Categoría: Nacionales

Fuente: La Tecl@ Eñe    (1-11-2020)

Si decimos que a las imágenes de Guernica, tomadas en planos generales, les faltaba la caballería del general Roca fotografiándose para algún antiguo billete de banco, pareceríamos poseídos por el don de la exageración. Apenas hubo una fotito del fiscal Condomí Alcorta, destinada a la crítica necesaria de quienes no vieron allí una mera comprobación judicial de su presencia reglamentaria en el procedimiento, sino una jactancia de los oficiales de justicia cuando su módica campaña del desierto dejaba a sus espaldas, solo agujereadas palanganas de plástico

Desdichadamente, el nombre del barrio parecía ofrecer un enlace preocupante con esas imágenes de las tropas avanzando con tácticas que parecían ya muy ensayadas. En primer lugar, no cabe duda que el Gobierno sabe que ocurrió un hecho grave que no puede explicarse solamente porque el juez y el fiscal no tenían otra alternativa y lamentablemente frustraron las negociaciones cuidadosas que se habían hecho los días anteriores. Todo eso es cierto y será innoble desconocerlo, el gobierno estaba preparado, con la sensibilidad suficiente, para alojar a las familias que se habían instalado en esa ambigua porción de tierra, húmeda y de pastizales indóciles.

Llamaba la atención el puentecito precario sobre el arroyo. Las tablas de madera, desperdicios de cajones de manzana reventados, permitía la mirada ávida del espectador propenso a pronosticar tragedias. ¿Quién cruzara ese puente, podría llegar a la mitad sin caer sobre ese arroyo que arrastra lentas latas oxidadas? Lo peor sin embargo es que esas largas imágenes con las que se deleitaba la televisión, no son de las que puedan ser fácilmente olvidadas. Para el gobierno son un índice lamentable -todos debemos lamentarlo-,son un rastro de gases espurios que cruzan la memoria con un bofetón. Una fuerza armada que ocupa la zona de yuyos secos en los que se detienen bolsas de plástico destrozadas, flameando alocadamente ante la ventolina, generan el espectáculo vil. Se contrapone y casi que se aniquila el esfuerzo que se puso, indudable, para tratar la cuestión de las tierras y la dramática escasez habitacional de un modo sensible.

Que fue así no lo dudamos, no producimos un dictamen adusto sobre el Gobierno. No teníamos guardado en nuestra faltriquera la idea de que había jueces a priori rencorosos, descuidados o sumisos a las interpretaciones literales de un dispositivo judicial de por sí intrincado. Porque ser literal en ese caso equivale a desatar los peores actos del rencor represivo. Al contrario, escribimos estas líneas envueltos en una súbita desazón. Con esos centenares de policías entrando al barrizal, se abrían las compuertas de nuestra consternación. ¿Cómo no se percibió que un batallón de soldados marchando arropados por las clarinadas en defensa de la propiedad privada -toda la banda sonora de esa tarde de C5N-, revivían escenas que podrán estar relegadas en el tiempo, pero se reponen en el presente impulsadas por el descuido o la impotencia de los gobernantes mejor intencionados?

El general Mitre había dicho que el ejército que marchaba al Paraguay llevaba escrita la palabra Libre Cambio en sus banderas. Los Patrulleros del coronel Berni llevaban ululando las banderas de Propiedad Privada en sus sirenas. Se dirá que somos duros con un gobierno popular acosado precisamente por todos los factores alusivos a lo que sería aquella oligarquía fundadora del oligopolio de tierras en los años 80 del siglo XIX. Al contrario, si algo se impone en estas tristes circunstancias es decir todo lo necesario que sepa exceder la autocomplacencia con la coronel, pues es posible conjeturar que si no fuera así, la situación gubernamental puede deteriorarse aún más.

