Categoría: Israel

Fuente: Al-Monitor       (28-06-2019)

Resultado de imagen para Netanyahu+Ben CaspitEl 29 de mayo, el primer ministro Benjamin Netanyahu obligó a la Knesset israelí recién elegida a disolverse y fijar una fecha, el 17 de septiembre, para nuevas elecciones. Desde entonces Netanyahu ha pasado sus días y sus noches tratando de  pensar en una manera de revertir esa fatídica decisión luego de darse cuenta de que otra ronda de votación, solo cinco meses después de su victoria en las elecciones de abril de 2019, podría ser un desastre.

La disolución del parlamento pocos días después de que los legisladores hubieran juramentado fue una elección de Hobson.(1) El plazo legal de Netanyahu para formar un nuevo gobierno expiró a la medianoche del 29 de mayo, y se quedó sin opciones. Técnicamente, debería haber devuelto el mandato al presidente Reuven Rivlin, quien podría haberle pedido a otro miembro de la Knesset que intentara formar un gobierno. Por ley, Rivlin podría haberle asignado el trabajo a otro legislador del Likud o incluso haber llamado al rival de Netanyahu, el presidente de Azul y Blanco, Benny Gantz. De cualquier manera, habría insinuado el final inmediato de la era de Netanyahu.

No habría sido simplemente el final de la carrera política de Netanyahu, sino también una catástrofe personal. Netanyahu ha jurado luchar contra las acusaciones penales pendientes contra él desde el asiento del primer ministro; su camino a la cárcel por la corrupción podría ser mucho más corto como ex primer ministro. Netanyahu no quiere terminar como su antecesor, Ehud Olmert, quien fue encarcelado por corrupción en 2016. Por lo tanto, tuvo que impedir a toda costa la formación del próximo gobierno por parte de cualquiera que no fuera Benjamin Netanyahu. Así, la Knesset recién instalada tuvo que suicidarse. Al día siguiente, Netanyahu se dio cuenta de que se había excavado un agujero: el 17 de septiembre, tendrá que reunir los votos suficientes para asegurar una mayoría de 61 escaños en el Knesset de 120 miembros sin el apoyo del ex ministro de Defensa Avigdor Liberman. Una tarea aparentemente imposible.

Las encuestas parecían cada vez más sombrías. La popularidad de Liberman, nacida de su negativa a unirse a un gobierno de Netanyahu por el tema de la conscripción militar  de los ultraortodoxos, estaba creciendo en lugar de hundirse. El espectro de ser tildado de "perdedor" apareció después de 10 años en la cargo del primer ministro, al que no quería renunciar; Netanyahu se convirtió en mayo en el primero de los primer ministro israelí en no formar un gobierno después de ganar una elección y recibir el mandato del presidente. A la luz del inminente fracaso, Netanyahu decidió intentar revertir la disolución de la Knesset y cancelar las nuevas elecciones. Hasta ahora, él también ha fracasado en este esfuerzo.

Aunque Netanyahu incitó contra la izquierda política y los izquierdistas israelíes durante años, ofreció al Partido Laborista casi todas sus posesiones mundanas si se uniría a la coalición que estaba tratando de improvisar. A medida que el reloj marcaba el plazo del 29 de mayo, la oferta se hizo cada vez más generosa. En un momento dado, Netanyahu acordó conformarse con dos desertores laboristas, el presidente del partido Avi Gabbay y el segundo en jerarquía Tal Russo, pero eso también fracasó. Al mismo tiempo, trató de atraer a los centristas Azul y Blanco a unirse a su coalición, incluso ofreciéndose a dividir el cargo de primer ministro con Gantz en un acuerdo de rotación. Eso, también, fracasó.

En las últimas dos semanas, Netanyahu ha batido todos los récords, incluso tratando de formar una alianza con los 10 miembros del Knesset árabe elegidos en abril. Sí, los mismos legisladores que Netanyahu había difamado y convertido en leprosos públicos de repente se convirtieron en su posible salvavidas. Con las cuestiones políticas lanzadas por la borda en un abrir y cerrar de ojos, Nathan Eshel, uno de los socios más cercanos de Netanyahu, escribió dos editoriales, uno en la Haaretz de izquierda, el otro en el derechista Makor Rishon, considerando al 21% de la minoría árabe de Israel como la gran esperanza de la derecha. Netanyahu también estaba dispuesto a dar a los árabes muchas de sus preciadas posesiones, a cambio de su apoyo a una ley que cancelaba las elecciones de septiembre y de su respaldo al gobierno minoritario que formaría inmediatamente después de su aprobación. El presidente de la Knesset, Yuli Edelstein, dirigió este increíble y caótico escenario en nombre de Netanyahu. La trama extraña, sin embargo, no fue a ninguna parte, subiendo y bajando en una semana.

