Categoría: Nacionales

Fuente: El Cohete a la Luna    (24-06-2018)

El tercer megacanje que preparan en el Banco Central los mesadineristas Luis Caputo y Gustavo Cañonero,  aumentará la deuda del Tesoro con el sector privado y a un costo más elevado. La deuda pública con el mercado se incrementará en nada menos que 5 puntos del Producto Interno Bruto y los intereses en un punto del PIB.  Esta mayor exigencia en el pago de intereses aumentará la presión fiscal para cumplir con las metas del déficit financiero previstas con el FMI.

Como en el dibujo célebre de Quino en el que el reto del general llegará al perrito que pasa por la calle, esto derivará en un mayor ajuste de las cuentas públicas. Así lo explica Alfredo Zaiat en una didáctica nota publicada en el matutino Página/12, que complementa los análisis de Sebastián Soler, Pedro Biscay y Ricardo Aronskind sobre los compromisos con el FMI que se adelantaron en El Cohete a la Luna. Esta es la nota completa que permite prever el desastre que viene, por esta captura de fondos de los ahorristas, en pesos y en dólares, depositados en los bancos. Como dirían los publicistas de Cambiemos, ahora vienen por los depósitos en los bancos.

En la persistente tarea de debilitar todos los frentes financieros, la economía macrista emprende otro megacanje que es ruinoso para las cuentas del Tesoro, que además involucra recursos de las entidades financieras. Es lo más parecido a jugar con fuego.

La economía macrista ha ido debilitando, a una velocidad sorprendente, hasta poner en una situación crítica, diferentes frentes de la muralla financiera interna. Lo hizo con el régimen cambiario, la política monetaria con la tasa de interés, la hoja de balance del Banco Central con la Bomba Lebac, la licuación y remate del FGS-Anses, los créditos hipotecarios UVA que provoca angustia de deudores y disparará la morosidad de esa cartera en el balance de las entidades, la liquidación de reservas internacionales, el endeudamiento desenfrenado que empezó a agobiar las cuentas del Tesoro. Este desmoronamiento es la consecuencia de la debilidad provocada en la muralla externa, con la desregulación absoluta del mercado cambiario y de la cuenta Capital de la Balanza de Pagos, a lo que se agregó la apertura importadora con la flexibilización en la administración del comercio exterior.

La fenomenal corrida contra el peso no fue gatillada por factores externos, sino por la propia política económica del macrismo que amenaza con hundir el proyecto político conservador de la Alianza Cambiemos. La desesperación para frenar la caída arrojó al gobierno a los brazos del FMI.

Esa misma desesperación llevó a la nueva gestión del Banco Central en manos de los mesadineristas Luis Caputo y Gustavo Cañonero a tomar la decisión de avanzar sobre el último dique financiero. Ahora le toca el turno al sistema bancario. Las entidades habían podido preservar niveles de liquidez y solvencia impecables eludiendo los variados desaguisados realizados por la anterior conducción del Banco Central, liderada por Federico Sturzenegger y Lucas Llach. Ahora Caputo y Cañonero, como si todavía fueran brokers de Wall Street, se lanzaron sobre las entidades financieras. No están dejando nada por hacer para evitar el temido desenlace.

Tres de cuatro

El lunes pasado, la dupla Caputo-Cañonero difundió su primer comunicado. Fue la inauguración oficial ante el sistema financiero. La estrategia presentada incluyó cuatro medidas para enfrentar la corrida cambiaria. Tres de ellas involucraban a los bancos. La cuarta precisaba el nuevo mecanismo de liquidación, a través de subastas diarias, de los dólares del FMI. La cuestión más importante es la decisión de irrumpir en un terreno muy sensible teniendo en cuenta traumáticas experiencias pasadas. Caputo y Cañonero decidieron utilizar recursos de la banca para intentar desactivar la Bomba Lebac, con la participación del Tesoro Nacional y al Banco Central en un nuevo megacanje de papeles de deuda.

El BC dispuso también la normativa para facilitar que la banca pueda comprar Letras del Tesoro (Letes) en dólares de corto plazo. De ese modo busca sustituir el financiamiento internacional, que hoy está vedado. Los bancos podrán aplicar dólares que tienen en su patrimonio para adquirir Letes.

