Categoría: Israel

Fuente: Haaretz    (12 -05-2019)

Resultado de imagen para The Heaven and Hell That Arenâ??t IsraelDos campos se destacaron en el debate durante la semana nacional de celebración de la independencia de este año: uno que se regocija y se enorgullece del país, y otro que está harto y avergonzado. La brecha entre ellos nunca ha sido más amplia. El primer grupo se identifica con el derecho, el segundo con el izquierdo y ambos están equivocados.

Paradójicamente, ambas posiciones contradicen la realidad: las vidas de quienes están orgullosos del país no son tan buenas; la mayoría son de grupos de bajos ingresos.

Los quejumbrosos en realidad tienen vidas más fáciles. Israel hoy está dividido entre los orgullosos y los avergonzados. Los primeros glorifican el presente, los últimos el pasado.

Los miembros del campo orgulloso, ultranacionalista y ala derecha del mismo, adoran a Benjamin Netanyahu y están seguros de que el primer ministro ha llevado al país a grandes alturas. Se regocijan en las ceremonias rituales nacionales que se han convertido en cultos de la personalidad. Veneran a los militares, derraman una lágrima al ver un sobrevuelo de la fuerza aérea o un aterrizaje tonto en la luna, y creen en un pueblo elegido. Piensan que la fuerza es el único medio para el éxito, que los árabes quieren destruirnos y que el mundo entero está contra nosotros.

Si tienen alguna queja sobre este país, es que es demasiado democrático y demasiado blando con los palestinos. Son la mayoría, y odian el otro campo.

Los miembros del campo avergonzado, liberales y humanista están seguros de que el otro campo les robó su país. Odian a Netanyahu, la fuente de toda impureza ante sus ojos, y están seguros de que solo por él, el país se ha corrompido. Aborrecen la ocupación, la agresión, la violencia, el militarismo y la religión, y están seguros de que la democracia de Israel está a punto de ser destruida en favor de una dictadura al estilo de Corea del Norte.

El Tribunal Superior de Justicia es su templo, un templo falso. Constantemente preguntan si Israel seguirá existiendo en una década. Su esperanza para sus hijos es que salgan y vivan en otro lugar. Sienten que la vida aquí se ha convertido en un infierno. "Mira lo que ha sido de este lugar" es su eslogan. Han comenzado a odiar "este lugar".

Sin embargo la realidad es lo siguiente: Israel no es el paraíso del primer campo ni el infierno del segundo. El primer grupo es el resultado de la propaganda sionista, que les inculcó el dogma de que nada se compara con Israel, que Israel puede hacer lo que quiera y que es la víctima universal, que "democrático" significa tiranía de la mayoría y "judío" significa despotismo judío, y que es posible tener ambos. Que los palestinos no tienen derechos y no son humanos.

Las creencias del primer campo son un castillo de naipes hecho de ignorancia, arrogancia, ultranacionalismo y temores infundados. Israel no es su paraíso; es agresivo, manipulador y carente de toda compasión, incluso para sus propios ciudadanos. Mantiene una dictadura militar en los territorios ocupados, aprueba leyes antidemocráticas y se está deteriorando.

Por otro lado, no es el infierno que describe el segundo campo, y nunca fue el paraíso que anhelan los miembros de éste. Su democracia incluía el gobierno militar, la censura y el "folleto rojo" de membrecía (1) en la federación laboral Histadrut. El militarismo tampoco nació ayer; antes de 1973 era aún más extremo. La religionización y el ultranacionalismo también existieron en el pasado. El Likud no inventó revolcarse en el duelo, la ocupación o los colonos.

Sí, Israel se ha deteriorado. Los que se avergüenzan del país están justificados. Hay motivo de vergüenza. El mayor crimen, la ocupación, en realidad tiene poco efecto sobre la vida en Israel. Todavía hay islas de buena vida y libre que disfrutan los quejumbrosos, y debemos luchar para preservarlas. Israel todavía no es un área de desastre. Existe una brecha intolerable entre el apocalipsis descrito por los reclamantes y su disposición a tomar medidas. Si es tan terrible, ¿por qué no hacen algo? Y si no hacen nada, ¿tal vez no sea tan terrible?

Israel está en camino, pero no es Turquía. Netanyahu debe ser procesado y él debe renunciar, pero él no es el Satanás que sus detractores dicen que es. Su indignación es hipócrita: cuando estaban en el poder, las cosas eran en verdad mejores, pero no tanto como afirman. Cuando Netanyahu está en el poder, aquí las cosas son malas, pero no tan malas como sugeriría su alarma. Es como el niño que gritaba lobo. Pude escribir esta columna libremente. Si estamos hablando de eso, el infierno está en la Franja de Gaza, pero nadie está hablando de eso.

(1) El “folleto rojo” era necesario para conseguir trabajo y era usado de manera discrecional por la dirigencia de la central obrera Histadrut. Los árabes pudieron ser miembros recién a partir del año 1954, 6 años después de la Independencia. (N. del T.)

Traducción: Dardo Esterovich