Categoría: Israel

Fuente: daniel.kupervaser.com/      (11-09-2018)

Si alguien tenía dudas, en estos mismos días se confirmó oficialmente que el más alto nivel de la administración de Trump se desempeña bajo la conducta típica de una cuadrilla de peones al servicio de Israel.

Días atrás se informó de un encuentro entre líderes de la comunidad judía estadounidense con el equipo que lidera las negociaciones de ese país en Medio Oriente (Jason Greenblatt, enviado personal del presidente Trump a la región, Jared Kushner, yerno y asesor del presidente, y, Nikki Haley, embajadora de EE.UU. en ONU).

En esa oportunidad estos encumbrados funcionarios “dieron a entender clara y categóricamente su apoyo a las posiciones de Israel”[1]. Como será el servilismo y el arrodillamiento hacia Israel que aclarando su accionar afirmaron en esa reunión que la predisposición a ayudar a terceros países la condicionan a un compromiso de no criticar a Israel.

En una insólita decisión contra quien se atreva acusar a Israel en el marco de la Corte Penal Internacional por haber cometido crímenes de guerra, John Bolton, Consejero de Seguridad Nacional de la administración Trump, anunció la toma de represalia con la orden de cerrar las oficinas de la representación de la Autoridad Palestina en EE. UU[2].

David Friedman, embajador de EE.UU. en Israel y personaje clave en el mismo equipo, dio a entender recientemente en una entrevista en Israel que él, Trump y Netanyahu, van a decidir el territorio que les corresponde a los palestinos[3]. Dios en su encarnación.

Da mucha lastima y pena ver al pueblo estadounidense. De la misma manera que no les preocupa demasiado que sangre de sus ciudadanos inocentes corra a borbotones por persistir con la libertad absoluta de comprar armas de guerra, aparentemente, tampoco le importa tener funcionarios que reconocen su necesidad de actuar defendiendo intereses foráneos.

Se debe reconocer. El dúo Netanyahu-Trump tiene hasta el momento la sartén por el mango en el conflicto palestino israelí y no se visualiza ningún otro factor capaz de alterar este equilibrio. Pero, como lo afirma el famoso historiador y escritor israelí Yuval Harari, “nunca debemos subestimar la estupidez humana”, y no hay ninguna certeza que los servicios de seguridad estadounidenses lograron impedir que se infiltre en la Casa Blanca. 

Durante la última década, Netanyahu se preocupó por liderar los procesos con mucho tino. En un mar muy revuelto y repleto de tiburones, él supo mantener firme el timón de la nave llamada Israel de tal manera que logró atravesar un angosto estrecho sin zozobrar ante dos peligrosos acantilados: estado palestino independiente o un solo estado binacional. La táctica de mantener el statu quo, post acuerdos de Oslo, declarando su apoyo a la solución de dos estados al mismo tiempo que la sabotea, se constituyó, desde su punto de vista, en un equilibrio muy práctico y fructífero. Nadie puede dudar del exitoso manejo de Netanyahu, tanto en el frente internacional, como en el nacional en donde los sondeos de voto, por el momento, le garantizan continuar en el poder.     

Entusiasmado por su sensación de poder, pareciera que Trump se emborrachó y no prestó suficiente atención a sus ostentosos esfuerzos por congraciarse con Israel, y tal vez con Sheldon Adelson, significativo donante judío a su campaña proselitista[4]. Hoy ya se puede afirmar que lo llevó a dar por finalizada su función de mediador en el conflicto palestino israelí.

Todo comenzó con su declaración de reconocer a Jerusalén como capital de Israel y la consecuente decisión de trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén. Visto como una provocación a pedido del gobierno israelí, el liderazgo palestino se vio en la necesidad de rechazarla, y lo que es mas significativo, congelar los contactos con Washington como mediador del conflicto y artífice de un “acuerdo de paz del siglo”, según Trump.

En vez de negociar y transar la posibilidad de arribar a un acuerdo con los palestinos para continuar con el pomposo proyecto, Trump optó, como es típico de quien simpatiza con la violencia y la imposición, por una serie de medidas amedrentadoras en contra de Mahamud Abbas y su gente en represalia al rechazo de continuar las negociaciones del acuerdo del siglo. Si con dinero se puede comprar el silencio de una estrella de pornografía que pasó por su cama, no hay motivos para que Trump no suponga que también con dinero se puede comprar al liderazgo palestino.

