Categoría: Israel

Fuente: Haaretz     (31-01-2020)

Las declaraciones que se escuchan con la intención de anexar el Valle del Jordán y los asentamientos a Israel de boca de políticos desde Azul y Blanco hasta la extrema derecha del mapa político israelí, con el trasfondo del “acuerdo del siglo” del presidente Trump, ponen en duda las verdaderas intenciones de Israel cuando asume su voluntad de dar por terminado el conflicto. Ponen en duda por que se niegan a aceptar a los palestinos como contraparte de la solución de dos estados, bajo el argumento que esa solución se convertirá en “plan de etapas” de ellos para instaurar una sola Palestina desde el mar hasta el rio Jordán, tal como lo expuso Netanyahu en el año 1993: “La estrategia de Movimiento para la Liberación de Palestina (OLP) se basa en la doctrina de las etapas y su objetivo es destruir el Estado de Israel y no llegar a un acuerdo con él. El muerto se asusta del degollado.

Desde su creación, el movimiento sionista se fijó tres objetivos estratégicos nacionales en vista de la creación del Estado Judío: orden democrático, mayoría judía, y tercero, en todo el territorio del mandato inglés. A estos tres objetivos del comienzo los denominaría bajo el nombre de “la verdad verdadera” del sionismo, el objetivo final a donde apuntan todos los esfuerzos. Conseguirlos, tal como lo mencionó Herzel, será el resultado de dos condiciones: A- una gran inmigración judía que se sobreponga a la mayoría absoluta árabe del momento (90% de toda la población en 1922) para convertirla en una minoría con igualdad de derechos. B- apoyo internacional, como se materializó después de su muerte por medio de la Declaración Balfour en 1917 y la carta de autorización de la Liga de las Naciones con la constitución del mandato inglés en 1922.

La visión de la “verdad verdadera” debió enfrentarse desde el principio y hasta el día de hoy con la realidad demográfica y política en la región. Esto obligó al movimiento sionista a fijar un orden de prioridades de los tres objetivos anteriormente mencionados, y consecuentemente, trajo al mundo lo que yo denomino la “verdad del momento”, el objetivo circunstancial, que satisface, momentáneamente, parte de los objetivos finales, pero que, ante un cambio en la coyuntura, deja la puerta abierta para arribar a esos objetivos finales.

La “verdad del momento” se sobrepuso por primera vez a la “verdad verdadera” en oportunidad de la publicación del primer “Libro Blanco” de Churchill y la carta de autorización del mandato inglés en 1922. El Congreso Sionista Mundial (WZO) se vio obligado a decidir entre su exigencia de incluir en el territorio del mandato inglés una zona más allá de la ribera oriental del rio Jordán (un 20% del territorio de Jordania de hoy) o la amenaza inglesa borrar el inciso 4 de la carta del mandato que otorgaba al WZO la representación de la población judía en el mandato, situación que hubiese permitido a la población árabe local demandar la constitución de un gobierno solo de locales. EL WZO se inclinó por mantener el inciso 4 y la ribera oriental del rio Jordán desapareció de las exigencias territoriales judías.

La Comisión Pill de 1937 fue otra estación en donde la “verdad del momento” se sobrepuso a la “verdad verdadera” obligando al movimiento sionista a fijar su posición oficial respecto de la partición del territorio del mandato y el orden de prioridades de los tres objetivos. La desesperante necesidad de erigir un ente estatal independiente, que pueda absorber los judíos europeos ante la amenaza nazi de Alemania, se sobrepuso al sueño de la “Gran Israel”. Mordechai Namir fue quien mejor detalló los motivos demográficos y políticos en la convención del partido Mapai de 1936: “Reducción del territorio, es el precio que debemos pagar por el atraso fatal del pueblo judío en la construcción del estado y por el rápido crecimiento de movimiento árabe”. Un año mas tarde, David Ben Gurion se refirió al tema en una carta a su hijo Amos: “Lo que queremos no es que nuestro estado sea grande y uniforme, sino que el estado grande y uniforme sea judío. No tengo ninguna satisfacción por la Gran Israel, cuando es árabe”. Pero tanto Namir como Ben Gurion veían en la decisión algo solamente transitorio, y cristalizaron el plan de etapas del sionismo para arribar a la “verdad verdadera”. Así agregó Namir: “Las próximas generaciones … seguramente encontrarán el camino para corregir las desviaciones” y Ben Gurion escribió en su carta: “Un estado judío parcial no es el punto final, solo el principio…. erigir un estado, inclusive parcial, es un refuerzo máximo en esta época, y servirá como una gran catapulta en nuestros esfuerzos históricos por redimir todas las tierras de Israel”. La oposición árabe al plan de la Comisión Pill ahorró de los judíos la necesidad de demostrarlo.