Una cosa se ha vuelto muy clara: Netanyahu no tiene líneas rojas, inhibiciones ni vergüenza cuando se trata de luchar por su vida política. Por otro lado, también hay un límite a su destreza legendaria.

El intento de alianza con los árabes se convirtió en una granada que explotó en su rostro, generando fuertes críticas desde la derecha. Los propios árabes permanecieron en silencio, lo que empeoró las cosas. Expertos y líderes de opinión de la derecha religiosa arremetieron contra el primer ministro, lo que hubiera sido inimaginable hace unas pocas semanas.

Sin embargo, vale la pena recordar que Netanyahu es uno de los mejores paladines políticos de la historia israelí. Es creativo, amplio, lleno de ideas y capaz de cualquier cosa. Sus rivales políticos creen que todavía podría tener una sorpresa en la manga. De hecho, hay varias opciones para elegir antes del 17 de septiembre. Podría invitar al presidente chino Xi Jinping a una visita histórica a Israel, diseñar otra sesión fotográfica con el presidente ruso Vladimir Putin (quien, según informes, planea visitarlo pronto), e incluso arrastrar a su "arma secreta", el presidente Donald Trump, a Israel. ¿Sería eso suficiente? Difícil de decir.

Ahora que las perspectivas de un voto de la Knesset anulando las elecciones de septiembre parecen cero, la preocupación ha girado en otro tema más delicado: ¿podría Netanyahu alentar un enfrentamiento con uno de los enemigos de Israel para crear una emergencia nacional y obligar a sus rivales políticos a posponer las elecciones o formar un gobierno de emergencia? Hasta ahora, Netanyahu ha demostrado ser un líder cauteloso, muy reacio a las aventuras militares. Su cautela nace principalmente de su instinto de supervivencia bien desarrollado.

Dados los conflictos militares de Israel durante las últimas dos décadas, Netanyahu sabe que cualquier guerra moderna en la que Israel pueda participar sería imposible de ganar, incluso si se trata de un choque militar limitado e incluso con la mejor fuerza militar en el Medio Oriente a su disposición. Lo que hace que la situación actual sea más explosiva es que la supervivencia personal de Netanyahu se encuentra en la encrucijada más terrible de su vida, y parece que se enfrenta a un callejón sin salida. El camino ha terminado; Su espacio para maniobrar está bloqueado.

En las últimas semanas, las reuniones informativas sobre seguridad y defensa proporcionadas por los asesores de Netanyahu se han vuelto más histéricas de lo habitual, ofreciendo advertencias repetidas sobre una posible explosión en uno u otro frente. Al-Monitor examinó recientemente la posibilidad de que Irán intente diseñar un choque con Israel para aumentar la presión sobre Trump. Los asesores de Netanyahu están tocando los tambores en este escenario. Esto no significa que Netanyahu sea belicista, pero sí significa que está jugando con la idea.

Israel es un estado que podría encontrarse en guerra en cualquier momento, sin previo aviso. La fricción persistente con Irán y Hezbollah en su frente norte podría salirse de control, deliberadamente o debido a un error humano o error de cálculo. El frente sur, con Hamas y la Jihad Islámica en Gaza, es sensible y volátil. Netanyahu también podría ordenar la evacuación, altamente controvertida y sancionada por el tribunal, de la pequeña aldea palestina de Khan al-Ahmar con la esperanza de que tal movimiento se convierta en violencia.

Tales medidas irían en contra del largo historial de Netanyahu y quizás también de su caracter. No obstante, con no solamente el puesto del primer ministro en juego, sino también su libertad personal, no se puede descartar ninguna opción. Los próximos 80 días, hasta las elecciones, serán especialmente delicados.

(1) Formulada originalmente por Thomas Hobson se la utiliza cuando la opción es un “tómalo o déjalo”. [Nota del traductor]

* Ben Caspit es columnista de Pulso de Israel de Al-Monitor. También es columnista y analista político de los periódicos israelíes y tiene un programa de radio diario y programas de televisión regulares sobre política e Israel.

Traducción: Dardo Esterovich