Categoría: Nacionales
 

Fuente: Editorial de Revista CONVERGENCIA nº34 Julio

El 28 de junio pasado se llevaron a cabo en el país,  elecciones legislativas de mitad de mandato, precedida por una campaña que fue, sin dudas, una de las peores desde la restauración de la democracia  y que fueron seguidas con evidente desinterés por la ciudadanía en general,  actitud reflejada por su  baja participación en el día del comicio. Prevaleció un clima de crispación y enfrentamiento, en donde los graves problemas que hoy acosan a los sectores populares, fueron marginados del discurso político, salvo en los últimos días donde se insinuó un debate sobre el rol del Estado y las privatizaciones.

En esta elección el oficialismo sufrió una rotunda derrota en los principales distritos -Capital Federal, Córdoba, Santa Fe y Mendoza- donde tuvo una magra cosecha de votos, salvo en la Provincia de Buenos Aires, donde Néstor Kirchner perdió en forma ajustada, pese a que utilizó grandes recursos, al igual que el ganador, y algunos procedimientos electorales para muchos cuestionables.

Si bien el oficialismo a nivel nacional todavía conserva una escasa primera minoría de votos, verá debilitada su posición en ambas cámaras del Congreso, lo que lo obligará a consensuar con los sectores más afines a profundizar un rumbo que contemple los intereses y nacionales y populares, las iniciativas que quiera llevar adelante, si esa es realmente su intención.

Resulta incontrastable el claro mensaje de rechazo a la forma de gestionar del gobierno,  rechazo que no se manifestó de una manera unidireccional sino que optó por distintas variantes, tanto por derecha, De Narváez en la provincia de Buenos Aires, como por izquierda, Solanas en la Capital Federal.

Esto mismo nos indica que se abre un período de disputa entre dos alternativas: la  vuelta a las políticas neoliberales del noventa como ya pregonan los principales ganadores, Macri y De Narváez y los medios que los apoyan, o el afianzamiento y profundización de un rumbo de los que creen en un país inclusivo y solidario donde el Estado no sea un mero espectador ante un mercado sin regulaciones. Para esto último se deberán superar con grandeza la dispersión y desencuentros de todos las fuerzas políticas y espacios que responden a esta visión de país, y por parte del gobierno, leer correctamente el mensaje de las urnas corrigendo los desaciertos que provocaron tan amplio rechazo.

Situación comunitaria

En vísperas de conmemorar el quince aniversario de la voladura de la AMIA, se ha creado nuevamente en la vida comunitaria una nueva expectativa tras el fallo de la Corte Suprema de Justicia, que luego de una votación dividida, convalida los primeros tramos de las pesquisas realizadas por el juez actuante y haciendo lugar a los recursos extraordinarios presentados por la querella contra el pronunciamiento del Tribunal Oral Nº 3 y de la Cámara Nacional de Casación Penal. Los jueces consideraron que no se podía confirmar la nulidad de toda la investigación, sino de aquel tramo que estuvo viciado de parcialidad en la actuación  del ex juez Galeano. Pero hay que señalar que este fallo del máximo tribunal, que deja en pie los primeros tramos de la investigación -que incluye la pesquisa sobre Carlos Telleldín y su declaración indagatoria- confirma, sin embargo y sin ninguna duda, la nulidad de lo actuado con posterioridad al 31 de octubre de 1995, cuando Galeano decidió investigar a policías bonaerenses por extorsión en perjuicio de Telleldín, agregando un espurio intento de involucrarlos, sin pruebas suficientes,  en la participación en el grave atentado.

Con la resolución, la Corte busca dar un claro mensaje de que no se resigna al estado de absoluta  impunidad que quedaba el expediente en su estado actual. Es importante destacar además que esta decisión no modifica la destitución del ex Juez Juan José Galeano que queda firme, así como la prosecución del juicio oral que lleva adelante el juez Ariel Lijo en el procesamiento por encubrimiento contra el mismo juez actuante, los ex fiscales Mullen y Barbaccia, el ex jefe de la SIDE, Hugo Anzorreguy, el ex dirigente comunitario Rubén Beraja y otros, y el llamado a indagatoria al ex presidente Carlos Menem por presunta obstrucción a la investigación.