En 1947, nuevamente la constelación histórica se sobrepuso a la “verdad verdadera”. El temor de Ben Gurion que Inglaterra devuelva la carta de institución del mandato a la ONU, decisión que impediría el arribo de ciento de miles de sobrevivientes del holocausto a la tierra de Israel, lo condujo a presentar al canciller británico en febrero de 1947 la posición del movimiento sionista como presidente del WZO y de la Agencia Judía, con estas palabras: “el único arreglo posible e inmediato, con perspectivas de ser final, es la creación de dos estados, uno judío y el otro árabe”. Esta fue la posición oficial que comprometía la población judía del territorio como “la verdad del momento”, pero al mismo tiempo mirando al frente interno Ben Gurion planeó y trasmitió la “verdad verdadera”.

En fecha 22 de mayo de 1947, en una asamblea de representantes en Jerusalén, Ben Gurion preguntó retóricamente: “¿Hay alguien dentro nuestro que la intención original de la Declaración Balfour y el mandato…fue finalmente crear un Estado Judío en todo el territorio de Israel?” En fecha 17 de septiembre de 1947, en una reunión del partido Mapai, declaró Ben Gurion que “se debe crear el Estado Judío en la parte que hay mayoría judía …. y con respecto a la otra parte, hay que esperar que se desarrolle una mayoría judía”.

De hecho, dado la oposición árabe a la propuesta de partición y el hecho que los árabes iniciaron la guerra, la propuesta dejó de ser relevante, cambiaron las circunstancias de manera que le permitieron a Israel, recién nacido, agregar otro 23% del territorio al 55% que le fue otorgado en el plan de partición. Aun así, al final de la guerra retomó preponderancia nuevamente la “verdad del momento”. Ben Gurion prefirió no conquistar todo el territorio de la Israel mandataria y lo argumentó en un discurso de la Knesset en abril de 1949 cuando afirmó: “Un Estado Judío en todo el territorio de la Israel mandataria solo seria posible en una dictadura de una minoría. Estado Judío con la realidad existente, inclusive solo en el Israel occidental, sin Dir Yasin (símbolo de una masacre y destierro de árabes – Sh.A.), es imposible. Si fuese democracia, la población árabe en la parte occidental del territorio es mayor que la judía”.

La oportunidad de materializar la “verdad verdadera” reaparece como resultado de la conquista del todo el territorio de la Israel mandataria en la guerra de los 6 días en 1967, pese que, como resultado de la guerra del Sinaí en 1956, Ben Gurion cambió sus aspiraciones territoriales cuando trató de otorgar el carácter de limites internacionales de Israel a las líneas del armisticio de 1949. En una entrevista al diario Haaretz en fecha 2 de octubre de 1959 dijo Ben Gurion: “Quien hoy sostiene que controversias históricas entre pueblos se pueden resolver solamente por medio de la fuerza militar, no sabe en que mundo vivimos. Toda cuestión local, hoy se convierte en temática internacional, y, por lo tanto, nuestras relaciones con los pueblos del mundo no son menos importantes que nuestra fuerza militar, que debemos continuar desarrollando para disuadir ataques y triunfar si nos vemos obligados a luchar”.

La realidad demográfica, con una mayoría árabe en el territorio, nuevamente se sobrepuso a la visión total sionista de la Gran Israel. Israel evitó anexar los territorios conquistados en la guerra de 1967. La firma a los acuerdos de Oslo fue vista por todos las partes – israelíes, palestinos y los pueblos del mundo – como demostración que la “verdad del momento” se convirtió en la “verdad verdadera”, dada la voluntad israelí verdadera de un estado democrático con mayoría judía, y también el fin del conflicto y demandas. La OLP, de su parte, declaró en el año 1988 que deja de lado su sueño de una sola Palestina, como contrapartida de un estado en el 22% del territorio. Israel transfirió a la Autoridad Palestina la responsabilidad del 40% de Cisjordania y el 90% de su población palestina, como la primera etapa en camino de la solución de dos estados. También Netanyahu se vio obligado a acomodarse por cierto tiempo, dado los acuerdos internacionales que originó la “verdad del momento”, y trasferir la ciudad de Hebrón a la Autoridad Palestina en 1997, como así también otros territorios en el marco del acuerdo de Why en 1998.

