Categoría: Nacionales

Fuente: La Tecl@ Eñe   (5-07-2019)

La traición es inherente al género humano. El neoliberalismo lo ejerce impúdicamente, porque está en su esencia. Nadie podría ganar una elección desde ese posicionamiento diciendo lo que va a hacer. Imaginemos un candidato que diga que va a endeudar al país hasta ponerle una soga al cuello; que terminará con la industria; que vaciará los organismos que hacen ciencia; que asfixiará a las universidades; que rebajará las jubilaciones; que deteriorará significativamente el poder adquisitivo del salario; que suprimirá derechos; que cerrará escuelas; que privatizará empresas y tareas del Estado; que se subordinará al mercado; que enriquecerá a su familia y amigos; que propulsará la existencia de monopolios; que hará una política exterior en posición decúbito dorsal; que llamará conflictos de intereses a sus actos de corrupción. Por eso como bien tituló a uno de sus libros el periodista Gustavo Campana “No hay neoliberalismo sin traición”.

A su vez, el peronismo es el único partido que tiene un “Día de la Lealtad”, que recuerda un hecho bisagra en la historia argentina y en los días restantes puede practicar lo contrario. Un caso emblemático fue el del vicepresidente de Perón, el Almirante Alberto Teisaire, único caso de alguien elegido individualmente para ese cargo en 1954, por la muerte el 3 de abril de 1952 de Hortensio Quijano, quien no llegó a asumir como compañero de fórmula de Perón para su segundo mandato. Apenas producida la Revolución Fusiladora, el Almirante entró en pánico atribuyéndole todo tipo de delitos a Perón, se filmó una declaración suya, donde leía un documento acusador de siete páginas en alrededor de 12 minutos, dado a conocer el 4 de octubre de 1955, exhibido en los cines. Como conforme al dicho popular “Roma no paga a traidores”, eso no le evitó ser juzgado, privado del grado y el uso del uniforme y encarcelado en la isla Martín García hasta 1958. Su figura entró en un cono de sombra hasta su muerte el 11 de septiembre de 1963, a punto de cumplirse 8 años del golpe de estado ante el cual se arrodilló.

Carlos Menem produjo un giro copernicano contrariando todas sus promesas electorales.

En aquellos días cobró notoriedad un libro de dos autores franceses: Denis Jeambar e Yves Roucaute, titulado “Elogio de la traición: sobre el arte de gobernar por medio de la negación”.

El caso más reciente es el Miguel Ángel Pichetto, quien de un día para otro pasó de jefe de una bancada opositora complaciente a candidato a vicepresidente del oficialismo. Hasta ese momento y con una notable plasticidad apoyó dentro del peronismo políticas antagónicas. Al pegar el salto como un hábil deportista con garrocha, sostuvo que “siempre fue leal” y que la traición es “un concepto que no es aplicable a la política. Es un concepto muy precario, de gente carente de inteligencia. La traición es un punto de fractura con el pasado”. Sin embargo esa lealtad no careció de dobleces. Lo cuenta el mentor de Clarín Rural, el fanático propulsor de la soja, el ingeniero Héctor Huergo, quien en la edición del diario del 15 de junio bajo el título “Ahora hay equipo” relata en el contexto de la disputa por la Resolución 125: “Nunca se me había dado la oportunidad de contar lo que viví en aquellos días inolvidables donde el campo le puso un freno al deseo K (todavía no explicitado en aquellos días) de ir por todo. Ahora creo que es necesario sacarlo a luz. Miguel Pichetto voy a evocarte. Cuando se desencadenó el conflicto, un par de senadores oficialistas con los que yo tenía diálogo frecuente (Carlos Reutemann y Roberto Urquía) me invitaron a una reunión para cambiar ideas. Me dijeron que probablemente se sumara Pichetto, a quien yo no conocía. Empezamos la reunión y a los pocos minutos entró el titular del bloque. Se presentó, y enseguida me dijo -con mucha calma- que conocía mi punto de vista sobre el disparate de las retenciones móviles. “Coincido totalmente, es un disparate. Pero Néstor está loco con esto. Nadie lo puede convencer, y ahora estamos frente a un gravísimo problema institucional. Lo que está en juego es la gobernabilidad. Está reunido el bloque y tengo que bajar a sacar una declaración de respaldo. Entiéndame.” El garrochista hasta ahora no ha desmentido la anécdota.

En general los Pichettos no ocupan un lugar destacado en la historia. Entre Jesús y Judas se sabe, después de 2000 años qué lugar le correspondió a cada uno.

EL PROGRESISMO

El progresismo de cartón se caracteriza por ser hábiles críticos desde la tribuna. Cuando bajan a la cancha se muestran débiles, erráticos, contradictorios. Son los que te prestan un paraguas un día de sol y te piden su devolución un día de lluvia.

Graciela Fernández Meijide llegó a ser una carta ganadora electoral en la oposición a Carlos Menem. Una tragedia, la desaparición de su hijo, la precipitó hacia la política. Se postuló para presidente y en las internas fue ampliamente derrotada por Fernando de la Rúa, en lo que luego fue el impresentable gobierno de la Alianza de la que fue Ministra.