Estas medidas tienen el objetivo de sumar el sistema bancario a la misión de rescatar la economía macrista. La forma de hacerlo, en los aspectos técnicos, es la siguiente:

1. Los encajes bancarios (el dinero de los depósitos de los ahorristas que las entidades deben mantener inmovilizados) se incrementarán escalonadamente en 5 puntos porcentuales para las colocaciones a la vista y a plazo. El efecto total estimado de la medida es de unos 100.000 millones de pesos (cada punto de exigencia de efectivo mínimo en pesos representa aproximadamente 20.000 millones). El jueves último se aplicó 3 puntos porcentuales (60 mil millones de pesos) y el 18 de julio próximo los 2 puntos porcentuales restantes. Lo relevante de esta iniciativa, que inicialmente puede ser interpretada en términos de manejo prudencial de la política monetaria, es que el Banco Central permitirá integrar dicho incremento total de efectivo mínimo en pesos o mediante Bonos del Tesoro (BOTE) en pesos a tasa fija con vencimiento en noviembre de 2020 valuados a precio de mercado.Estos bonos son parte de la estrategia oficial para disminuir el stock de Lebac. En forma sencilla, estos son los pasos de la operación:

  • Los bancos inmovilizan 100 mil millones de pesos (5 puntos de encajes).
  • Con ese dinero compran los bonos, papeles que son computados como encajes.
  • El Tesoro entrega esos 100 mil millones de pesos al Banco Central a cambio de Letras Intransferibles del Tesoro que tiene en el balance.
  • El Banco Central utiliza ese dinero para disminuir el stock de Lebac.

En caso de que la banca no compre los bonos y no renueve parte de la tenencia de Lebac, ese dinero queda inmovilizado (por el aumento de los encajes) para que no presione sobre el precio del dólar

O sea, fondos de depósitos de ahorristas en manos de los bancos son utilizados en una operación financiera para comenzar a desactivar la Bomba Lebac, con aval del Fondo Monetario Internacional. También para aliviar la corrida cambiaria.

2. Los bancos tienen que disminuir el límite de la posición global neta positiva de moneda extranjera computada en saldos diarios del 10 al 5 por ciento de la responsabilidad patrimonial computable. Inicialmente esto significa que tienen que vender parte de sus dólares en el mercado. Pero en la medida siguiente aparece el verdadero objetivo de Caputo, que no es desdolarizar activos de los bancos, sino inducir a dolarizarse con Letes emitidas por el Tesoro.

3. El BCRA flexibilizó los requisitos para que las entidades financieras puedan adquirir Letes en dólares en el mercado secundario y, lo fundamental, se las autoriza a aumentar su posición global neta en moneda extranjera por encima del 5 por ciento admitido y hasta el 30 por ciento de su responsabilidad patrimonial computable. ¿Pero el Central no la había bajado del 10 al 5 por ciento? Sí, pero simultáneamente permite que ese aumento del 5 al 30 por ciento sea integrado exclusivamente con Letes en dólares.

La emisión de Letras del Tesoro en dólares es el recurso inmediato para permitir la refinanciación de las que vencen y, además, para sumar billetes verdes en un contexto donde se han clausurado el grifo de Wall Street. Los bancos del mercado local se convierten así en una fuente de dólares para el Tesoro.

El saldo de estas tres medidas del Central es que pesos y dólares del sistema financiero son utilizados para intentar salir de la crisis cambiaria. La experiencia argentina enseña que no es aconsejable despertar dudas acerca de lo que hacen los bancos con el dinero de los ahorristas. Menos cuando la banca está obligada a cubrir con recursos de terceros que administra la irresponsabilidad de funcionarios en el manejo de la economía y, en especial, del área financiera y monetaria.

Letras

El ex presidente del Banco Central,  Federico Sturzenegger, es un especialista en megacanjes de títulos de deuda pública. Participó en el primero, implementado en la gestión de Domingo Cavallo en el Ministerio de Economía durante el gobierno de Fernando de la Rúa, que implicó una operación ruinosa para el Tesoro y derivó en una causa judicial. Al asumir la presidencia Mauricio Macri, Sturzenegger consiguió rápido su desprocesamiento. A las pocas semanas de tomar el control del Banco Central, reincidió con el megacanje II. Su despido no le permitirá ser parte de la tercera versión.

El 3 de enero de 2016 expliqué en estas páginas las características del megacanje II, que involucró 16.099 millones de dólares. Mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia se habilitó la operación que significó un incremento sustancial en la carga de intereses en el Presupuesto Nacional por el fuerte aumento de la tasa de interés. Con una quita del capital del 15 por ciento, la emisión de bonos fue de 13.697 millones de dólares. Con esos nuevos títulos públicos, los servicios de deuda se incrementarán 9141 millones de dólares durante todo el período de duración de los nuevos bonos, que va de 6 a 11 años. Además del aumento de los servicios de la deuda por el alza de la tasa de interés, ese megacanje convirtió una deuda intra sector público no exigible en otra que sí pasó a serlo al quedar en manos del sector privado.

En ese momento, esa operación ruinosa para el Tesoro tuvo el objetivo de entregar activos financieros al Banco Central para que pueda conseguir dólares para incrementar las reservas. El BC entregó parte de los bonos recibidos del Tesoro a un grupo de bancos (HSBC, JP Morgan, Santander, Deutsche Bank, BBVA, Citibank y UBS) como garantía para sumar 5000 millones de dólares.

