Movilidad Aérea del Comando Sur, que le asigna a las bases funciones operativas a nivel regional, y las propias declaraciones de altos funcionario de ambos países, han provocado gran inquietud y desconfianza sobre las razones esgrimidas por Estados Unidos y Colombia justificando las instalaciones en el combate al narcotráfico y el terrorismo.

Inquietud plenamente comprensible en los países limítrofes Ecuador y Venezuela que han sufrido en los últimos tiempos la intervención en sus territorios por parte del ejército y servicios de seguridad colombiano. Esta inquietud se ha extendido a Brasil, país que tiene una extensa frontera con Colombia, precisamente en la región amazónica, objetivo en los planes estratégicos de Estados Unidos para la regíón por la biodiversidad y riquezas naturales a las que pretende asegurarse el acceso.

También los otros países de Sudamérica comparten su rechazo a las bases de países extra regíón, lo que se reflejó en su momento con la creación del Consejo de Defensa de la UNASUR, a instancias de Lula da Silva, destinado a formular la doctrina de seguridad propia sin intervención de otros países.

Precisamente en la reciente conferencia de la UNASUR en Bariloche, a ese Consejo de Defensa le fue encomendada la tarea analizar -una vez que Colombia haga llegar el texto del convenio- todo lo concerniente al carácter de las bases para poder establecer un criterio zonal ante éste y otros casos similares. No es el objeto analizar en detalle este encuentro, simplemente señalemos que por primera vez los países sudamericanos, sin la presencia de Estados Unidos, discuten los problemas de la instalación de bases militares extranjeras en sus territorios y la desestabilización que pueden producir en sus vecinos, cosa que antes de la aparición en la región de gobiernos celosos de su soberanía nacional, era impensada.

Es una buena señal. Un alerta temprana, antes de ser sorprendidos con el grito: ¡Ríndete! ¡Estás rodeado! BibliografíaLas bases militares de Estados Unidos, Colombia y Puerto Rico” – Alejandro Torres Rivera, abogado, dirigente del Movimiento Independentista Nacional. http//claridadpuertorico.comLa presencia militar de Estados Unidos en América Latina” – María Luisa Mendonca, periodista brasileña.   www.revistapueblo.org 

Estados Unidos militariza América Latina para imponer su dominación de Imperio colonial” Marcelo García, periodista, Comodoro Rivadavia. www.visionesalternativas.com

Bases militares estadounidenses en América Latina”  - John Lindsay-Polland, coordinador del Grupo de Trabajo del Fellowship of Reconciliation, San Francisco, California. www.ircamericas.org Una nueva base militar en Colombia ampliará el alcance del Pentágono a través de América Latina".  Idem anterior.