Categoría: Nacionales

Fuente: El Cohete a la Luna    (23-12-2018)

Apenas unos días después de la asunción del nuevo presidente de la DAIA, Jorge Knoblovits, la viuda del fiscal general Natalio Alberto Nisman, Sandra Arroyo Salgado, desistió de la querella por la muerte del padre de sus hijas, de quien estaba separada. Knoblovits inició su mandato en el salón Montserrat del Hotel Intercontinental, perteneciente al grupo IRSA del magnate local Eduardo Elsztain. En forma casi paralela, el diputado Waldo Wolff, ex vicepresidente de esa entidad, presentó su libro Asesinaron al fiscal Nisman: yo fui testigo, con la presencia del primo del presidente, Jorge Macri, y las lisonjas argumentales del fiscal Ricardo Sáenz, quien fue una pieza fundamental para que la causa de la muerte del fiscal pase de la justicia ordinaria al fuero federal y sea considerado un asesinato, de lo que no hay prueba.

 

 

 

Las autoridades del nuevo Consejo Directivo que acompañará durante los próximos tres años a Knoblovits fueron elegidas dos semanas atrás, en un proceso en el que votaron apenas 67 personas. El estatuto de la DAIA fue confeccionado por el berajismo para impedir cualquier forma de democratización y utilizar  esa entidad en función  de específicos objetivos geopolíticos y mediáticos. A pesar de su absoluta carencia de representatividad (votan cinco docenas de personas que nadie conoce, faculta ni elige), el espectáculo de la asunción contó con la presencia legitimadora de varios integrantes del gabinete de ministros de Mauricio Macri, quienes necesitan imperiosamente que la DAIA continúe apareciendo ante la sociedad como la única referencia de la identidad judeo-argentina. Ese lugar es el que ha permitido constituir a las instituciones de la calle Pasteur como arietes prioritarios en la persecución de dirigentes sociales y políticos populares, judicializando el memorándum de entendimiento y la muerte del fiscal Alberto Nisman.

Dos de los ministros presentes en el ágape del Hotel Intercontinental, Patricia Bullrich y Alejandro Finocchiaro, se dirigieron a la concurrencia con palabras de agradecimiento en relación con el rol jugado por la DAIA durante los últimos años, que permitieron, entre otros logros, el encarcelamiento de Carlos Zannini, Luis D’Elía y Fernando Esteche. Este último permanece caprichosamente detenido desde hace un año acusado de encubrimiento agravado, en el marco de la denuncia realizada por el fiscal que fue encontrado muerto en enero de 2015.

Unos días antes, el 11 de diciembre, el ex dirigente de la DAIA y actual diputado nacional por Cambiemos, Waldo Wolff presentó su libro Asesinaron al Fiscal Nisman: yo fui testigo en el centro de convenciones Arturo Frondizi de la ciudad de Vicente López, con las presencias destacadas del constitucionalista Daniel Sabsay y del fiscal Ricardo Sáenz, uno de los máximos responsables de derivar la muerte del fiscal Nisman de la justicia ordinaria a la justicia federal con el obvio objetivo de endilgarle la responsabilidad intelectual de la muerte al gobierno kirchnerista. En las 308 páginas de una edición de autor, dado que ninguna editorial accedió a su publicación ni difusión, el ex arquero de Ituzaingó recordó haber sido acusado por el gobierno que finalizó en 2015 de traición a la Patria. Sin embargo, un modesto relevamiento muestra la falsedad de esa afirmación, al quedar en evidencia que su denunciante fue un conocido abogado furiosamente antikirchnerista, el mismo que denunció en 2004 a Néstor Kirchner por defraudación al Estado Nacional en la utilización de los ahorros provinciales de su provincia natal, Santa Cruz. [1]

Wolff afirma haber sido testigo sin mostrar interés de presentarse a la Justicia para dar cuenta de lo que percibieron sus sentidos. Además, afirmó que “el libro no lo escribí: lo viví. No se trata de lo que yo creo sino de lo que dicen las pericias y los hechos y la justicia. Y dicen que a Nisman lo asesinaron”, en una confusión rayana en la falacia, basada en la instrucción llevada a cabo por el juez Julián Ercolini, quien aún no ha elevado el expediente a juicio oral y público dada la carencia de pruebas sobre su pretendido homicidio. En un video torpe y rimbombante divulgado por Wolff para publicitar su inconsistente libelo, se da por juzgada la muerte del fiscal (como homicidio) sin hacer referencia a que el tribunal encargado de su resolución ni siquiera se conformó aun. En una clara trapisonda destinada a embaucar a inocentes lectores, se cita un párrafo del dictamen de Ercolini sin explicar el uso del potencial (“habría”) por parte del magistrado. Para hacer más convincente su folleto, Wolff establece como cosa juzgada aquello que hoy es sólo una etapa de instrucción, cuya exposición en un tribunal oral tendrá el mismo destino de la causa tramitada en su momento por el juez Juan José Galeano.

