Categoría: Nacionales

Fuente: El Cohete a la Luna    (12-05-2019)

El último viernes la Comisión Jurídica del Llamamiento Argentino Judío presentó una denuncia contra Catherine Fulop por declaraciones que pretendían articular la realidad de su país de origen, Venezuela, con el holocausto sufrido por judíos, eslavos, gitanos, homosexuales, testigos de Jehová y militantes políticos de izquierda. Diferentes opinólogos locales consideraron intrascendentes las palabras de la actriz caribeña, dignas de ser obviadas dada su proverbial ignorancia, análogas a la multiplicación de acotaciones rústicas verbalizadas diariamente por vedettes, futbolistas o ignotos partícipes de publicitados idilios.

Sin embargo, quienes desvalorizan el efecto de relatos como el enunciado por Fulop desconocen que el sentido común se consolida básicamente con el soporte de estos discursos extendidos. Hannah Arendt advirtió sobre el peligro que supone la desvalorización de estos indicadores, basados en prejuicios instalados, capaces de generalizarse: es justamente la ignorancia compartida la que origina las variadas concepciones del mundo. No son los grandes relatos intelectuales los que anclan en las formas de percibir la realidad. El odio y el desprecio se consolidan a base de mentiras repetidas, solidificadas y naturalizadas por murmuraciones y paranoias compartidas. Fulop puede no tener consciencia de los efectos que produce la circulación de su desprecio, encarnado en su biografía. Pero su divulgación es la garantía, el umbral, de la sedimentación del odio y la discriminación.


Hannah Arendt

Fulop accede a los micrófonos que le están vedados a la inmensa mayoría de los ciudadanos. La banalidad del mal consiste, en este caso, en la vieja misión de culpabilizar a la víctima: los judíos eran los peores torturadores, los desaparecidos se mataban entre ellos, los armenios inventaron su genocidio, los venezolanos son responsables del bloqueo que sufren. Arendt describió con precisión la necesidad que tienen quienes tienen que procesar los grandes crímenes de la humanidad. Al resultarles insoportable la posibilidad, por ejemplo, de que alguien haya sido capaz de masacrar a un millón de niños menores de 5 años, necesitan negarlo. Les exige catalogar el hecho como una invención, como algo inadmisible.

La presentación judicial del Llamamiento fue presentada ante el Ministerio Público Fiscal y recayó en la Unidad Fiscal Este de la justicia de la Ciudad de Buenos Aires. Fue presentada por los integrantes de su Comisión Jurídica, los abogados David Iud, Marta Telias , Marcelo Seltzer, Bernardo Fischberg, Horacio Lutzky, Marcelo Lenga y Luis Kon.

La DAIA, por su parte, hizo pública la realización de una capacitación orientada a que la actriz logre abandonar el velo de ignorancia. La institución que insiste en forma inconsulta en autoerigirse en referente de esa colectividad y firma sus comunicados como “representante de la comunidad judía argentina”, se ha caracterizado por ejercitar una doble vara a la hora de caracterizar los discursos judeofóbicos. Quienes son bendecidos para tal adiestramiento educativo, como Esmeralda Mitre o la propia Fulop, son pasibles de gozar de un aprendizaje que seguramente nunca lograrán olvidar. Por el contrario, a aquellos portadores de discursos prejuiciosos que pertenecen a los sectores populares les corresponderá una lapidación mediática inmediata y una denuncia judicial. La banalidad del mal, confirmaría Arendt, puede contar con cómplices a los dos lados del escritorio. La DAIA confirma su hipótesis.