Categoría: Nacionales

Fuente: Página 12    (11-05-2019)

Resultado de imagen para batacazo+luis bruschteinDar el batacazo con un libro en la era de las redes sociales, de los bots y las granjas de trolls, de las sociedades fragmentadas, de las megacorporaciones multimedia y los e-books es como ganarle con un escarbadientes al gigante pendenciero de los filisteos. Hay que destacarlo, porque hasta da risa. Tanto genio del mercadeo y la psicología de masas aplicada a la política, tanto cerebro estrujado en la elaboración de un mensaje articulado para cada nicho socioeconómico y cultural. Y te mojan la oreja con un libro.

Es hermoso de ver como fenómeno comunicacional. El Sinceramente de Cristina Kirchner logró semejante hazaña que se le metió al oficialismo por donde menos lo esperaba

Es innegable que los libros de los candidatos en épocas de elecciones son soporíferos, ilegibles e ileídos. No los lee nadie. Incluso algunos escritos por plumas consagradas a los que les resulta imposible escapar de lugares comunes, de lo tedioso y de la exaltación obsecuente.

En la Feria del Libro, Cristina Kirchner agradeció a Alberto Fernández por haberle aconsejado escribir el libro. Lo concibió como una forma de dar su punto de vista ante las denuncias y agravios lanzados contra ella y su familia en estos años. Si Fernández imaginó semejante bola de nieve, es un genio.

Pero una cosa son los libros de los candidatos y otra bastante diferente, las memorias de ex presidentes. Todos los ex presidentes del ciclo que comenzó con la caída de la dictadura han escrito sus memorias. También los hay de épocas anteriores y algunos de ellos, muy interesantes. Pero ninguno se convirtió en un hecho político con tanto impacto como Sinceramente. En este caso reúne las dos cosas: un libro de memorias que toma impulso en un proceso electoral.

También influyeron el factor sorpresa, el inmutable silencio de Cristina Kirchner, que creó mucha expectativa, y los efectos desastrosos de la política económica del macrismo que generaron avidez por encontrar una salida. Y a esta ensalada se suman factores políticos y emotivos que van de la mano con la ex presidenta.

Son 300 mil ejemplares impresos, vendidos y comprometidos en dos semanas, colas en las librerías, colectas entre amigos para comprarlo, best seller también en Amazon internacional, más miles bajados de Internet. Con un precio de 600 pesos en plena crisis ha sido una dosis de oxígeno que salvó librerías y editoriales y le dio vida a una alicaída Feria del Libro contagiada por el desmoronamiento de la industria.

No es el librito rojo de Cristina, en este caso sería celeste y más bien un libraco de 600 páginas. Son relatos sobre hechos que ocurrieron antes y durante las presidencias de los Kirchner escritos de manera muy coloquial. “No quise terminarlo rápido –contaba una señora en la Rural– porque cuando lo leía sentía que la tenía sentada delante de mí en la mesa de la cocina”.

La presentación del libro, el jueves, se convirtió en un acto de masas. Las paradojas se alinearon: la Rural mutó en sede de un acto de “la enemiga del campo”; el libro de la jefa del ala más importante del peronismo se presentó en la sala Jorge Luis Borges que en vida decía que los peronistas eran “incorregibles”; y una Feria del Libro hasta ese momento alicaída se convirtió en éxito de público. Los peronistas a los que les endilgaron el famoso “alpargatas sí, libros no” producían un fenómeno revitalizador del libro que el neoliberalismo está asesinando.

Las miles de personas que estaban en la sala, en la plaza del predio y en la calle Sarmiento, transformaron la presentación en un acto de masas. No había micros, la gente llegó por sus propios medios. Y el discurso de la autora no fue arenga ni proclama, sino muy moderado y en general relacionado con el acto de presentar un libro.