En el año 2005 Israel se desvinculó de la franja de Gaza, que todos los gobiernos de Israel hasta 1993 quisieron anexar. Ariel Sharon explicó los motivos de la salida de Gaza en una reunión de parlamentarios del Likud en el año 2003: “Tener 3,5 millones de palestinos bajo conquista es algo muy dañino para Israel, también para los palestinos y también para la economía de Israel. Hoy hay 1,8 millón de palestinos que son mantenidos por organismos internacionales. ¿Ustedes lo quieren tomar sobre sus hombros?, ¿nos haremos cargo de la medicina?, ¿de la salud?, ¿de la educación? Dediquémoslo a nuestros estudiantes. ¿Ustedes quieren permanecer siempre en Jenin, Nablus, en Ramallah o Belén? Yo no creo que sea apropiado”. Posteriormente agregó Sharon respecto a la desconexión de Gaza: “Creía y tenia la esperanza que podríamos mantenernos en el lugar por siempre, pero la realidad cambiante en Israel, en la región y en el mundo me obligo a otra evaluación y a un cambio de posición”.  

Netanyahu, que es reelegido primer ministro en 2009, frenó toda posibilidad factible de reanudar las negociaciones con los palestinos y alentó su división interna. La llegada de Trump a la Casa Blanca en 2016 creó, desde su punto de vista y la de Naftali Bennet y sus camaradas, la oportunidad del retorno de la “verdad verdadera”. “El sueño es que Cisjordania sean parte de la Israel soberana”, declaró Bennet en el año 2016, exigiendo la anexión de la sección C de Cisjordania.

Teniendo en cuenta que desde 1937 no cambiaron los parámetros básicos en el territorio – continuidad de la exigencia nacional palestina a un estado reconocido internacionalmente y la existencia de una mayoría árabe (sin refugiados) entre el Mediterráneo y el rio Jordán –  la decisión actual de anexar el Valle del Jordán y los asentamientos israelíes de Cisjordania con el patrocinio del gobierno estadounidense  es totalmente diferente de decisiones anteriores del liderazgo sionista en la historia del conflicto desde 4 aspectos.

En primer lugar, en esta oportunidad no se trata de una amenaza de crear un estado, o amenaza a su seguridad o al orden democrático de Israel, sino que solo se trata de la materialización del sueño mesiánico-nacionalista para crear el “comienzo de la redención” de los discípulos del Rabino Kook y los “burros” que demanda “la limpieza del territorio de sus residentes”.

En segundo lugar, la decisión que se demanda no es el resultado de una propuesta de la comunidad internacional ni tampoco recibe su apoyo (no como las propuestas del la Comisión Peel y resoluciones de ONU 181, 242,338), sino que es el resultado de una iniciativa unilateral del gobierno israelí, que se aprovecha del apoyo de Trump frente a la debilidad palestina, el mundo árabe, la comunidad europea y ONU.

En tercer lugar, la anexión está en contravención con todas las resoluciones internacionales referidas al conflicto, la carta de ONU y los acuerdos firmados por Israel con Egipto, Jordania y PLO que Israel se comprometió a cumplir. La anexión hará desaparecer toda posibilidad que los palestinos estén dispuestos a asumir riesgos en cualquier aspecto (por ejemplo, desmilitarización), endurecerá las posiciones de Jordania y Egipto y proveerá de una eterna munición a Irán y sus aliados en sus planes de hacer desaparecer a Israel.

En cuarto lugar, y el aspecto más importante, por primera vez esta decisión otorgará preferencia a la Gran Israel antes que mantener un orden democrático y mayoría judía en Israel. Sheldon Adelson, el patrocinador de Netanyahu, fue quien expresó esta idea. En sus palabras, “No es tan terrible que Israel no sea democracia. No está escrito en la Torah.

El plan que publicó el gobierno de Trump esta semana no encontrara ningún partner palestino o árabe importante. Esta oposición palestina natural, sobre la base de la adopción del plan por parte de Israel, será interpretado como recepción de legitimación a una profunda anexión, que no es más que la concreción del plan de las etapas de Israel

Traducción: Daniel Kupervaser, para su página web daniel.kupervaser.com