Categoría: Israel

Fuente: daniel.kupevaser.com    (15-05-2020)

Anexión de Cisjordania, ¿un cálculo electoralista de Netanyahu?Si bien el pretexto declarado en la formación del nuevo gobierno de urgencia nacional se centró en la confrontación de las devastadoras secuelas de la pandemia del virus corona, la documentación formal que la acompaña revela que, en realidad, fueron otros dos los temas a los que se les dedicó la mayor atención. El primero es la máxima protección a Netanyahu frente a los juicios por corrupción.

El segundo está referido a la chance otorgada a Netanyahu para dar un buen bocado de anexión a territorios de Cisjordania aprovechando el servilismo incondicional, y con posible fecha de caducidad el próximo noviembre, del presidente Trump.

El objetivo de esta nota no es resaltar las predecibles consecuencias positivas o negativas de esta histórica y dramática decisión. Por el contrario, se trata de aclarar el gran interrogante: ¿Netanyahu materializará o no la anexión en este gobierno? En las próximas líneas nos centraremos en los factores principales que pueden impulsar o frenar a Netanyahu en sus dudas por llevar adelante la anexión.

La primera condición para imponer soberanía israelí en territorios de Cisjordania la expuso y detalló Netanyahu repetidamente. Se trata de la anuencia del presidente Trump. Netanyahu, que enarbola la primacía de los valores judíos, para apoderarse por la fuerza de tierras ajenas, deja todo eso de lado y recurre como fuente de justicia universal a la palabra de un grotesco y ridículo personaje de otro país que se jacta de tomar medidas a favor de Israel según exigencia de judíos que le donaron importes millonarios para su campaña electoral (The Guardian, 6-4-2019). Una problemática imagen del judaísmo que muy bien el mundo la puede interpretar como una compra cuyo pago lo recibe Trump y no los dueños originales de la tierra.

Al respecto, cabe mencionar que el entusiasmo y seguridad que reina en los grupos que promueven la anexión, en la interpretación de las intenciones de Trump por su plan de paz, lentamente tienden a dispersarse. Los últimos días los medios de información recibieron trascendidos de buenas fuentes de la administración de Washington donde se acentúan firmes reservas, por no decir oposición, a la anexión inmediata y unilateral de territorios de Cisjordania. Según New York Times, el canciller estadounidense Pompeo, en su visita a Jerusalén esta semana, le trasmitió a Netanyahu la clara insatisfacción de Trump ante una decisión de ese tipo (“On Annexation, a Green Light Turns Yellow, Pompeo’s Visit to Israel Signals”, 13-5-2020). O aceptan todo el plan, incluyendo la creación de Estado palestino y cesión de tierras del Negev de Israel a los palestinos, o no toman ninguna decisión unilateral.  

El segundo escollo que Netanyahu debe enfrentar se encuentra dentro del nuevo parlamento cuya mayoría simple de 61 miembros es la instancia soberana en esta decisión. Con el propósito de limitar la libertad de acción de Netanyahu, Gantz introdujo en el acuerdo entre ellos la condición que la anexión dependa, además de la autorización de Trump, también del resultado de un acuerdo regional y que se garantice la seguridad de Israel. Después que pocos días atrás Gantz y Amir Peretz demostraron que son capaces de traicionar sus principios y promesas para robar votos, nadie puede garantizar que nuevamente no se arrodillen frente a Netanyahu. Alternativamente, Netanyahu podría disponer de mayoría sin la ayuda de Gantz y Peretz con el apoyo de otros desertores políticos de las últimas elecciones como Orly Levy, Hendel y Auzer. Mas aun no se puede descartar la posibilidad que su acérrimo contrincante del último tiempo, Liberman, se pliegue a la iniciativa que, en última instancia, es parte de su visión ideológica.

Suponiendo que Netanyahu logra sobreponerse a los dos posibles obstáculos a la anexión previamente descriptos, con seguridad, antes o después y, en forma personal y como político muy perspicaz, Netanyahu sopesará el real sentido y necesidad de tan drástica decisión. Desde ese ángulo, la anexión de partes o todo Cisjordania se asemeja a la declaración de Trump de reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel.

Todo terminó en una declaración que gratificó a los seguidores de Netanyahu, pero no modificó en absoluto lo que hace Israel y lo que tácitamente reconoce todo el mundo. El resultado es conocido. Solo se trasladó a Jerusalén la embajada de un país liderado por un presidente disparatado (USA) que recibe millonarias donaciones de magnates judíos, y la de otro que recibió promesa de inversores israelíes por 2 mil millones de dólares que seguramente todavía la están buscando (Guatemala). Lo más interesante es que las embajadas se trasladaron a Jerusalén Occidental, lo mismo que algunas oficinas de intereses económicos de otros países. Esto se interpreta como una clara manifestación de reconocimiento implícito solo de Jerusalén Occidental como capital de Israel, como lo hace todo el mundo, acto que no requería tantos festejos y alharaca. 

