Categoría: Nacionales

Fuente: Página 12    (14-01-2018)

El misterio del crimen en el cuarto cerrado fue el primer enigma del género policial, de hecho, el género que fundara Edgar Allan Poe en 1841 nació con ese enigma: “Los crímenes de la calle Morgue” dan testimonio de ello. Ciento setenta y siete años más tarde nos topamos con nuestro escritor enfrentando el mismo conflicto, su editor había sido preciso: “Una novela que tome el caso de un alto funcionario del poder judicial muerto en el interior de su cuarto de baño”. Nuestro escritor intentó pronunciar un nombre, pero el editor lo interrumpió de inmediato: “Nada de nombres”, dijo.

Nuestro escritor adoptó un respetuoso silencio y su editor completó: “La mayoría afirma que fue un suicidio, pero algunos sostienen que se trató de un crimen. En la novela tendrás que probar que efectivamente fue un crimen. No olvides que será una historia basada en hechos reales”. A partir de ese momento, todo se redujo a los honorarios y al plazo de entrega: “En menos de tres meses –postuló su editor–, el público está ansioso”.

A una semana de haber firmado el contrato, nuestro escritor aún no sabía de qué modo resolver este nuevo enigma del cuarto cerrado, para colmo, en su caso doblemente cerrado: el cadáver se encontraba en el interior del cuarto de baño, la cabeza apoyada contra la puerta, impedía entrar o salir de ese sitio. Las puertas del departamento estaban cerradas por dentro, con las llaves descansando en las propias cerraduras, también las ventanas permanecían cerradas, aunque de estar abiertas tampoco hubiesen servido como vía de escape: el departamento se ubicaba en el piso 14, no había modo de deslizarse hacia abajo, ni manera de llegar hasta la escalera de incendios. Nuestro escritor había imaginado diferentes formas de resolver el enigma, pero todas devenían en fracaso: la novela se convertía en un texto fantástico, incluso en una historia de ciencia-ficción, pero nunca en un policial, que era lo que había pedido su editor. Todo policial exige absoluta verosimilitud, casi dos siglos de cuentos y novelas de crimen y misterio lo demostraban. Nuestro escritor, incapaz de quebrar esas reglas, llamó a su editor. Pero se encontró con una barrera insalvable, esas eran las pautas acordadas: “Pensá algo, sólo te quedan trece semanas”.

Para muchos el número 13 implica mala suerte, para nuestro escritor fue un augurio: a partir de que su editor le recordó cuántas semanas le quedaban, se sintió iluminado y sin más vueltas comenzó a escribir. El día acordado depositó sobre el escritorio del editor un manuscrito que sumaba 656 páginas. A su editor le pareció una cifra algo exagerada. Nuestro escritor no se inmutó: “Los best-sellers deben ser extensos –reveló–, es necesario escribir mucho para decir poco”. Con la carta de triunfo en sus manos, dijo que esperaba un próximo encuentro, después de que leyeran los originales.

Una semana más tarde estaba otra vez frente a su editor. El hombre tenía sus manos apoyadas sobre el manuscrito y lo miraba con una mezcla de indignación y asombro. “Cumpliste con lo acordado –reconoció–, decís que lo mataron. Explicás que fueron dos los asesinos, uno de ellos experto en artes marciales, incluso das la hora exacta de la muerte, pero omitís decir de qué modo los killers entraron al cuarto de baño y cómo diablos salieron de ahí, no sólo del escenario del crimen sino también del departamento que, tal como contás, cuando llegó la policía debió forzar la cerradura porque la puerta estaba cerrada por dentro. Es el primer caso de enigma de cuarto cerrado en el que no se revela el misterio. Olvidaste que la historia está basada en hechos reales, que es preciso demostrar quién o quienes cometieron el crimen y como salieron de ese departamento rigurosamente cerrado.”

Nuestro escritor disimuló su sonrisa de triunfo. “Poco importa explicar cómo entraron y cómo salieron –dijo–, lo real es que salieron, eso es lo que debe aceptar el lector, de qué modo se fueron no importa”. Su editor, tamborileó las manos sobre el manuscrito y dijo que eso no encajaba en el género policial. “Estamos ante un nuevo género”,  reconoció nuestro escritor y de inmediato explicó su poética: “Un género que se nutre de los ya conocidos, desde el fantástico hasta la ciencia-ficción, sin olvidar el policial, pero basado fundamentalmente en el realismo y el naturalismo. Este nuevo género omite precisiones, se trata de dar por ciertas las mentiras e incongruencias que el autor ofrece. Hay que lograr que el lector regrese a su niñez, a esos tiempos en que todo lo aceptaba con naturalidad: Papá Noel, los Reyes Magos, incluso el Ratoncito Pérez. Jamás dudamos que un señor de larga barba blanca pueda traer regalos conduciendo una suerte de trineo arrastrado por renos voladores, tampoco que tres señores montando respectivos camellos dejen obsequios junto a nuestros ansiosos zapatitos y naturalmente aceptamos que un ratoncito, bicho repudiado por madres y maestras, se deslice por debajo de nuestra almohada para realizar el canje”. Su editor calmó las manos, otra vez descansando sobre el manuscrito, y le recordó que un día esos niños crecen y se enteran de la verdad. “También los lectores volverán a la edad de la razón –dijo nuestro escritor–, pero en tanto habrán leído la novela”.

A su editor le entusiasmó el nacimiento de ese nuevo género, quiso saber qué nombre tendría. “Posverdad –dijo nuestro escritor–, lo llamaremos Posverdad”. Aquí su editor planteó una duda: cuando los chicos se enteran de la mentira de los Reyes Magos, de Papá Noel y del Ratoncito Pérez, les quedan como consuelo los juguetes que recibieron, ¿Qué consuelo les quedará a los lectores de las novelas posverdad? “Nada, no les quedará nada –respondió nuestro escritor–, esa es la regla de oro del género: vacío total. Aunque los editores no tienen de qué preocuparse, todo indica que aumentarán los incautos lectores, ávidos de futuras novelas que repitan nuevos desatinos que ellos aceptarán con la fe del carbonero. La Posverdad es tendencia en casi todo el mundo”.

Nuestro escritor recibió el anticipo pactado y se marchó orgulloso de haber sido el gestor de un nuevo género, por el camino imaginó nuevos temas. Su novela aún no tiene un título definitivo, pero saldrá en los próximos días.