El lucro político de una muerte

En el video, el actual diputado afirma que el atentado a la AMIA fue el más terrorífico de la historia argentina. [2] Frente a una requisitoria sobre la relevancia criminal de los bombardeos a Plaza de Mayo, sucedidos en ocasión de una movilización de la CGT, el 16 de junio de 1955, en la que fueron asesinadas 308 personas, el ex arquero expresó desconocer dicho suceso histórico. En contraposición a los menesterosos relevamientos realizados por Wolff, el periodista y abogado Pablo Duggan publicó un libro titulado ¿Quién mató a Nisman?, donde examina pormenorizadamente el expediente vinculado a la muerte del fiscal y llega a una conclusión opuesta a la de Wolff: los datos criminalísticos que figuran en los peritajes desmienten uno a uno los preconceptos y tergiversaciones del diputado del PRO para justificar la continuidad de la persecusión de los dirigentes populares. Los justificativos expresados por la jueza Arroyo Salgado para renunciar a la querella en la causa de la muerte del fiscal parecen el galimatías de quien busca esquivar la cruda verdad que se avecina, después de intentar instituir una escena homicida. Según dirigentes de la colectividad cercanos al diputado Wolff, este recibió la noticia como un duro golpe relacionado con la comercialización de su libro.

Rubén Beraja, ex presidente de la DAIA, también se hizo presente en la fiesta de toma de posesión de las nuevas autoridades. Cinco días después de esa aparición, en el marco del juicio de encubrimiento que se desarrolla en Comodoro Py, el ex titular del Banco Mayo pronunció las palabras finales. Recordó el 18 de julio de 1994 como una jornada “molesta”, calificativo que generó asombro en la sala de audiencias. Del acto del lunes también participó Aldo Donzis, otro de los ex presidentes, que fuera acusado en 2009 por su propia hermana de abuso sexual contra su sobrina. Quien no fue de la partida es Ariel Cohen Sabban, el otro acusado por delitos de índole sexual, último titular electo de esa entidad, que sin embargo fue ensalzado por  Alberto Indij (quien asumió la dirección de la DAIA luego de la renuncia de Cohen Sabban) como factótum del saneamiento económico de esa entidad, sin hacer ninguna mención al escándalo  en el que fue victimario de Esmeralda Mitre.

La misión institucional de la DAIA, que fue mencionada reiteradamente a los presentes, estipula la lucha contra la judeofobia y toda forma de discriminación como objetivos prioritarios. Sin embargo no surge ninguna causa promovida por esa delegación en relación con estigmatizaciones ajenas al antisemitismo. Incluso el indicador utilizado para dar cuenta de la existencia de mayores o menores niveles de judeofobia se obtienen a partir de las denuncias recibidas por la propia institución, descartando otros métodos de recopilación de datos más compatibles con las ciencias sociales: el Centro de Estudios Sociales (CES) de la DAIA establece el presunto incremento o descenso del antisemitismo de acuerdo con la cantidad de denuncias recibidas. Los resultados anualizados de esos datos inconexos buscan constatar artificialmente un permanente aumento del antisemitismo en la Argentina, para dotar de legitimidad las actividades de esa institución, carente de representatividad. “Nosotros no salimos a buscar los hechos sino que alguien tiene que advertir la presencia de un acto antisemita y denunciarlo. Esto es como sucede en el mundo del derecho penal”, señaló recientemente la directora del CES, Marisa Braylan, para fundamentar su indicador artificial. El engañoso mecanismo de recopilación puede ser homologado a la grotesca construcción de un índice de indigencia confeccionado sobre la base de quienes se acercan a una ventanilla a corroborar que tienen hambre. [3]

El secuestro de la identidad

La DAIA, al igual que su homólogo estadounidense AIPAC (The American Israel Public Affairs Committee), forma parte de un entramado de instituciones internacionales que expresa a los sectores de la derecha israelí (especialmente del Likud) comprometidos en imponer políticas de apartheid, neocoloniales y represivas a los palestinos residentes en Cisjordania y Gaza. Esas organizaciones han secuestrado la identidad judía con el objetivo de presentarse como las únicas expresiones de la identidad hebrea, pese a que son cuantitativamente minoritarias en cada una de sus sociedades.

