Categoría: Israel

Fuente: daniel.kupervaser.com    (13-06-2020)

El proyecto de Netanyahu de anexar a Israel territorios de Cisjordania tiene todas las características para convertirse en un punto de inflexión histórico en el desarrollo del conflicto palestino israelí. Mucho se ha escrito respecto de las posibles consecuencias y secuelas previstas para Israel y el pueblo judío del mundo de esta posible y osada decisión israelí. Por el contrario, ante esta posible y nueva constelación, muy poco ha visto luz respecto de las alternativas y sus posibles consecuencias respecto de los palestinos.

Sin lugar a dudas, el pueblo palestino se encuentra en estos tiempos en una de sus peores y más débiles momentos de su historia. Todo este proceso esta liderado por la iniciativa israelí, mientras que a los palestinos solo les queda replicar, generalmente por medios totalmente infructuosos.

Ante esta problemática realidad, el liderazgo palestino se enfrenta con tres alternativas.

Primera: reacción violenta, un tipo de intifada, con la esperanza de poder convencer a la sociedad y gobierno de Israel a una salida tipo desconexión de Sharon en Gaza en 2005. No solo sectores extremistas dentro del pueblo palestino lo exigen (Hamas), también distinguidos analistas como dos ex jefes del Shabak (Servicios de Seguridad de Israel) Ami Ayalon y Yuval Diskin le otorgan muchas posibilidades de concretarse (“Avanzamos hacia una realidad violenta”, Maariv, 4-6-2020, “También esta vez todo puede terminar en sangre”, Ynet, 9-6-2020).

La realidad de Cisjordania de 2020 dista años luz de aquella de Gaza en 2005. Aun con costosas y dolorosas pérdidas de vidas israelíes, ante una masiva rebelión palestina, es de suponer que la enorme superioridad de fuerzas de Israel terminará por sobreponerse arrodillando y humillando a los palestinos. Peor aún, la causa palestina perdería muchos adeptos en el mundo e incrementaría significativamente la aversión de la sociedad israelí hacia una posible y futura salida política del conflicto.

Segunda: Continuar con los esfuerzos diplomáticos con el objetivo de obtener un amplio reconocimiento mundial de Palestina como estado independiente. En una reunión de prensa, “el primer ministro palestino, Mohamed Shtayyeh, advirtió que Palestina declarará unilateralmente la independencia como Estado, dentro de las fronteras de 1967, si el Gobierno de Benjamín Netanyahu cumple la “amenaza existencial” de extender la soberanía a los asentamientos y el valle del Jordán (“Palestina declarará su independencia como Estado si Israel se anexiona Cisjordania”, El País, 9-6-2020).

Las perspectivas de éxito en esta campaña son muy limitadas. En realidad, ya de años atrás la Autoridad Palestina esta involucrada en este operativo donde solo lograron el reconocimiento de parte de los estados del mundo. Difícilmente puedan agregar muchos mas en la realidad mundial de 2020. Tanto los gobiernos de Israel, como una parte significativa de la sociedad israelí, con alto grado de seguridad, no van a permitir en un largo plazo la constitución de un estado palestino independiente.

Tercera: Renunciar al proyecto de un estado palestino independiente para adherirse a la corriente palestina que considera necesaria comprender la situación de facto de Cisjordania para exigir la ciudadanía israelí en el marco de un estado binacional desde el Mediterráneo hasta el Rio Jordán. Muy probablemente el sueño de la ciudadanía israelí se convertirá en una fantasía mientras que la situación de opresión y discriminación de la población palestina de Cisjordania no cambiaría en nada respecto de la situación actual. Aun concretándose el fantasma demográfico de una mayoría palestina que significa dar ciudadanía a palestinos de Cisjordania, Israel fácilmente puede contrarrestarlo otorgando ciudadanía israelí a todos los judíos del mundo con derecho a voto en el exterior. 

De todas maneras, surge el interrogante: ¿Esta insoportable realidad del pueblo palestino será eterna? La respuesta es no, pero.

Este callejón sin salida para los palestinos, que ya lleva mas de medio siglo de existencia, convive con una constelación estratégica del conflicto que no puede cambiar si no se toman en cuenta la permanente presencia de dos factores de suma importancia que se consolidaron durante las últimas décadas. Se trata de la supremacía estadounidense a las estructuras financieras y comerciales del mundo (no necesariamente la supremacía militar) y el masivo aporte de judíos a la financiación de las millonarias campañas electorales en USA (“Why the Jewish vote is so important to US presidential candidates”, Gil Troy, Ynet, 11-6-2016).

Como ejemplo del servilismo estadounidense a los objetivos de Israel en el marco de esta constelación estratégica, entre muchos más, vale la pena mencionar la confesión de Trump ante judíos millonarios donantes del partido republicano donde afirmó con referencia a sus decisiones a favor de Israel “Le conseguimos lo que ustedes querían” (“Trump to Republican Jewish Coalition: Democrats will damage Israel”, The Guardian, 6-4-2019).

Otro ejemplo lo es la severa advertencia del canciller estadounidense Pompeo a los miembros del Tribunal Internacional de La Haya si es que se atreven a enjuiciar a militares o políticos israelíes por haber cometido delitos de guerra en Cisjordania según leyes internacionales (“Pompeo warns ICC of ‘consequences’ for potential war crimes probe of Israel”, The Time of Israel, 16-5-2020). Israel busca su apoyo en un estado que se conduce bajo una conducta propia de una organización mafiosa.

Ante esta realidad, el liderazgo y pueblo palestino tienen que entender que nada básicamente puede cambiar en la posibilidad de concretar sus aspiraciones de liberación nacional si, al menos, uno de los dos factores antes mencionados deja de ser relevante. Esto solo podría materializarse si el gigante chino logra modificar las reglas de juego universales básicas en materia de comercio y finanzas de manera que dejen sin efecto el control total estadounidense, o alternativamente, que la sociedad estadounidense ponga fin a la gran dependencia del financiamiento de campañas electorales de bolsillos judíos. 

Nada prometedor en el horizonte palestino.