Categoría: Nacionales

Fuente: Página 12     (23-06-2019)

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Las pymes son un actor imprescindible para la puesta en marcha de un modelo de crecimiento con inclusión social. Es un sector mano de obra intensiva y, por lo tanto, un gran generador de puestos de trabajo.

Ese mismo día, en el que Fernández compartía el acto con las pequeñas y medianas empresas, el presidente Macri y el senador Miguel Ángel Pichetto concurrían al precoloquio de IDEA. Es decir: mientras uno buscaba transmitirles un mensaje a las pymes, los otros se reunían con el círculo rojo. Hay, en esas dos fotos, un mensaje político muy fuerte: la opción por dos modelos de país contrapuestos.

Uno de ellos, el proyecto actual, tiene entre sus resultados haber alcanzado un desempleo de 10,1 por ciento en el primer trimestre de 2019, según el INDEC. Ello significa 211.800 desocupados más de los que había entre enero y marzo de 2018. Se trata de la cifra más alta desde el año 2006.

Cuando la actividad económica se deprime, las pequeñas y medianas empresas lo sienten de modo inmediato: pocas de ellas son exportadoras y, por lo tanto, no producen para el mercado internacional. La mayoría depende del mercado local. En este modelo de ajuste se produce un círculo perverso: el mercado interno cae, hay menos consumo, muchas empresas pequeñas y medianas cierran, hay despidos, los desocupados dejan de consumir o reducen sus consumos, ello impacta sobre el mercado interno que vuelve a contraerse y así se va acentuando el ciclo recesivo.

El otro modelo, el que nosotros defendemos, por el contrario, apuesta por el desarrollo del mercado interno, la expansión del empleo, los salarios y las jubilaciones crecientes y la protección de la producción nacional de la competencia importada y, por lo tanto,  concibe a las pymes como un actor central de su política económica.

En la cena con Fernández había expectativa y entusiasmo entre los pequeños y medianos empresarios. Expresaban, seguramente, su esperanza de un cambio de la actual política económica. Muchos de ellos necesitan pasar con urgencia desde el actual círculo perverso a un círculo virtuoso en el que el mercado interno actúe como el motor de un nuevo ciclo de crecimiento con inclusión social. Son dos modelos opuestos. Dos caminos muy distintos. Lo que está en juego en las próximas elecciones es la elección de uno de ellos.

La Argentina hoy sufre una crisis importante. El proyecto que impulsa el gobierno produce cada día mayor desazón, tristeza y desánimo. Por eso, nosotros trabajamos para recrear la esperanza. Decimos: otro país es posible, hay otro camino que nos lleva hacia una Argentina mejor.

El presidente Macri ha sido muy claro. Ha afirmado: “si ganamos, iremos en la misma dirección pero lo más rápido posible”. Es decir, nos anuncia que tiene pensado profundizar y acelerar sus políticas actuales. Nosotros, por el contrario, proponemos ir para el otro lado. Por eso, la cena con las pymes. Allí dijimos: en nuestro proyecto económico este sector –junto a los trabajadores, los integrantes de la economía social, el movimiento cooperativo, los profesionales y los científicos, entre otros– es estratégico. Todos tienen un rol muy importante en un modelo de país alternativo al actual.

Pero, para cambiar la dirección de las políticas e implementar otro modelo de país primero hay que ganar las elecciones. Hoy a quien tenemos en frente no es al candidato de 2015. Ahora se trata de un Macri “verificado”. Es decir: un presidente que lleva adelante una política que, entre otras cosas, produce el cierre de cincuenta pymes por día, según la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME) y la agrupación Empresarios Nacionales para el Desarrollo Argentino (ENAC).

Este Macri “verificado” tiene dificultades para hacer una campaña con promesas. Uno de los pocos discursos que le quedan es el de “lo peor ya pasó”. Es decir: insistir, con la ayuda del Fondo Monetario Internacional, en asegurar que la situación del país ha atravesado ya su punto álgido y de acá en adelante va a mejorar.

También hay otro relato al que el gobierno ha decidido dar más fuerza: un discurso duro, con políticas de seguridad centradas en la represión, con fuertes rasgos de xenofobia, de política antiinmigrante, dirigido a estigmatizar a las comunidades de países limítrofes que utilizan los servicios de salud o de educación de la Argentina. Se trata de un discurso que intenta sacar del foco de atención a la economía, que es donde el gobierno recibe los mayores rechazos de una mayoría ciudadana. Es, necesariamente, un discurso extremo: debe aparecer con la suficiente intensidad para que los electores de Cambiemos afectados por la crisis económica decidan nuevamente votarlo, privilegiando temas alternativos a la economía.

Al oficialismo nacional no le ha ido bien en las elecciones provinciales. Ha perdido en prácticamente todas las provincias. Y donde no ha sido derrotado ha retrocedido en cantidad de votantes, como en el caso de Jujuy. Por el contrario, se han producido triunfos en varias provincias de candidatos que, con distintas intensidades, participan del principal polo opositor expresado por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. Tales los casos recientes de Santa Fe, Tierra del Fuego, San Luis y Formosa.

Tenemos un gran desafío. Continuar construyendo una gran coalición opositora para ganar las elecciones y luego gobernar y llevar adelante políticas que seguramente serán resistidas por algunos sectores económicos concentrados.

Por eso, el 27 de octubre necesitamos una victoria categórica.

Es para ello que estamos construyendo el espacio amplio, diverso y plural, el Frente de Todos, cuyo límite es Macri y lo que él representa. Es un espacio que crece y no deja de crecer. Pero tenemos que seguir esforzándonos. Debemos comprometernos todos los días en hacer que los argentinos y las argentinas vuelvan a creer, se vuelvan a entusiasmar, se vuelvan a enamorar de una propuesta de gobierno. Es el camino de reconstrucción del modelo de país que las mayorías reclaman y necesitan.

* Presidente Partido Solidario