Categoría: Nacionales

Fuente: El Cohete a la Luna    (25-11-2018)

Hay una señora que escribe en INFOBAE. [1] El humor de Twitter la ha rebautizado de infinitas formas, todas muy divertidas para el inadvertido lector. Hace un par de semanas —el 27 de octubre— publicó en su cuenta un mensaje que decía: “Generalizo para llamar la  atención. No es agradable escuchar a funcionarios macristas hablar de ‘las lacras periodistas’. La comunicación del Gobierno es responsable de eso, porque desprecia al periodismo y lo dice todo el tiempo, en cada reunión. Creen q llegaron solos“.

¿A qué se refería al decir esto? Porque algo de lo que dijo es verdad: los gobiernos no llegan a ser gobiernos solos. Lo hacen mediante el voto de millones de ciudadanos, que mediante su voto los eligen como gobierno. ¿Y por qué deciden su voto los ciudadanos? Miles de investigadores han intentado responder esa pregunta. No tengo una respuesta. Pero resulta evidente que el mensaje no se refiere al acompañamiento del pueblo a los gobiernos mediante el sufragio. Se refiere específicamente al acompañamiento de ciertos periodistas para que un gobierno llegue a ser gobierno.

En las sociedades actuales, muchas veces estamos lejos, lejísimos de los acontecimientos más notables. Aun cuando tengamos la certeza de estar casi viviéndolos en primera persona. Esa imaginaria cercanía, con categoría de certeza para nuestras conciencias, se produce por la mediación que hacen los medios de comunicación masivos respecto de los acontecimientos. Como señala Stella Martini: “El periodismo produce las noticias que construyen una parte de la realidad social y que posibilitan a los individuos conocer el mundo al que no pueden acceder de manera directa”.

Muchos podremos asegurar que vimos el River-Boca y será cierto, porque nos plantamos oportunamente ante la televisión. ¿Pero sabemos exactamente qué sucedió en el partido? No habrá hincha que asegure que no lo sabe, porque en efecto lo vio con sus propios ojos. ¿Cómo negar la certeza de nuestros ojos?

Pero pensemos un poco más. Hace unos días circuló un video asombroso sobre un enfrentamiento entre la barra de All Boys y la policía, al concluir un partido entre ese club y Atlanta. Pocos vieron el partido, donde hubo cinco goles. Pero muchísimos vimos el video de los sucesos violentos. En nuestro registro de conocimiento, casi no hay registro del hecho deportivo. Sin embargo universalizamos el hecho violento.

La diferencia entre hecho deportivo y hecho violento se construye de modo imperceptible pero demoledoramente real. El foco de la cámara que decide si enfocar los cinco goles que hubo en el partido All Boys / Atlanta o el enfrentamiento de la barra brava con la policía. La cámara no miente, solo fija su atención —y la nuestra— en un recorte de la realidad. Que pasa a ser para nosotros toda la realidad.

Eso que llamamos realidad es un recorte. Ese recorte es lo que nos transmiten los periodistas. No necesariamente malo. Ni intencional o deliberadamente editado. Eso sí, la elección del recorte a trasmitir implica una elección subjetiva del periodista. Que dará relevancia al recorte sobre otros recortes posibles del mismo hecho. Acaso perspectivas. Tal vez criterio de “noticia”. En todos los casos, edición.

En otras ocasiones el recorte es deliberadamente editado, en función de un objetivo que preexiste a la noticia. Y que incluso a veces crea la noticia. De ediciones deliberadas aprendimos mucho los argentinos durante la dictadura, donde se editó el registro que llamamos realidad al punto de eliminar de ese registro las atrocidades del gobierno militar: los muertos, los desaparecidos, los bebés apropiados y el resto de las barbaridades que me espantaría reducir a un mero etcétera.

