Categoría: Israel

Fuente: daniel.kupervaser.com/    (5-01-2019)

El sector oriental de la ciudad de Jerusalén fue conquistado por Israel en la guerra de los 6 días de 1967. En julio de 1980 el gobierno de Menahem Begin promulgó la ley básica de Jerusalén. Es en esa oportunidad se la unificó políticamente imponiendo soberanía israelí sobre su sector oriental. En respuesta a esta actitud, el Consejo de Seguridad de ONU adoptó la resolución 470 calificando como invalida la medida israelí. Consecuentemente, todas las embajadas extranjeras entonces localizadas en Israel fueron trasladadas casi de inmediato a otras ciudades, principalmente a Tel Aviv.  En 1984 Costa Rica y El Salvador reestablecieron sus embajadas en Jerusalén, pero solo hasta 2006, año que retornaron a Tel Aviv.

Esta situación perduró hasta que en el año 2017 Trump tomó la decisión de transferir su embajada a Jerusalén, acto que se materializó en mayo de 2018. El gobierno israelí aprovechó la coyuntura proyectando la sensación que se trata del inicio de una oleada de actitudes similares. A tal punto se exageró que, dada la escasez de locales apropiados que se diagnosticaba en vista de ese movimiento, el primer ministro Netanyahu ofreció públicamente su vivienda privada en Jerusalén al gobierno de la Republica Checa con ese objetivo. (“Netanyahu ofreció su hogar en Jerusalén a la embajada de la Republica Checa”, Noticias de Israel, 5-6-18).

Transcurrido un año del comienzo de esta cruzada, hoy se puede afirmar que la campaña de trasladar embajadas extranjeras a Jerusalén avanza a los tropezones.

Detrás de la decisión estadounidense se acoplaron de inmediato Guatemala y Paraguay, también inaugurando sus representaciones diplomáticas en los mismos días. A partir de este momento se anunció públicamente, en diferentes momentos, la intención de varios países de trasladar sus embajadas a Jerusalén. (Australia, Moldavia, Honduras, Hungría, Polonia, República Checa, Romania y Brasil).

Esta aparente visión optimista no refleja la realidad ya que desde ese mes de mayo de 2018 se puede decir que el proceso está prácticamente estancado mientras que el tono de los mensajes es mas de intenciones y promesas que de hechos. Con su arribo a Brasil Netanyahu lo confirmó: “Brasil es la tierra de la promesa” (Enlace Judío, 28-12-18)

A poco tiempo de la inauguración en Jerusalén, Paraguay anunció su marcha atrás retornando con su embajada a Tel Aviv. Australia le propinó una cachetada a Israel cuando reconoció solo a Jerusalén Occidental como capital de Israel donde trasladará su embajada, mientras que paralelamente reconocía a Jerusalén Oriental como capital del futuro estado palestino. Para el resto de los países la decisión se mantiene, como afirma Netanyahu, solo como voluntad con la impresión que la materialización esta limitada o condicionada a la recepción de retribución adecuada o a un futuro indefinido.

El interrogante es justamente detectar el motivo que conlleva a la existencia de limitaciones o condiciones y en qué medida facilitan o entorpecen la decisión. Para el gobierno de Israel, el traslado de representaciones diplomáticas extranjeras a Jerusalén representa un importante objetivo político que puede respaldar y reafirmar sus propósitos de recibir apoyo en instituciones internacionales a los efectos de facilitar soberanía más allá de las líneas de 1967. Ese objetivo vale cualquier precio que se requiera y pueda pagar. Para los países del mundo, el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y el traslado de sus embajadas a esa ciudad es una alternativa que tiene que justificarse comparando costos y beneficios del país o de sus líderes en forma personal o sectorial. A sabiendas lo que los países tienen que dar, e Israel recibir, los primeros decidirán según lo que Israel es capaz de ofrecerles como compensación frente a las represalias que en la práctica pueden estar expuestos por parte de países que apoyan la causa palestina. 

¿Qué puede ofrecer Israel? Una población de 9 millones de habitantes es muy poco significativa como mercado potencial a escala internacional. Tanto el estado como sus grandes empresas evitan, y en general no es parte de su estrategia, ser partícipes activos en y/o financiar grandes proyectos de inversión en otros países. En otro aspecto, Israel dispone de una amplia oferta de innovación y tecnología moderna, equipos de avanzada, y, principalmente, armas, equipos bélicos y programas de defensa muy sofisticados ante ciberataques. En estos sectores hay mucha demanda en el mundo, pero en la mayoría de los casos se requiere financiación en volúmenes millonarios que no están al alcance de la mayoría de los clientes potenciales con quienes se puede cerrar un negocio del traslado de la embajada.

