Categoría: Nacionales

Fuente: Buenos Aires Económico     (25-10-09)

 En un contexto de profunda crisis económica y política, el sistema de partidos en la Argentina se ha fragmentado tanto en lo referente a la cantidad como a su distribución territorial, dando paso a una mayor competencia electoral. Se han visto numerosas propuestas que intentan regular esto, mientras que lo que la sociedad reclama es un cambio profundo en la representación política.

No podemos hablar de reforma  si solamente reformamos la instancia de elección.  El desempeño de los representantes en sus cargos debe ser objeto de seguimiento por parte de la sociedad. Cualquier cambio en el mecanismo partidario-electoral debe contemplar que éste cumpla tanto la función de representar como la de producir decisiones, y para ello es necesario complementar dicho mecanismo por medio de nuevos canales de participación y control ciudadano, que apunten a mejorar y fortalecer la relación entre políticos, partidos, organizaciones sociales, sindicatos y ciudadanía en general.

Una reforma en el mecanismo electoral puede ser necesaria, pero resulta  diseñar políticas de alcance nacional, cuando los sistemas políticos provinciales son tan diferentes entre sí.  Podrían producirse diferentes efectos en cada distrito, y ese impacto político y social hay que evaluarlo detalladamente.

También es importante distinguir entre las cuestiones que pueden resolverse a través de la competencia política de las que demandan políticas de Estado. Éstas buscan identificar prioridades que se necesitan aislar de la lucha partidaria a través de la construcción de consensos.

Otro aspecto a tener en cuenta es que existen tensiones no solamente entre el oficialismo y la oposición, sino también entre Nación e intereses sectoriales y regionales expresados en el Congreso, así como las tensiones características del  Ejecutivo, que no responden a una lógica de lucha política entre partidos. No reconocer la existencia de estas tensiones, nos hace correr el riesgo de creer que solucionando la tensión oficialismo/oposición tenemos allanado el camino para una mejor democracia.

Todos los puntos aquí enumerado, conforman un anidado que no puede pensarse sino en su conjunto.  Por último,  hay que tener siempre presente el estrecho vínculo entre la ciudadanía política y las condiciones socioeconómicas que facilitan o frustran la posibilidad de su ejercicio. Los resultados de cualquier reforma  no son independientes del contexto sociológico en el que tienen lugar. No existen instituciones políticas de lujo en sociedades empobrecidas.

*Diputado de Proyecto Sur