Muchos años después volvimos a padecer una etapa de noticias, o sea de realidad, concebidas como pura edición. Fue durante el gobierno de Néstor y en particular el de Cristina Fernández de Kirchner. El kirchnerismo llamó a ese momento histórico batalla cultural y se entrego con mayor o menor fervor, con mayor o menor inteligencia, a disputarle el monopolio de la construcción de sentido a los medios y a los periodistas. Medios y periodistas acostumbrados a ser los titulares exclusivos de la definición de realidad, que claramente no aceptaron esa disputa de lo que hasta hacía poco tiempo era su patrimonio exclusivo. Como señaló el periodista Julio Blanck en una entrevista que le hizo Fernando Rosso [2]: “Hicimos periodismo de guerra”. Y más tarde agregó, durante otra entrevista que le dio a Jorge Fontevecchia [3] : “Nos vimos obligados a defendernos. ¿Es el periodismo que queríamos hacer? No. Pero es el que tuvimos que hacer. ¿Tenemos que hacer lo mismo ahora? ¿Nos sale bien no hacerlo? ¿Hacer una cosa más ecuánime, más ponderada? A veces nos sale y a veces, no. Eso fue el periodismo de guerra. Fue una situación de excepción en la cual tuvimos que corrernos de algunos de los parámetros clásicos con los que trabajamos porque, si no, la compañía no sobrevivía. (…) Si vos querías seguir haciendo lo que hacías, estabas sometido a esas leyes que no pusimos nosotros”.

La “guerra” a la que se refería Blanck fue una de las disputas más grandes que se dio en nuestra sociedad, no solo por la distribución de bienes materiales, sino también la de bienes inmateriales. Tales como la definición de lo que es realidad o no.

La disputa por la redistribución de los bienes simbólicos y por la construcción de sentido es característica de las sociedades democráticas; la batalla por y para la palabra, que construye esa realidad o sentido y al mismo tiempo encarna esa disputa. Verla en términos de guerra y no de disputa democrática fue tal vez las más inteligente estrategia de los poderes e intereses que, detrás de la disputa por la construcción de sentido, escondían otras disputas menos visibles referidas a dinero, privilegios y poder.

La disputa de la construcción de sentido implicó toma de posiciones políticas claras de sus actores. Y terminó resolviéndose a medias mediante la contienda electoral. Porque todo es político. No publicar las violaciones sistemáticas a los derechos humanos en la Argentina de Videla lo fue. Las huelgas, los feriados bancarios y la disputa por el sentido también son políticos.

De la disputa por el sentido formaron parte los periodistas. No podía ser de otro modo. Y entender la disputa como una guerra tuvo las lógicas consecuencias de una guerra. Víctimas y victimarios. Pero no quiero ni pretendo hacer un juicio a los partícipes de la disputa como guerra. No podría. Yo fui parte de esa disputa. Nadie puede ser un buen juez de sí mismo. Y por exceso o por condescendencia, sin duda no puede ser un juez justo.

Pero sí voy a señalar esto. Hace 111 años un senador estadounidense, Hiram Johnson, dijo —o al menos la mitología popular le atribuye la frase—: “Cuando llega la guerra, la primera víctima siempre es la verdad”.

En estos días aparece la verdad de hechos o noticias que se publicaron. Hace muy poco salió el fallo que determinó que era falsa la noticia publicada en portada por el diario Clarín respecto a la existencia de cuentas secretas en el exterior, cuyos titulares, según publicó, eran Máximo Kirchner y Nilda Garré. Dicho en criollo, las cuentas no existen. Y la noticia publicada en portada de Clarín era falsa.

El autor de la nota, Daniel Santoro, escribió el 31 de marzo del 2015 [4]: “Pero no soy el dueño de la verdad. Si la Justicia de EE.UU., luego del exhorto que la Justicia argentina seguramente enviará por esa causa, niega la existencia en el banco Felton (Caimán e Irán no contestarán o darán respuestas políticas), yo me retractaré y le pediré disculpas públicas a Máximo”.

Sostengo que es de caballeros disculparse. Pero tan importante como eso es que la sociedad tome cabal conciencia de que se trató de una noticia falsa. No por Máximo, no por Nilda, sino por la reparación del derecho a la información de una sociedad. Y para eso no basta con publicar escondida la noticia de la rectificación que haga Santoro. La reparación real implicaría publicar en un lugar muy visible del diario que esas cuentas no existieron. Publicar la retractación en un rincón no construye ni un poquito el derecho a la información. La relevancia de la noticia respecto a la supuesta existencia de esas cuentas es exactamente igual a la relevancia de la noticia sobre la inexistencia de las cuentas. La desigual cobertura de ambas noticias parece tramposa… y lo es.

