Categoría: Cultura

Fuente: Revista CONVERGENCIA N° 43       (9-09-11)

 Myriam Escliar es una valorada escritora argentina que ha consagrado mayormente sus esfuerzos literarios en describir personalidades pasadas, hoy un tanto olvidadas, pero que han tenido un rol relevante en su tiempo tanto en la vida nacional como en el círculo de actividad que supieron ser protagonistas, y que ella, con singular maestría ha tratado de rescatar para la memoria colectiva, incursionando en este difícil género literario que son las biografías noveladas.

Resulta notorio que el mérito de sus escritos se debe esencialmente a que sus personajes, son productos de una esmerada investigación previa, así como el ambiente social, político, profesional, artístico, familiar en donde se desenvuelven, un atributo esencial que otorga consistencia a la obra escrita, logrando que rápidamente el lector asuma su lectura con sumo interés.

Con un estilo ameno y sencillo ha escrito recientemente el logrado libro “Bernardo 1900-1933” donde describe la vida de su padre que apenas conoció.

Hijo de inmigrantes judíos que llegaron al país a fines del siglo XIX, Bernardo Escliar fue un dramaturgo y crítico teatral del diario La Nación, amigo y colega de Alberto Gerchunoff, un escritor de diversos géneros que se aproximó al círculo intelectual de Boedo, entablando amistad con algunos de sus referentes como Cesar Tiempo y Samuel Eichelbaum.

Con otro carácter y sentimiento ha escrito Mujeres Extraordinarias, biografías noveladas de cuatro pioneras del movimiento feminista que la “historia oficial” no registra.  Mujeres extraordinarias como Cecilia Grierson, Julieta Lanteri, Fenia Chertkoff y Carolina Muzzillli que en compañía de muchas otras lucharon a fines del siglo XIX y en los primeros años del siglo XX en defensa de derechos esenciales de la mujer y el niño, el voto universal, el derecho de elegir y ser elegidas, contra el trabajo infantil, la ley del divorcio, la patria potestad compartida y la enseñanza sexual en las escuelas, todo ello en un ambiente nacional hostil y discriminatorio.

 Incursionando en el ambiente del espectáculo, también se destaca la descripción minuciosa que Myriam Escliar hace de Paloma Efrom en su libro Blackie, con todo respeto, una obra que permite rescatar del olvido a una referente ligada con gran parte de la historia de la televisión argentina, una productora intuitiva y una de las mejores entrevistadores que ha conocido el medio.

Con respecto a Dickmann y otras historias de vida, un libro que acaba de publicar, Myriam Escliar ya no encuentra un único protagonista que le indique como continuar la trama, sino que aparecen muchos otros deseando imponerse, convirtiendo a la novela, súbitamente, en un libro de cuentos, como ella misma afirma.

Y en este caso, continúa diciendo, “al escritor no le queda otro remedio más que obedecer,  convirtiéndose en el emisario de esas voces: la indiecita miserable y postergada; mujeres frustradas; pequeños delincuentes; el señorito madrileño del siglo XVIII; tenorios pueblerinos, y sobre todo ellos, los gritos de los desaparecidos y las lágrimas de sus desdichadas madres, víctimas de la feroz dictadura que nos tocó vivir.” En este último caso impactan los dolorosos relatos que Myriam Escliar logra, al escribir en breves capítulos sobre Los Tarnopolsky, Roberto Goldstein, John Smith y Alejandra.

Y al final de este muestrario de personajes tan diversos con relatos tan distintos, cree necesario incorporar el relato de la singular vida que protagonizó ese gran político argentino que fue Enrique Dickmann.

Con la ayuda del libro “Recuerdos de un militante socialista” que Dickmann escribiera y que la editorial La Vanguardia publicara en 1949, Myriam Escliar hilvana con habilidad los avatares de un joven que a pesar de haber nacido en un paupérrimo hogar, en una aldea letona de tan sólo 200 habitantes, carente de todo tipo de conocimiento que no fuera el de la religión judía impartida desde la Torah, el Talmud o la Guemará, logra, sin embargo, llegar a tener un papel tan importante en la política argentina.

Será esta lúgubre aldea, donde no puede obtener la instrucción deseada y una de las tantas que son objeto de los sangrientos pogroms que sufre la comunidad judía residente en Rusia luego del asesinato del zar Alejandro II en 1881, agregada a la expulsión de su hogar por parte de su padre cuando es arrestado por la policía zarista por estar involucrado con un incipiente movimiento sionista, los motivos determinantes que lo impulsarán a abandonar Rusia.

Dickmann, un muchachito que apenas contaba con 14 años de edad, lleva a cabo en aquel entonces un fallido viaje a Palestina, para luego emprender junto con miles de judíos y con el patrocinio de la Jewish Colonization Association (JCA) la inmigración a la Argentina.

Ya en la Argentina emprende todo tipo de trabajos de campo, primero en Miramar y luego en distintas colonias de Entre Ríos, con cuyos ingresos puede ayudar a venir al país a toda su familia, entre ellos a su hermano Adolfo Dickmann que también tendrá posteriormente un rol importante en el socialismo argentino.

Pero no era su ambición convertirse en chacarero sino cumplir un viejo sueño que era adquirir una adecuada cultura universal. Emprende por lo tanto un viaje a Buenos Aires, dejando la actividad granjera en manos de su hermano mayor y sus padres, y en 3 años completa la instrucción primaria. Con su audacia y soltura acostumbrada pide ingresar al mítico Colegio Nacional Buenos Aires, y luego de ser consentido su pedido concurre a clase con la clásica ropa campesina ante la mirada azorada del alumnado. Un gauchito que finaliza sus estudios secundarios en tres años en lugar de los cinco requeridos. Inmediatamente después ingresa a la Facultad de Medicina, donde decide seguir el estudio con regularidad, pero que en su transcurso le significarán muchos sacrificios y privaciones. Una carrera que completa con el más alto promedio posible. Es en ese ámbito académico donde conoce y logra el apoyo de Juan B. Justo y posteriormente el de Nicolás Repetto, que impulsan su incorporación al Partido Socialista Obrero que en junio de 1896 se convertirá en el Partido Socialista.

Es indudable que pudo haberse destacado en el ejercicio de su profesión, pero su verdadera vocación era la política y es a ella a la que dedicó todos sus esfuerzos. En 1914 es elegido diputado nacional por primera vez representando al socialismo argentino. Era el primer diputado de origen judío que ingresaba al Parlamento argentino, siendo elegido por última vez en 1942.

Myriam Escliar describe con mucho detalle la actuación política que le cupo a Enrique Dickmann en todos los importantes acontecimientos políticos que iban sucediendo en el país, tanto en la actividad parlamentaria como en la labor partidaria, destacando su habilidad como orador fundamentado, pronto a la réplica oportuna en las arduas discusiones producidas. Le queda al lector completar la provechosa lectura que tiene esta parte final del libro en la que Myriam Escliar consigue con su ágil relato mantener el interés acerca de esta singular personalidad hasta la última frase.

Ficha Técnica

Dickman y otras historias de vida

Myriam Escliar

Acervo Cultural Editores, 1ª. Ed. 2011