En un desenfrenado ataque de intimidación, Trump anunció, una tras otra, una serie de medidas destinadas a asfixiar económicamente a la Autoridad Palestina. El cierre de los grifos financieros abarcó principalmente la cancelación de la participación en los aportes estadounidenses a UNRWA, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Medio Oriente, tal vez la base principal de sostén de la educación, la salud, los servicios sociales y la ayuda de emergencia de los palestinos en la región.

Como si esto fuera poco, a la par que cerraba las oficinas de la AP en su país, Trump tomó otra decisión muy significativa e indicadora del salvajismo de quien se convirtió en el principal sostén del dominio judío sobre el pueblo palestino. De forma abrupta decidió reducir en 25 millones de dólares anuales la ayuda económica a hospitales palestinos que operan en territorio soberano israelí[5].

Que la mayoría de la sociedad israelí festeje esta campaña de perversidad humana hacia la población palestina no es novedad. Hace tiempo que en este sentido el israelí medio se ha degenerado moralmente. Lo mas importante es analizar los significados y alcances políticos de estas medidas. Al respecto vale la pena mencionar tres conductas, algunas ya conocidas y otra por conocerse.

Sin lugar a duda, lo más sorprendente de estos acontecimientos es el hecho que Netanyahu haya pisado el palito y se deje arrastrar por esta vehemencia. Por más que Netanyahu disfrute del garrotazo que sufrieron los palestinos, la situación creada no representa un altercado circunstancial que puede resolverse con negociaciones políticas, simples o complicadas. La alternativa que la comunidad europea o países árabes suplan a EE.UU. prácticamente está descartada, justamente por temor a duras represalias de Trump. Ya no hay lugar a la política del statu quo de Netanyahu y solo queda por ver hacia donde se dirige la región.

Justamente la capa jerárquica de seguridad de Israel fue la primera en advertir los peligros de este irresponsable giro sin una certera alternativa. Estos generales y altos funcionarios tienen muy claro que la asfixia financiera no arrodillará a los palestinos, y muy probablemente, actúe como efecto bumerang incrementando dramáticamente una rebelión popular. No en vano, frente a su responsabilidad por mantener la tranquilidad de la región, demandaron de los estratos políticos israelíes una inmediata solución al funcionamiento de estas estructuras básicas en la población palestina de los territorios ocupados[6]. Como fuerza ocupante de la región, según resolución prácticamente unánime del Consejo de Seguridad de ONU 2334 de diciembre de 2016, es su responsabilidad según las convenciones internacionales pertinentes.

Por último, queda por ver la actitud del liderazgo palestino. La alternativa de un estado palestino independiente murió y no se la puede revivir. Como ya se siente en declaraciones de muchos sectores populares palestinos, probablemente la única salida real y posible la encuentren promoviendo la creación de un estado binacional. Para ello simplemente tiene que tomar una sola decisión: disolver la Autoridad Palestina y demandar ante el mundo ciudadanía israelí. Esto obliga a Israel a tomar control y responsabilidad directa en todos los aspectos, incluyendo presupuestarios, de la vida de millones de palestinos.

De ser así, mucho antes de lo pensado, el liderazgo de Israel se enfrentará al serio dilema de perder en la práctica el objetivo de Israel como Estado Judío, o, mantener ese carácter oprimiendo a millones de habitantes sin derechos civiles básicos. Bajo esta última condición, y en base a la identificación automática de las diásporas judías con Israel, la normalización, legitimación y generalización de una severa aversión hacia Israel, el judaísmo y los judíos en el mundo no continuará su cauce normal. Muy probablemente se vean potenciados a niveles mucho más significativos y perjudiciales.

Una vez finalizado el Primer Congreso Judío Mundial en Basilea en el año 1897, Herzel declaró: “En Basilea fundé el Estado Judío”. En estos días Trump puede agregar: “En Washington fundé el Estado Binacional”.

Ojalá me equivoque

[1] “Administración Trump: Quien quiere nuestro dinero tiene que dejar de atacar a Israel”, Maariv, 5-9-18

[2] “USA cierra las oficinas de la Autoridad Palestina en Washington”, Walla, 10-9-18

[3] “Entrevista al Embajador de EE.UU. David Friedman”, Diario Israel Hayom, 6-9-18

[4] “¿Qué hubo detrás de la decisión de Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel?”, Hidabroot.com, 7-12-17

[5] “Trump reduce ayuda a hospitales palestinos en Jerusalén Este”, Haaretz, 8-9-18

[6] “Los lobistas de UNWRA”, Israel Hayom, 30-8-18