El patrón de las noticias falsas parece ser contagioso y tener más de un vaso comunicante. Cuando Santoro fue llamado a declarar, sostuvo: “Preguntado por S.Sa. el deponente para que diga a qué se refiere con el término ‘plata negra’ y si sabe cuál es el origen de estos fondos; responde que ‘yo me refiero a la investigación que está llevando adelante el juez federal Sebastián Casanello en la cual Leonardo Fariña en una entrevista en el Programa de Televisión Periodismo Para Todos de Jorga Lanata habló de una salida de millones de euros que pertenecerían a Lázaro Báez hacia el exterior tras la muerte de Néstor Kirchner en octubre de 2010”.

La causa que lleva Casanello se encuentra en juicio oral. Uno de los imputados, Federico Elaskar (foto principal), declaró hace horas ante el tribunal que lo juzga: “Fue una operación política contra el gobierno de Cristina [Kirchner], porque querían instalar que el dinero era del kirchnerismo”. Considerando que esa causa es conocida como “la ruta del dinero K”, parecen haber sido exitosos en la instalación —y construcción— de ese sentido.

Tan significativo como lo que declara Elaskar sobre el dinero resulta la revelación sobre el modo en que se construye la información falsa. Allí aparecen los actores que no son periodistas, los abogados y los actores políticos. Respecto a los abogados, Elaskar cita a “un abogado pelirrojo de Clarín” que estuvo presente mientras él sostenía conversaciones con Lanata. Me pregunto si Elaskar referirá a un viejo y querido amigo que, sin explicación alguna, dejo de saludarme luego de que fuimos contrapartes en un juicio ante la Corte Suprema. Pero más allá de mi amigo hoy antipático, me parece mas significativo resaltar que Lanata, ante las dudas de Elaskar respecto a lo que iba a decir, puso a disposición a su abogado personal Patricio Carballez, quien mientras duraba la entrevista decía: “Seguí, que venís bárbaro”. Elaskar refiere haber dicho: “A ver, me estás haciendo decir esto, me estas matando, me estoy inmolando… Me estás haciendo inmolar”. La respuesta del abogado habría sido: “Esto no tiene validez jurídica. Imagínate que el gordo, con lo verborrágico que es, las cosas que dice, no está en cana”. Es cierto que Lanata no está preso, pero Federico Elaskar afronta un juicio penal que sí puede terminar con él en prisión. En pocas palabras, explicó cómo un abogado impulsó a una persona a declarar contra sí misma.

Los actores políticos aparecen encarnados en Luis Barrionuevo, quien es acusado por Elaskar de haberlo influenciado e incluso haberle mentido para que diese la entrevista. Conducta que el propio Barrionuevo reconoció [5] en un programa de televisión. “Yo lo tuve cinco meses a Elaskar conmigo, hasta que habló. Había que esperar desde abril a noviembre para que el hombre hable”, comentó el sindicalista gastronómico. Ante la sorpresa de los presentes en la mesa, Barrionuevo miró a cámara y, en un mensaje claro a Cristina Fernández de Kirchner, dijo: “Brindo con agua, doctora”.

“El chico quería cobrar y había dos maneras de cobrar: o que Lázaro le pague o que hablara. Lázaro nunca le hizo una propuesta, cuando vino me dijo ‘nada’. ‘Te van a matar —le digo—, tenés que hablar y vas a cobrar’”

Algo similar en el modus operandi relató Martin Lanatta, uno de los participantes de la triple fuga, que se hizo conocido cuando siete días antes de las elecciones que elegirían gobernador de Buenos Aires dio una entrevista al programa de Jorge Lanata durante la cual señaló al candidato Aníbal Fernández como el autor intelectual del triple asesinato de General Rodríguez, directamente vinculado al tráfico de estupefacientes. “Primero nos hicieron esa nota arreglada para el programa de Lanata, donde tenía que meter a Aníbal Fernández en la causa de General Rodríguez”, dijo Martin Lanatta. En el mismo programa, y dando respaldo a los dichos de Martin Lanatta, fue entrevistado por Nicolás Wiñazki el ex policía José Luis Salerno, que también involucró a Fernández con el triple crimen y el tráfico ilegal de efedrina. Los recursos para la difusión de esa nota que imputaba falsamente a Aníbal Fernández también los puso un actor político: Elisa Carrió, quien cedió el living de su casa para la realización de la entrevista.