El balance del Banco Central contabiliza otras Letras Intransferibles correspondientes a 2011, 2012, 2013, 2014 y 2015 por el Fondo del Desendeudamiento Argentino y la cancelación de servicios de deuda con organismos internacionales, por un total de 48.387 millones de dólares. Las Letras Intransferibles recibidas por el Banco Central en los gobiernos kirchneristas fueron emitidas a 10 años de plazo a cambio de dólares. El desendeudamiento de esos años fue facilitado por ese tipo de operaciones, que dejó el terreno limpio para que el gobierno de Macri iniciara un veloz e impactante ciclo de endeudamiento.

Una operación financiera bastante similar al megacanje II entre el Tesoro y el BCRA tiene ahora el objetivo de rescatar las Lebac. La última semana, tuvo una primera etapa por 67.552 millones de pesos, en un proceso que durará de dos a tres años, según el acuerdo con el FMI, pero que Caputo quiere acelerar, según confió en un reportaje conjunto a Clarín y La Nación.
 
Otro más

Las Letras Intransferibles devengan una muy baja tasa de interés y constituyen un activo intra sector público, o sea que la negociación por las condiciones (plazos y tasas) son muy fáciles de definir, como quedó demostrado cuando se emitieron y con el megacanje II y III. Este aumento del costo del endeudamiento público debilita la solvencia inter temporal de las cuentas públicas con el argumento de mejorar la calidad patrimonial del Banco Central.

Limpiar el balance del BC es una meta explícita en el acuerdo con el FMI, condicionalidad definida para recibir el paquete de 50 mil millones de dólares, con un primer desembolso ya realizado de 15 mil millones. Las Letras son intransferibles, o sea no pueden venderse en el mercado, y devengan una tasa de interés muy baja (Libor anual (2,77 por ciento) menos 1 punto porcentual). En cambio, los nuevos bonos se podrán comercializar en el mercado y la tasa de interés será mucho más elevada: los BOTE en pesos devengan el 26 por ciento anual, pero como fueron colocados bajo la par, la tasa efectiva fue de 27,7 por ciento, mientras que el bono PEDO (pesos/dólar), que en la city prefieren, con extraño pudor, denominarlo “dual”, paga el mejor rendimiento entre una tasa determinada en pesos y una actualización por dólar más tasa fija. De este último papel de deuda ya se emitieron 2000 millones de dólares, a una tasa de corte de 2,4 por ciento nominal anual, que brinda una tasa interna de retorno efectiva anual de 32,9 por ciento en pesos.

Así una deuda pública (Letras Intransferibles) no exigible de pago (la relación deudor-acreedor es entre organismos públicos lo que facilita una permanente refinanciación) pasará a serlo con esos nuevos bonos (el acreedor privado, en cambio, busca lógicamente cobrar capital e intereses). Además, a una tasa sustancialmente más elevada. El Banco Central no recibirá los bonos, como en el megacanje II, sino que el Tesoro le transferirá gran parte de los presos recaudados en esas colocaciones. Con esos pesos, el Central cancelará Lebac.

Nulas

La Política Online informó que la bancada Argentina Federal elaboró un documento interno detallando que este nuevo megacanje viola la ley de Administración Financiera del Estado (24.156, sancionada el 30 de septiembre de 1992). Esta norma estipula que una operación de crédito público para reestructurar la deuda pública tiene que implicar un mejoramiento de los montos, plazos y/o intereses de las operaciones originales (artículo 65). O sea, que si el Tesoro realiza una reestructuración de sus pasivos debe resultar ventajosa para sus cuentas. No es este el caso.

El siguiente artículo precisa que las operaciones de crédito público realizadas “en contravención” a las normas dispuestas en esta ley “son nulas y sin efecto, sin perjuicio de las responsabilidad personal de quienes las realicen”.

El megacanje III implica un incremento de la deuda del Tesoro con el sector privado y a un costo más elevado. Si el cronograma del trueque de pasivos se cumple, el saldo será sumar deuda pública con el mercado en 5 puntos del PIB y elevar la carga de intereses en cerca de 1 punto del PIB. A la vez, generará una mayor exigencia en el pago de intereses. Esto aumentará la presión fiscal para cumplir con las metas del déficit financiero previstas con el FMI, lo que adelanta la necesidad de un mayor ajuste de las cuentas públicas.

En la persistente tarea de debilitar todos los frentes financieros, la economía macrista emprende otro megacanje que es ruinoso para las cuentas del Tesoro, que además involucra recursos de las entidades financieras. Es lo más parecido a jugar con fuego.