Mientras tanto, la investigación emprendida por la Unidad Fiscal encabezada por el fiscal  Alberto Nisman no muestra avances efectivos en la dilucidación de la causa en su costosa investigación de la conexión local, a lo que se agrega un áspero enfrentamiento  entre el fiscal y el asesor legal de la AMIA, el Dr. Agustín Zbar al que inició una querella penal por presuntas amenazas, lo que ha provocado justificada preocupación en los familiares de las víctimas del atentado por la poca clara conducta de la dirigencia de AMIA y DAIA en el manejo de este nuevo conflicto que puede perjudicar la marcha de la causa.

 
Situación Internacional

América latina ha quedado conmovida por el quiebre institucional que ha sido llevado a cabo en la República de Honduras. En este caso, militares hondureños secuestraron y mandaron a Costa Rica a su presidente, Manuel Zelaya, con el pretexto que de este modo impedían la violación de Constitución por el llamado a una consulta, que no era vinculante, para preguntar al pueblo si estaba de acuerdo en votar,  el mismo día de las elecciones presidenciales de noviembre de este año, a otro referéndum para convocar a una reformar de la Constitución. Esto invalidad las presuntas acusaciones de que Zelaya buscaba la reelección, ya era materialmente imposible que esto sucediera.  El continente americano que ha aprendido las consecuencias nefastas que tienen esta clase de interrupción violenta del ordenamiento constitucional ha reaccionado unánimemente, condenando la usurpación y comprometiéndose a no reconocer al nuevo régimen establecido en Honduras. Tanto la Organización de Estados Americanos, como la Unión Europea, así como los bloques regionales, estuvieron a la altura de las circunstancias, repudiando este burdo intento destituyente, y a ese repudio se ha sumado el propio presidente de los EE.UU., Barak Obama, que calificó a este hecho como un “golpe de estado.” Demasiado ha padecido la región de dictaduras militares pasadas, con sus secuelas muchas veces sangrientas, para conformarse a aceptar ahora esta clase de intentonas luego de años de  ejercicio democrático. El retraso institucional en la región que ocasionaría la indiferencia generalizada, sería enorme.

En otro orden de cosas, el descalabro económico originado en los EE.UU. bajo la administración Bush, ya tiene consecuencias que van más allá de los problemas puramente financieros,  afectando seriamente la situación socio económica de todos los países de este mundo globalizado. El altísimo aumento en el desempleo en EE.UU. y la mayoría de los países europeos que alcanza actualmente cifras alarmantes,  crea un clima de xenofobia y exclusión de los sectores inmigrantes acompañado con una  alarmante aparición y crecimiento de partidos de ultra derecha que hacen suyo este mensaje disociador y discriminatorio.

El surgimiento de Barak Obama a la presidencia de EE.UU. le ha impreso en este primer medio año de gestión,  una dinámica y un contenido diametralmente opuesto a la retrógrada administración republicana que había exacerbado el panorama internacional, creando frentes de conflictos bélicos, que Obama quiere ir resolviendo mediante un constructivo entendimiento con los países  involucrados, donde la diplomacia juega un rol principal. Uno de ellos es el prolongado conflicto israelí-palestino que, de solucionarlo, aliviaría la tensión internacional,  incorporando de este modo a la mayor parte del mundo islámico en su visión de una humanidad con menor conflictividad.

 
Situación en Israel

Para esta política de conciliación mundial, Barak Obama no ha encontrado un interlocutor válido en el nuevo gobierno establecido en Israel. Un gobierno de extrema derecha, conformado por figuras nefastas, como el ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman, ex miembro del movimiento racista Kach del tristemente célebre Meir Kahane, un gobierno que ya ha descartado reconocer los magros logros de los distintos intentos en dar fin a una ocupación que ya se prolonga por más de 40 años, imposibilitando la creación de un contiguo estado palestino viable, una solución que el mundo islámico moderado vería con satisfacción, reconociendo definitivamente al estado de Israel, como lo manifiesta en su propuesta del 2002. Esta aumentada actitud chauvinista israelí ya ha comenzado a sentir el rechazo y la crítica de países democráticos. Israel se está aislando paulatinamente del mundo. Esto también tiene repercusión en las Diásporas donde las dirigencias de los establishment  comunitarios tratan de justificar y defender una actitud negativa que enfrenta, lamentablemente, una creciente crítica de la opinión pública y  de relevantes personalidades de la política y la cultura  que no podemos tildar de antisemitas. Indudablemente Israel deberá retomar los ideales humanistas que han impulsado la creación del estado, como único recurso que preserve su continuidad en el tiempo.