Podría seguir hasta casi hasta el infinito con la enumeración de casos donde es evidente la intermediación de actores políticos y actores mediáticos en la construcción de sentido. Construcción que no se ajusta a la verdad. No sé cuánta noción tienen los periodistas y los actores políticos que dan soporte, acerca de que la noticia que están ayudando a producir o produciendo es falsa. Y lo que opino en forma personal, y que no podría demostrar, es irrelevante. Pero, contestando la pregunta inicial de la señora que escribe en INFOBAE: yo tampoco creo que hayan llegado solos.

No es irrelevante que la construcción de sentido mediante la mentira se legitime en una sociedad. Al contrario, es relevante. Y está mal. Pero no escribo esto en defensa del honor de nadie, que es un derecho personalísimo que debe ser ejercido por su titular. Escribo esto en defensa de un derecho del que sí soy titular, como el resto de los habitantes de esta Nación. Y ese es el derecho a la información

La libertad de expresión es uno de los pilares de una sociedad democrática. y por polémico que sea, sostengo que incluye la posibilidad de falsear la verdad. Esa conducta hará en todo caso responsable al que falsea la verdad. Pero nunca aceptaría medidas que de forma directa o indirecta restringieran la posibilidad de “buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección”. Deben ser las responsabilidades ulteriores las que sancionan el ejercicio irresponsable o doloso de dicho derecho.

Pero el derecho a la información no sólo se resguarda con la posibilidad de reparación ulterior. Se resguarda con la conducta ética de periodistas y medios de comunicación que no tapen como basura bajo la alfombra sus errores. Ni sus mentiras. Si una noticia es falsa o inexacta, debe ser rectificada. Porque esa noticia construye sentido. Si la portada de un diario dio una información falsa, debe ser la portada de ese diario quien le diga a sus lectores que la noticia fue falsa. Y debe decirlo de modo que esa información respecto a la inexactitud de una noticia llegue en igualdad de condiciones a quienes recibieron la primera información inexacta.

Hace cientos de años, un señor que se llamó Tomas de Aquino afirmó, como parte de una reflexión sobre la verdad y la mentira: “La virtud de la verdad consiste no sólo en palabras, sino también en hechos”. Afirmar con palabras la Democracia, la Libertad de expresión, el derecho de acceso de a la información sin hechos consecuentes no es afirmarlos realmente. Varios capítulos antes, Santo Tomás dice también que “la razón por la que una virtud se anexiona a la justicia como virtud secundaria a la principal es porque en parte coincide con ella y en parte se queda corta y no logra su perfección esencial. Ahora bien: la virtud de la verdad coincide con la justicia en dos notas: una, en lo de referirse a otro. Y, en efecto, manifestar —como dijimos es acto de la verdad dirigido a otro en cuanto que un hombre es a otro a quien expone lo que lleva en sí. La segunda, en cuanto que la justicia establece cierta igualdad entre las cosas”.

Aunque el maestro angélico no estaría de acuerdo, yo creo que no existen verdades absolutas. Pero sí existe la posibilidad de justicia. Humana, imperfecta, mas justicia al fin. Como abogada, como ciudadana y como titular del derecho colectivo a la información, sostengo que no les podemos exigir a los medios de comunicación y a los periodistas la verdad. Sería exigirles algo que tal vez este por fuera de las posibilidades de cualquier hombre o mujer. Pero sí podemos exigirles justicia. La de publicar las otras verdades. La de rectificarse. La de establecer cierta igualdad entre las cosas. Y entre las personas. Tal vez no siempre podamos ser veraces y precisos. Lo que como sociedad no podemos dejar de intentar es de ser justos. Los periodistas y los medios de comunicación también.

1] https://twitter.com/SilMercado/status/1056152534837088258

[2] https://www.laizquierdadiario.com/Julio-Blanck-En-Clarin-hicimos-un-periodismo-de-guerra

[3] https://www.perfil.com/noticias/politica/el-periodismo-de-guerra-fue-perder-tonos.phtml

[4] https://www.clarin.com/politica/maximo-santoro-cuentas-exterior_0_SySJ8Z9vXg.html

[5] https://noticias.perfil.com/2018/11/23/video-cuando-barrionuevo-revelo-que-escondio-e-influencio-elaskar-para-denunciar-a-los-k/