¿Acaso podríamos escuchar con serena aprobación los dictámenes respecto a que allí se asentaba un núcleo de ultraizquierda que perjudicó el correcto intento de los funcionarios negociadores? Este argumento es muy antiguo, casi milenario. Siempre habrá una franja de existencia política -y de la existencia en general-, donde un grupo que no acepta las condiciones normales de negociación, atrae hacia si la fuerza del Estado, para mostrar que no es sino una maquinaria represiva inicua. Esto en general no es aceptado por los políticos no descentrados, pero se introduce un singular problema cuando lo primero que sale de sus bocas es “le están haciendo el juego a”. Pues no. No cabe este argumento contra los “provocateurs” en una tan delicada cuestión como ésta. Si un gobierno al que no le faltan sensibilidades sostiene la escena del batallón del Séptimo de Caballería con el cornetín tocando las notas sonoras de la “Oda a Berni”, y luego alude a los grupos actuantes de la alegada provocación, sentimos que algo desfallece en cuanto a la cuestión argumental. ¿No había recursos más originales para interpretar lo ocurrido? La interpretación no debe tomar lo subsidiario, sino lo que destiló el reino de las imágenes producidas. ¿No se trata entonces de detener la acción de un personaje que carga en sus voces de mando el viejo pliego del pregonero de las clases poseedoras, que buscan su general mesiánico en defensa de la sagrada propiedad?

Supongamos que Berni tenga razón, que “la izquierda tenía máscaras antigases y lanzaba asimismo gases lacrimógenos y no había ningún ocupante en el terreno, ya desalojados”, ¿no se debería percibir que este tipo de exorcizo parte previamente de postular este cuadro para generar una escenografía heroica envuelta en el papel celofán de las logias de las derechas en vigilia? El paladín de la Batalla de Guernica no explica nada de lo que sería obvio esperar de una situación donde el Gobierno había reubicado a través de un acuerdo a la mayoría de las familias ocupantes del predio. Si tuviese algún gramo de verdad que en el terreno ya no había más que partisanos enmascarados con cascos para la guerra química, que tenían aprisionados a las restantes familias, es evidente con más razón que el tiempo de diálogo no se acababa a allí. Parece más fácil pensar lo contrario. Berni, en su permanente ataque a los “librepensadores, los teóricos, los derechohumanistas”, reproduce el percusivo estilo prejuicioso de las retóricas de las neoderechas que crecen en el mundo, basadas en la acusación insidiosa al plano cultural de los hombres y mujeres justos, de no querer reimplantar un tipo de autoridad rígida y ventrílocua de las patronales. Es una autoridad que desea infundir temor hacia los poseedores oficiales de armas Taser y que se fotografían gritando “subordinación y valor”, postulando sus candidaturas para la inmunización social del “desorden”

Hay un artículo 14 de la Constitución Nacional que dicta la inviolabilidad de la propiedad privada.  En la constitución del 49, el artículo 38 no niega esto, sino que se le sobrepone a la función social de la propiedad. En el 94 se mantuvo esto último. En el descampado ventoso de Guernica, donde por la madrugada las ramas secas atajaban cartones danzantes, lúgubres, el enfrentamiento fue también entre distintas Constituciones y sus interpretaciones. Húmedos y manchados de frituras, esos cartones eran testigos de un rito represivo que se estaba prefigurado, largamente preparado. Berni imaginó que era Napoleón en Austerlitz y que enfrente suyo tenía el ejército austríaco que hacía flamear banderas trotskistas y había importado gases lacrimógenos de algún supermercado iraní. Su acción con sus alas de ataque alguna vez será estudiada por los teóricos de la guerra del Colegio Militar. En los hechos reales, en la batalla que se despliega en el terreno inmaterial de la comunicación y de la iconografía nacional, destruyó el cauce negociador que aún tenía ámbitos para explorar (¿Pues qué es el Estado, sino la idea de descubrir e inventar siempre esferas nuevas de intercambio de bienes sociales y donación de servicios?) Ahora propone su versión del combate exitoso contra misteriosos insurgentes armados en la oscuridad de la noche, mientras un incierto grupo policial salido de una novela de Osvaldo Soriano, se cubría de gloria apartando la irracionalidad que ensombrecía a la Nación.

