Categoría: Nacionales
Fuente: desde Israel,  (15-07-09)
{mosimage}Avigdor Liberman, Canciller de Israel, programa una visita a Argentina para la segunda quincena del presente mes de julio. Como parte de una gira por varios países de Latinoamérica, esta visita está motivada por razones tradicionales tales como profundizar las estrechas relaciones bilaterales e incrementar el intercambio y cooperación comercial. Hay también justificativos puntuales y específicos muy importantes como contrarrestar la creciente influencia iraní en la región y apoyar la colectividad judía local ante una creciente ola de “antisemitismo”.
No cabe duda que la presencia de un personaje como Avigdor Liberman con un cargo de tan alto rango del Estado de Israel representa un serio reto al comportamiento y carácter que la colectividad judía otorgue a dicha visita. Su reconocida trayectoria ideológica con una clara concepción segregacionista, discriminatoria y fundamentalmente de desprecio sobre bases étnicas, logró consolidar un amplio frente, tanto dentro como fuera de Israel, que expresa un claro sentimiento de rechazo y repudio tanto a sus posiciones como a todos aquellos que lo agasajan sin demarcar diferencias.
Un comportamiento digno de un liderazgo responsable de la comunidad judía local, con estrategias a largo plazo, conciente de su identificación en pro de la lucha en contra de toda discriminación étnica, no dudaría en acompañar esta visita con todas las normas y reglas del protocolo diplomático, pero, no sin antes y durante acentuar en forma clara y pública su total desacuerdo y repulsa de toda expresión discriminatoria sobre base étnica, incluso haciendo referencia de aquellas adjudicadas a Liberman personalmente, su partido y camaradas. Tan solo dos semanas atrás, su compañero de lista, el Ministro de Seguridad Interior, fue filmado expresando “árabes roñosos” siguiendo normalmente en funciones.
No hay alternativa, se está ante una encrucijada. El carácter que la dirección comunitaria judía otorgue a esta significativa visita aportará en gran medida a su imagen y valoración ante toda la sociedad argentina. No se trata de una visita más de un ministro sin importancia. Se trata nada menos que el Canciller de Israel a quien se le cerraron muchas puertas en el mundo y que el mismo Presidente de Francia tan solo tres semanas atrás se sintió en la necesidad de optar por un acto poco diplomático declarándolo persona no grata y solicitando de Natanihau su sustitución.
Apoyar incondicionalmente a Liberman como representante de Israel, sin deslindarse o tomar distancia de sus cuestionables posiciones ideológicas, profundizará el ya problemático aislamiento de la colectividad judía en Argentina y pondrá sobre la mesa de discusiones un serio signo de interrogación si es que ella no viene con la conciencia tiznada cuando exige luchar contra la xenofobia, discriminación y antisemitismo.
Como consecuencia de las dos últimas guerras (Líbano y Gaza) la dirección comunitaria judía de Argentina se vio repentinamente enfrentada con una inmensa ola de protesta y gracias a sus errores se acorraló en una posición imposible. De nada vale la expresión de la boca para afuera que se puede criticar a Israel en los últimos enfrentamientos cuando la respuesta inmediata de todos sus voceros es tildar a todo reproche como expresión antisemita, sobre todo como resultado de la creciente influencia iraní en la región.  
En sus respuestas a los acontecimientos, la dirección comunitaria se concentra en unos pocos actos de claro contenido antisemita pero esquiva de enfrentarse con las vastas y crecientes manifestaciones de protesta por las tragedias cometidas por Israel. Ya no se trata solo de grupos marginales. Hoy en día un amplio número de distinguidos intelectuales se expresa públicamente en defensa de la existencia del Estado de Israel  pero en contra de su actuar violento y segregacionista. No hay discusión. Solo ofensas y recriminaciones de antisemitismo.  
Dan la impresión de un grupo de aventureros que se cuidan de unos pocos arbustos espinosos, pero no se dan cuenta que perdieron el rumbo y se están internando dentro de una espesa y amenazante selva. En su desesperación por salvarse llegaron a Liberman pero de él solo pueden recibir un salvavidas de plomo que más bien puede hundirles en una vorágine conflictiva, tan típica de sus posiciones basadas en la arrogancia y desprecio hacia cualquier otro no judío.
Ojalá me equivoque.