Categoría: Cultura

Fuente: Revista CONVERGENCIA N° 43    (9-09-11)

 Es probable que el contenido de este artículo no agregue mucho sobre lo que se ha dicho últimamente sobre el tema, independientemente de que puede ser la ocasión para acercarnos al pensamiento de Spinoza.

La idea nos surgió de la lectura del trabajo El síndrome de Platón ¿Hobbes o Spinoza? de Luis Salazar Carrión*, profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana de Méjico.

Lo que resulta diríamos sorprendente es la actualidad que tiene el pensamiento de Spinoza a pesar de los siglos transcurridos.

Baruch de Spinoza (Benedictus de Spinoza: Bento de Espinosa), (1632-1677) era de origen sefardí portugués, (aunque hay quienes reivindican que sus padres eran originarios de Espinosa de los Monteros, Burgos), nació, se educó y desarrolló su pensamiento en los Países Bajos. En cuanto su judeidad (¿quien no querría tenerlo en la galería de sus ancestros?), fue educado en la ortodoxia judía, su afinidad con el racionalismo lo impulsó, a la muerte de su padre a tomar vuelo intelectual propio. Su heterodoxia lo llevó a pensar que la naturaleza era equivalente a Dios; para los rigoristas de Ámsterdam era demasiado: lo excomulgaron de la comunidad (le impusieron el herem) y lo expulsaron de la ciudad. Sin heredades, no quiso aceptar cargos públicos (le ofrecieron la cátedra de filosofía de la Universidad de Heidelberg); para ganarse la vida, eligió pulir lentes. Contó entre sus clientes, a su amigo el físico matemático astrónomo Huygens ( Teoría ondulatoria de la luz).

Una de las preocupaciones intelectuales de Spinoza era las posibilidades de gobernabilidad de las distintas formas políticas. La Reforma había dejado relativamente atrás la idea de que el poder del soberano provenía de Dios. Estamos a un siglo de la Enciclopedia y a uno y medio de la Revolución Francesa. La democracia esclavista ateniense había dejado, por su parte, sus huellas. Era pues natural que Spinoza tomará inicialmente como válidas las formas de gobierno que Platón establece en Leyes: monarquía, aristocracia, democracia. En ausencia de leyes, para Platón, la monarquía (el mejor de los gobiernos) devenía tiranía (el peor de todos), y la aristocracia en oligarquía. El monarca, frecuentemente se rodeaba de jefes, consejeros y amigos a los que confiaba la salvación propia y de la comunidad; transformaba así el gobierno en una aristocracia. Paradójicamente, la democracia, gobierno de muchos o de la mayoría, sería una forma de gobierno menos perfecta aún si estuviera sujeta a leyes. (Tratado teológico-político).

Pero la democracia es perfectible. ¿Cómo transformarla en “absoluta”? (Spinoza la llama “Estado Absoluto”). ¿Cómo garantizar la estabilidad y el bien común? ¿Cómo asegurar la representatividad?

Ahí estaba el inglés Thomas Hobbes, su contemporáneo (el Leviatán es de 1651). Para Hobbes todos los hombres son libres, pero no eran seres “sociales” y ante el perpetuo peligro de guerra de todos contra todos, debían aceptar un pacto de sumisión al dominio de un soberano como garante de la paz.

Spinoza desarrolla en cambio un concepto nuevo, revolucionario: el de multitud, que no tenía un significado equivalente a “masa” (un conjunto indiferenciado de individuos), ni tampoco al de “pueblo” (con un significado político.) El concepto de multitud era (es) el de un conjunto de singularidades, que en su individualidad mantienen la solidaridad, la fidelidad a lo común y la potencia de “poder” (de poder hacer) con el desarrollo de sus capacidades humanas. Un concepto que rechaza la idea hobbesiana de insociabilidad natural del hombre que lo obligaba a ceder sus derechos al soberano.

Hablar hoy de multitud implica y supone la comprensión de que la “economía” pura, incontaminada, se ha vuelto impensable. La multitud actual reúne diferentes sujetos, desocupados, de trabajo precario, campesinos, obreros, profesionales, estudiantes y una cantidad de agentes sociales que son parte de la producción de valor en el capitalismo actual. No vale solo determinar la estructura de empleo sino también la de su relación con las tecnologías, con las redes de cuidados, los saberes, los servicios, etc.

¿Cuál es el camino para llegar a la democracia “absoluta”?. No es exclusivamente a través de la educación desde arriba, (la idea de Hobbes) sino a través de la organización institucional dinámica del poder político expresada en la experiencia de una amplia participación encaminada a promover el bienestar colectivo e individual. En ese contexto, la potencia de los poderes públicos “quedaría determinada por la potencia no de cada uno, sino de la multitud que se comportaría guiada como por una sola mente” (Tratado Político). El triunfo de la multitud como sujeto político depende de un desarrollo institucional a través de experiencias en un proceso discontinuo (invenciones, éxitos, derrotas): Seattle, Chiapas, Argentina 2001, Tunes. Egipto, Plaza del Sol, Israel, Siria, Chile, Libia.

Como decíamos más arriba, resulta interesante que el concepto de multitud que sintéticamente hemos expuesto ha sido, en la actualidad retomado por pensadores contemporáneos como Althusser, Deleuze y más actualmente Paolo Virno y Antonio Negri, en cuanto a las posibilidades de nuevas formas de gobernabilidad a partir de procesos organizativos de base, a través de la experiencia consensual de la multitud.

En el contexto de la situación política actual después de las últimas elecciones, es posible señalar lo que el mismo Spinoza destaca: la factibilidad de que gobiernos que defienden las libertades ciudadanas –podría ser el caso del nacional (Cristina), o los provinciales (Scioli, Córdoba, Santa Fe) o municipales (Macri)- aún si limitados en su inacabada obra política, puedan ser rescatados popularmente en aras de asegurar la estabilidad y la gobernabilidad y la preocupación por cambios a situaciones desfavorables. Algo de lo que pudo haber ocurrido en las últimas elecciones preliminares.

En la misma línea, cabe preguntarse si las políticas de subsidio a las organizaciones que actualmente funcionan como cooperativas no deberían encaminarse hacia instituciones en el espíritu de la política participativa cercana al pensamiento spinoziano. Hay situaciones preocupantes: ¿No podría haber sido el caso de la Fundación de las Madres que, sin ignorar algunos aspectos positivos (comedores, guarderías, talleres) e independientemente de las adjudicaciones directas y el “favoritismo” oficial, funcionaba con una estructura vertical autoritaria? Hubiera sido interesante la construcción de una institución popular autónoma, controlada por sus efectivos participantes. Una posibilidad que los aliados progresistas del gobierno deberían plantear, si lo que pretenden es profundizar el “modelo”.

*L.Salazar Carrión fue profesor del Departamento de Sociología de la UAM Azapolzalco, Méjico, presidente del Instituto de Estudios para la Transición Democrática y miembro del Centro de Estudios para la Reforma del Estado, entre otros cargos. Autor además de numerosas publicaciones y libros de filosofía política.