¡Bravo! Convirtiendo el drama habitacional en una batalla donde rugían los aviones con la cruz de Berni sobre las chozas indigentes, se creó la indelicada situación en la que muchos militantes ensayaron discursos que hace mucho no se escuchaban… porque había militantes de izquierda, se vio que respondían con piedras que la televisión enfocó minuciosamente… ¿pero un gobierno popular no tiene el recurso de pensar por encima de estos obvios sucesos, cuya estilística es bien conocida? ¿Por qué recurrir al ramillete de frases macartistas y macartosas que ensombrecen los síntomas de creatividad política que hay que activar nuevamente?  Sobre el fangoso terreno, otra vez era Mitre desalojando a Artigas, cualesquiera hayan sido las diferencias de espacios históricos o de rótulos partidarios. Y el Gobierno, que no había pensado en términos de producción de imágenes, sino de producción de acuerdos, en el último caso hizo correctamente su papel, pero dejó que emanaran fuerzas icónicas desatadas que arrojaban iconografías de riesgo, alquitranadas de espanto. Que derramaron sobre toda la sociedad el imperio del miedo, la represión y la violencia estatal. ¿El Estado la quiere? El Estado no lo sabe, pues es una realidad de una idea moral. Son las partes represivas y la ideología de los funcionarios de la seguridad fanatizados por las arengas que se hacen a sí mismos -y las graban-, las que hacen que el Estado incline su aparato, en principio “neutro”, hacia las penumbras de la represión.

Eran las 5.20 de la mañana, y entonces entraron topadoras punitivas y la guardia armada de los desalojadores. Florecían las imágenes en cadena nacional. Las topadoras decían Presidente Perón. El azaroso nombre del distrito. ¡Se puede notar aquí como los simbolismos que flotan en el aire, como el polvo que se levanta ante el vendaval, juegan perversamente con la memoria histórica! Supongo que esto fue percibido. Es advertencia, llamado de atención, cuidado con los brazos del Estado jurídico-policial, que se siente cómodo al servicio de un modo del poder que el Estado -en su otra parte, la social-, no comparte. Es la parte que desea proyectar su sensibilidad para evitar convertirse en la reproducción institucional del mundo de las finanzas, que no solo hacen circular valores bursátiles sino bolsas llenas de balines de goma… Muchos trabajaron para una relocalización de las familias y para sensibilizarse aún más sobre el gravísimo problema habitacional argentino. Otros trabajaron para el gran ballet de la represión tele transmitida en nombre de una revisión social a favor de la “propiedad privada”, un valor en sí junto a otros valores que la envuelven, la determinan, la interrogan, la sostienen, la colocan en lugares sociales, la revisten de responsabilidad, la hacen partícipe de experiencias coetáneas donde se constituye lo propio del propietario, junto al vivir común que es lo propio del propietario que se perfila desde las tenencias precisamente comunes y públic

Todo eso estaba en juego, y el ideólogo Beni lo resolvió de un plumazo escénico, gran vestuarista de las derechas tradicionales, cosmetólogo del policía herido ante el misterioso talibán del pantano. Una centella siniestra salía de las tanquetas que hollaban el basural de Guernica y se saludaban a la distancia con la ex ministra Bullrich, que gozaba a su vez saludándose, puño a puño, con la policía de la Provincia de Entre Ríos. Las imágenes pesan, son etéreas, pero no se borran, porque la memoria misma es etérea. Aún es tiempo de que surjan de la imaginación democrática las imágenes alternativas que impugnen las que vimos. Que nos revelen que las que vimos -acompañadas por los zócalos de absolutamente todos los canales-, nos hagan emocionar con llamados a la justicia, y no lagrimar por los gases lacrimógenos sobre el lodazal. El cuadro que pintó Blanes en Choele Choel, con el generalato argentino fundando el latifundismo nacional, que no se repita en Guernica, inaugurando la edad de oro de las nuevas inmobiliarias y clubes de golf del conurbano.

*Sociólogo, escritor y ensayista. Ex Director de la Biblioteca Nacional.