Llovían sapos y culebras y el público aguantó a pie firme. Y a pesar del tono medido de la disertación, los rostros mostraban emoción contenida y en algunos había lágrimas. La transmisión por televisión sumó 36 puntos de audiencia en todos los canales. Y C5N llegó a tener más de 8 puntos, lo que es una marca casi inalcanzable para los medios de cable. Millones de personas se dieron cita frente al televisor para escuchar a la ex presidenta.

No se sabe si Cristina Kirchner será candidata para estas elecciones. Y a pesar del éxito de su libro y la repercusión de la presentación, tampoco se puede deducir que, en caso de competir, tendría el triunfo asegurado. Pero las corporaciones mediáticas y la parte de la sociedad que les cree ya no pueden desconocer que el peronismo-kirchnerismo representa a un sector muy importante de esa sociedad con el cual tienen que encontrar una forma de convivir sin odio.

La reacción de los periodistas más emblemáticos de esas corporaciones fue de intolerancia. Algunos evidenciaban que ni siquiera lo habían leído.

En una entrevista que le hicieron en TN, Elisa Carrió se preguntó “¿por qué a los argentinos les gusta tanto votar ladrones”. La pregunta dijo más de ella que de los argentinos. Insistió: “¿por qué Cristina, una ladrona confesa, mide tanto?”.

La respuesta está implícita. Al promediar la entrevista, aclara: “Creo que hay muchos que, de llegar al gobierno, se gastarían la plata de la SIDE en la Quinta Avenida, como lo hacía Cristina”. En esa interpretación, habría una parte muy importante, a veces mayoritaria, de los argentinos que vota a ladrones, porque si pudiera, también robaría. Para ella todos los peronistas son ladrones en potencia, gente despreciable.

Es un mensaje que convoca al odio. Carrió está denunciada por usar material de los servicios de inteligencia obtenidos de manera ilegal para formular denuncias falsas contra sus adversarios políticos. Es la forma más sucia de la política.

Ella expresa el punto más crítico de una práctica generalizada por muchos periodistas del oficialismo y por la alianza Cambiemos en general. Hay un mensaje de odio cuando se dice que los kirchneristas son vagos que no trabajan, o ladrones que se robaron todo o violentos y autoritarios que no respetan las instituciones. Y como todo mensaje de odio es una convocatoria a la violencia de uno y otro lado, como la que ya sufrió Argentina.

Este discurso odiador fue usado por la oposición a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Y se intensificó en los últimos tres años, con al respaldo de un sector del Poder Judicial que impulsó denuncias que ahora se está comprobando que fueron armadas por los servicios de inteligencia. En todo este tiempo no se pudo comprobar casi nada de lo que se denunció.

Y además la estrategia de difamación y persecución tampoco logró su objetivo principal que era destruir a esa fuerza política. Siempre ocurrió así con los mitos desproporcionados que tejió la oposición al peronismo. En el afán de contrarrestar su influencia se han hecho todo tipo de denuncias y difamaciones, la mayoría de carácter económico, pero también en materia de salud mental y de cuestiones sexuales. De Perón se dijo que era homosexual y pedófilo. Y de Cristina que es bipolar.

Para la derecha –sumando biempensantes y falsos progres– los gobiernos que impulsan políticas distributivas son ladrones y autoritarios. Ha sido la forma de rechazarlos sin decir que lo hacen por esas políticas sociales.

Pero el globo de denuncias armadas se infla tanto que en un momento la sociedad percibe el desfasaje y en vez de desgastar empieza a alimentar a la fuerza agredida. El libro Sinceramente y su presentación en la Rural expresaron ese proceso. Una sociedad no puede vivir cargada de odio. La derecha, los argentinos que se sienten expresados en Cambiemos, tienen que encontrar una forma de convivir sin odio con el kirchnerismo. La estrategia de la ira, de la inquina difundida desde los medios oficialistas, pone a la sociedad en un estado permanente de discordia y crispación. Ya sería hora de dejar a un lado ese discurso que no le sirve a nadie.