En Estados Unidos, dos famosos referentes de esa colectividad, Bernie Sanders y Noam Chomsky, han reiterado en numerosas intervenciones sus denuncias contra el hegemonismo de AIPAC y sus intentos por hacerle creer al resto del mundo que la única forma de expresar la identidad judía es salvaguardando las políticas fundamentalistas del gobierno israelí. Estas acusaciones de Sanders y Chomsky han sido retomadas y refrendadas por J- Street (La Calle Judía) y JVP (Jewish Voice for Peace), colectivos que cuestionan enérgicamente la política belicista de Bibi Netanyahu, y que reúnen en su seno a cientos de miles de estadounidenses, mayoritariamente pertenecientes al partido demócrata. Los asociados a AIPAC, por su parte no alcanzan a los 10.000 miembros y se inscriben en las tradiciones más conservadoras del partido republicano. Entre ellos figuran Paul Singer y Sheldon Adelson. [4]

Durante el evento realizado en el Hotel Intercontinental se le entregó una distinción al jefe de la policía federal, Néstor Roncaglia, en una escena que varios de los presentes compararon con el premio entregado por la misma institución (la DAIA) a otro comisario en 2001. En aquella ocasión, el homenajeado fue Jorge “Fino” Palacios, que luego fue procesado por encubrimiento en la causa del atentado de 1994 y años después por ser parte, junto a Mauricio Macri, de una asociación ilícita para llevar a cabo espionajes telefónicos, cuyas víctimas fueron parientes del entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (su entonces cuñado) y familiares de las víctimas del atentado de 1994, como el referente la organización 18J, Sergio Burstein.

El próximo 7 de enero se conmemora un siglo de la Semana Trágica en la que se masacró a obreros y activistas que se solidarizaron con la huelga de los trabajadores de los Talleres Vasena. Quienes se manifestaron solidariamente exigían mejores condiciones de trabajo y una reducción de la jornada laboral que alcanzaba entonces las 14 horas diarias. En esa oportunidad los trabajadores se concentraron en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires y reclamaron además la libertad de Simón Radowitzky, quien había ajusticiado al coronel y comisario Ramón L. Falcón por la represión desatada en 1909, en la que fueron asesinados 19 manifestantes pacíficos. El saldo de la Semana Trágica contabilizó entre 700 y 1300 masacrados, la inmensa mayoría de ellos inmigrantes judíos asesinados en un brutal pogrom desplegado en el barrio de Once, que tampoco fue contabilizado por Wolff como una recordable tragedia histórica. [5]

La DAIA premió a Palacios y Roncaglia. Los antecedentes de la DAIA homenajearon también a quien organizó la primera persecución judeofóbica del siglo XX en Argentina: en su cripta ubicada en el cementerio de la Recoleta, se divisa una placa en la que se puede leer: “La colectividad israelita en homenage [textual] al coronel Ramón L. Falcón, mártir del deber”. Knoblovits y Wolff son los continuadores de esa prosapia genuflexa ante el poder omnímodo de turno, que convoca a ejecutar por la espalda y persigue a migrantes y trabajadores en nombre de un programa neoliberal represivo.

Del otro lado de la grieta, sin embargo, se vislumbran los continuadores de Radowitzky que hacen de la memoria una virtud sagrada y solidaria. Y que permanecen solidarios con los intereses de los más vulnerables. Como sugirió años atrás Leonard Cohen: “Hay una grieta en todo. Por ahí es donde penetra toda luz”.



[1]. https://www.elcohetealaluna.com/salsa-wolff-calvo-mosquito/

[2]. https://www.youtube.com/watch?v=wOfyNslYK8w&feature=youtu.be

[3]. Elaborar un indicador de esas características es análogo a cuantificar la caída o elevación comparativa de la discriminación de género, por las denuncias efectuadas. A mayor cantidad de denuncias se conjetura que hay mayor empoderamiento para hacerlas. No que hay mayor violencia de género. Cualquier especialista en investigación social calificaría un estudio de estas características como un literal fraude.

[4]. Ver https://bit.ly/2jAGtaI y https://bit.ly/2rMdP9A

[5]. Silva, Horacio Ricardo: Días rojos, verano negro. Libros Anarres. Buenos Aires 2011 y Bilsky, Edgardo: La Semana Trágica. Biblioteca Política Argentina Número 50. CEAL, Buenos Aires,1984.