Netanyahu tiene claro que, al igual que el caso Jerusalén, se trata de una decisión cuyos beneficios se sopesan únicamente en materia de efecto sobre su base electoral. La continuidad del statu quo actual maximiza los beneficios de Israel y minimiza los descomunales costos e imprevisibles riesgos de la alternativa de la anexión. De hecho, no hay necesidad objetiva de anexión, ya que solo se acumularán daños sin beneficio real alguno.

Israel controla hoy absolutamente todo aspecto de Cisjordania y está en condiciones de hacer prácticamente lo que se le ocurra. Se trata de una situación de anexión de facto.

Cientos de miles de colonos, y otros tantos que se agregarán en el futuro solo a su capricho, viven en esos territorios con todos los derechos como si vivieran en los limites reconocidos internacionalmente de Israel.

La existencia de la Autoridad Palestina evita la necesidad de administrar, financiar y preocuparse por todos los aspectos de la vida de 3 millones de palestinos que caería bajo responsabilidad de Israel si se decide una anexión de jure.

Como es costumbre, con toda seguridad Netanyahu lee y escucha la opinión de ciertos sectores que generalmente inclinan sus opiniones positivas hacia sus políticas. Sin entrar en detalles, y fuera de la larga lista de generales retirados y funcionarios de los servicios de seguridad que alertan de los nefastos resultados de una posible anexión, no se puede pasar por alto la resonante alerta que trasmitió días atrás Daniel Pipes. Se trata de un reconocido y muy influyente politólogo estadounidense identificado claramente con la dura derecha americana y que conduce una institución cuya principal función, hasta ahora, fue identificarse y promover las políticas de la derecha israelí en Medio Oriente. Pipes difundió un artículo, nada menos que en el New York Times (calumniado como “vocero de la izquierda”) bajo el título “La anexión de Cisjordania causará daño a Israel” (NY Times, 7-5-2020).

El texto de Pipes mas se parece a un manifiesto de la izquierda israelí y afirma textualmente: “En resumen, la anexión de Cisjordania probablemente dañaría las relaciones de Israel con la administración Trump, los demócratas, los líderes europeos y árabes, además de desestabilizar la región, radicalizar la izquierda israelí y dañar el objetivo sionista de un estado judío. La conclusión es simple: no jugar con el temperamento de Trump, no enfurecer a los demócratas y europeos, no enajenar a los líderes árabes, no inflamar a los palestinos, no radicalizar la izquierda israelí y no agregar palestinos como ciudadanos israelíes. En consecuencia, los amigos de Israel deben decir en voz alta y clara «No» a la anexión de Cisjordania”.

Para un político sagaz como Netanyahu, cuyo objetivo principal tal, como se perfila a lo largo de su extenso currículo político de las ultimas dos décadas, es la persistencia personal y de su familia en el poder, renunciar a la anexión no seria la primera oportunidad que defrauda a sus seguidores. En última instancia las huellas de su pasado están repletas de cadáveres políticos de quienes creyeron en su palabra.

El principal indicio de las dudas que esconde Netanyahu surge del análisis de un documento marginal y sin mayor importancia en el marco de la constitución del nuevo gobierno. La traición de Orly Levy a sus votantes de la coalición Avoda-Meretz se materializó con la firma del acuerdo entre ella y el Likud. En el marco de ese documento Orly Levy se compromete a apoyar “toda posición del primer ministro coordinada con EE.UU. con referencia directa o indirecta a la temática de la anexión”. (Knesset de Israel: Documentos de los acuerdos de coalición en el marco de la formación del nuevo gobierno). Prestar atención: la expresión “toda posición” incluye también la oposición a la anexión.

Pese a la constitución de un gobierno de coalición nacional, todo analista sabe muy bien que toda decisión depende exclusivamente de Netanyahu. Gantz no es mas que un adorno en el tablero. El futuro nos traerá la decisión de Netanyahu.

El hecho que Netanyahu se retracte de su proyecto de anexión, de ninguna manera deja de lado la gran amenaza del futuro de Israel. La anexión adelanta la constitución de un estado binacional palestino-israelí. El status quo solo la pospone por unos años. Solo es cuestión de tiempo hasta que desaparezca el carácter judío de Israel.

Ojalá me equivoque