Pero no todo es negativo. Israel dispone de una herramienta única y muy efectiva para avanzar en su cruzada de conseguir apoyo internacional. Se trata de su desproporcionado poder de injerencia en las decisiones de la administración de EE.UU. gracias a la dependencia del liderazgo de sus dos partidos principales en el financiamiento de campañas proselitistas por parte de donantes judíos, ciudadanos estadounidenses multimillonarios, y la enorme presión política del lobby judío en ese país. Este mecanismo suele surgir periódicamente como sustituto de la falta o adversidades de mercado, falta de financiamiento israelí, o protección ante posibles represalias estadounidenses.

Como contrapartida, no se debe pasar por alto que el mundo árabe y parte de los países musulmanes, con un gigantesco mercado potencial detrás de una población que supera los 800 millones, se posiciona tradicionalmente detrás de intereses palestinos y en contra de Israel 

El análisis de tres casos concretos permite captar claramente las condiciones en donde se puede hacer negocio y en donde no, o es difícil.

Guatemala decidió conscientemente plegarse a la alianza Trump – Netanyahu y trasferir su embajada a Jerusalén en base a un análisis político económico muy claro y preciso. Su canciller, Sandra Jovel, detalló claramente sus ventajas rechazando las criticas ante una potencial reducción de significativas exportaciones de cardamomo, un producto aromático del café con gran mercado en países árabes. Para Jovel, tras las amenazas de Trump en la votación de la Asamblea General de ONU de diciembre de 2017, la medida tomada por el gobierno guatemalteco evita posibles sanciones, asegura un trato migratorio benévolo de Trump garantizando el envío de remesas de guatemaltecos en EE. UU por un importe que representa el 10% del PBI anual del país y permite la continuidad de la cooperación y ayuda estadounidense por un importe anual de mas de 300 millones de dólares anuales (“Tres razones por las que Guatemala trasladó su embajada a Jerusalén”, Univisión Noticias, 28-12-2017) 

Como si esto fuera poco, la cancillería guatemalteca informó que, a consecuencia del acercamiento político de estos dos países, empresarios israelíes programan invertir en Guatemala 2 mil millones de dólares (¿¿??) y que el viaje de la comitiva de Guatemala a Jerusalén se llevó a cabo en el avión particular del multimillonario judío-estadounidense Adelson y con su total financiación (“Dueño de casinos en Las Vegas financió viaje a Israel para Jimmy Morales”, Prensa Libre, 25-5-2018).

El caso de Brasil muestra la situación opuesta. Pese a las mejores intenciones de Bolsonaro de mudar inmediatamente su embajada a Jerusalén por una cuestión de afinidad ideológica, las circunstancias objetivas lo condicionaron a declarar que la decisión está tomada, pero su implementación es cuestión de tiempo. Quien constata la realidad objetiva de ese país, muy fácilmente puede llegar a la conclusión que ese tiempo puede ser parte de un futuro muy lejano. Mientras que el comercio con Israel promedia los 700 millones de dólares anuales, Brasil exporta carne, productos alimenticios, armas de bajo calibre y demás a países árabes por un importe anual que se acerca a los 15 mil millones de dólares con una significativa tasa de crecimiento anual (“Comercio con países árabes bate récord”, ABRACOMEX, 19-1-18). La liga árabe ya se encargó de soplar al oído de Bolsonaro que ni se le ocurra llevar a cabo esa mudanza si no quiere que esa producción quede en puerto brasileño.

El caso de Honduras representa una situación intermedia. Honduras también se opuso en la votación de ONU de repudio a la decisión de Trump de trasladar su embajada a Jerusalén.  Al igual que Guatemala, Honduras expresó públicamente su intención de acoplarse a la alianza entre el presidente de EE.UU. y Netanyahu con el consecuente alcance de emular el ejemplo de los guatemaltecos. En otras palabras, la decisión hondureña está tomada, falta medir la predisposición israelí a pagar el precio exigido por Honduras.

Los medios informativos demostraron que el poder de injerencia israelí y judío en la administración estadounidense es vox populi. Las exigencias que presentó Honduras a Israel como contrapartida del traslado de su embajada fueron muy precisas. “Honduras exige un incremento en el intercambio comercial entre los dos países …. y busca apoyo israelí para mejorar los lazos con la administración de Washington”, informó el diario israelí Aurora (25-12-18). Otro medio israelí detalló que “un alto funcionario de la comitiva de Netanyahu afirmó que Netanyahu oficia de intermediario entre EE.UU. y Honduras para promover el traslado de su embajada a Jerusalén. El proceso de conversaciones continúa y aun debe madurar” (“Netanyahu intermedia entre Honduras y EE.UU.”, Haaretz, 2-1-19).

La experiencia del ultimo año nos ayuda a pensar que la campaña para promover el traslado de embajadas extranjeras en Israel de Tel Aviv a Jerusalén necesariamente deberá tener en cuenta que, en ojos de la mayoría de los candidatos potenciales, no es solo una cuestión política o ideológica, sino más bien un negocio y el mercado lentamente está fijando su precio.