En La Nación del 23 de junio, el columnista “libertador” Jorge Fernando Díaz Iglesias escribió en relación a un encuentro en Balcarce 50 con Mauricio Macri de un grupo de “intelectuales”, en la que la ex demócrata cristiana “tomó la palabra y dijo que le parecía posible trazar, salvando las distancias históricas, un paralelismo entre las elecciones de 1983 y la inminente encrucijada comicial del 2019. Aquel voto decidía, como ahora, el camino de una democracia representativa o los peligrosos atajos de una corporativa y hegemónica…” Hace rato que Graciela parece haber desandado el camino de los derechos humanos defendiendo acríticamente un gobierno que los considera un curro, que jamás el presidente hace una mención a la restitución de un nieto, pero que sí se alegra y felicita al chef argentino Mauro Colagreco, con restaurant en Francia,  premiado como el número uno.

Graciela Fernández Meijide teme una autoamnistía de un futuro gobierno peronista a favor de exfuncionarios y empresarios que “perpetraron una megacorrupción de Estado”. Indudablemente Graciela parece que sufre de hipermetropía. La persona hipermétrope tiene la capacidad de ver claramente los objetos lejanos pero no puede ver tan bien los que están cerca. Un oculista ahí por favor.

Margarita Stolbizer compite con su ex amiga Elisa Carrió la incontinencia denunciadora posando de progresista. Sergio Massa, en uno de sus bruscos virajes, la dejó en la estacada por lo que se abrazó a Roberto Lavagna. Fue desplazada del primer puesto por Graciela Caamaño, renunció a ir segunda en la lista de legisladores y ahora en venganza se abraza al filósofo gastronómico Luis Barrionuevo, numen de la honestidad y transparencia, para tratar de derrotar en la interna de Consenso Federal a Marcos Lavagna en la Capital. En este progresismo de cartón Margarita Stolbizer en agosto del 2016, con una mano posada sobre el hombro de Macri, le pidió avanzar con un acuerdo para “tener un Nunca Más a la corrupción”.

Como siempre Margarita golpea en la puerta equivocada. No es una humorada pedirle al presidente empresario del gobierno de CEOS, todos ellos beneficiarios e instrumentadores de la corrupción con el Estado,  que haga una cruzada contra la misma; encima ahora se apoya en Luis Barrionuevo, el mismo que proponía que “dejemos de robar por dos años.” En la misma senda, no hay que descartar que alguna vez Margarita le pida al odontólogo Ricardo Barreda que la ayude en las políticas de género y a Amalia Granata que la apoye por la legalización del aborto.

Elisa Carrió es emblemática en este terreno. Desde posiciones de centro izquierda hace dos décadas fue girando hasta abrazarse a la Embajada Norteamérica y ser una de las espadas mediáticas del multimedio Clarín. Denunciadora serial basada en refritos periodísticos e informes de los servicios de inteligencia y la Embajada, su imagen de fiscal moral de la República es usada como traje de amianto del macrismo para permitirle perpetrar negocios enormes, corrupción sofisticada, remate de las riquezas nacionales, mientras la chaqueña aporteñada permanece ciega a blanqueos de familiares y amigos del presidente, cuentas off-shore, conflictos de intereses, todo ello en la defensa de la República y contra el populismo. En Clarín, dónde si no, el 29 de junio declaró: “Los argentinos tendrán que elegir entre “el camino a la República o el autoritarismo… rompimos con la maldición de 1930, que para mí es la maldición donde entra la decadencia argentina… Cambiemos es la expresión de un movimiento que más allá de los partidos busca la libertad, la República y está en contra de los ladrones… Lo que se juega es mucho más que lo económico, nadie te roba durante 70 años y vos salís en dos semanas… Para los argentinos que invierten, para los argentinos que quieren trabajar y para los extranjeros, la victoria de Cristina es la victoria de Maduro, ni siquiera la de Chávez. Mirá lo que te digo”. Como sólo acepta reportajes en lugares entre acogedores y cómplices, nunca deberá explicar cómo la inversión extranjera en sectores productivos del gobierno promercado es inferior a la del populismo kirchnerista, y la fuga de capitales llega en 4 años al 65% de la fuga total en doce años de kirchnerismo.

Los humoristas deben ser apoyados, porque tienen mucha competencia desleal de aquellos que hacen humor hablando en serio. 

LA TRAICIÓN, EL NEOLIBERALISMO Y EL PROGRESISMO

Hay periodistas que son columnistas pretendidamente serios que como tales son mediocres, pero como humoristas tienen futuro. Serios, acartonados, se pelean con la realidad y se preguntan por qué son derrotados. Si el periodista “progresista” además es Licenciado en Filosofía, cobra vigencia aquella frase afortunada de Sarmiento, “el título no quita las orejas”. Miguel Wiñazki en la segunda página de Clarín del 29 de junio se pregunta: “¿Por qué Cristina continúa favorecida por la adhesión profunda de tantos, cuando las evidencias de sus corruptelas son tan abrumadoras?”. Luego incursiona sobre lo que considera una “sutil diferencia” entre Cristina Fernández y Mauricio Macri. Y llega a una conclusión, seguramente tamizada en las lecturas de Platón y Heidegger: “El no miente como su predecesora”.  

FOTO: Grosz, Eclipse de sol