Categoría: Israel

Fuente: Argentinos Amigos de Paz Ahora    (13-08-2018)

Resultado de imagen para multitudinaria manifestacion árabe palestina contra la ley de estado nación judioBanderas palestinas en Tel Aviv en una manifestación a favor de la igualdad de los ciudadanos árabes israelíes y en contra de la nueva Ley de Nacionalidad que los discrimina, se ve feo.

En cambio manifestantes argentinos en Buenos Aires envueltos en banderas israelíes en un aniversario del atentado a la AMIA, una institución argentina-judía, en el cual murieron y fueron heridos también no judíos, es normal.

Banderitas israelíes y de EE.UU flameando "unidas" en cientos de coches (una en cada ventanilla) por las carreteras de Israel durante el Día del Recuerdo a los soldados caídos de Tzáhal, antes del Día de la Independencia, es, a mi entender, un sacrilegio. Y sin embargo ambas se venden por centenas desde una semana antes de dichos eventos en todos los cruces de Israel sin que nadie pegue el grito. Al contrario; la gente las compra y las cuelga con "supremo orgullo patrótico".

¿Cómo era aquello de "Patria sí, Colonia no"?

El himno nacional español no tiene letra. Sólo melodía. Eso facilita que catalanes, vascos, gallegos, andaluces, asturianos, aragoneses, andaluces, etc., no tengan que entonar tal o cual frase con la cual nunca, NUNCA, llegarán a identificarse. Los líderes inteligentes que llevaron a cabo la transición del franquismo a la democracia, se percataron de ese detalle y llegaron a dicha resolución original.

El primer himno egipcio, durante la época del Rey Farouk, era una oda guerrera que elogiana a la civilización antigua, especialmente al monumental período de los faraones, su cultura y su herencia a la humanidad. Incluía además una leve insinuación a luchar contra cualquier invasor y a liberarse de él. Pero aconteció que el presidente Anwar Sadat, luego de firmar el pacto de paz con Israel, hizo legislar una ley en el Parlamento para cambiar ese viejo himno por otro que destaque principalmente los valores de la paz que quería inculcar en su pueblo.

¿Qué sucedió al día siguiente? Nada especial. Nadie salió a la calle a reclamar. Al contrario; ese nuevo himno fue rápidamente enseñado en escuelas, universidades, instituciones públicas, fuerzas armadas, lugares de trabajo, clubes deportivos, en todas las ciudades y en las localidades periferiales más apartadas, y es interpretado hasta hoy, incluso el la famosa Plaza Tahrir, durante la mal llamada "primavera árabe", y - como si fuera poco - durante el pasado gobierno de los Hermanos Musulmanes del derrocado presidente Mohamed Morsi, que en su corto mandato ni se atrevió a modificarlo.

Hatikva se ganó el lugar de privilegio para convertirse en el himno del pueblo judío. No importa que su melodía sea un plagio total del poema sinfónico "Moldava" del compositor checo Bed?ich Smetana. Pero su letra sí importa, y mucho, demasiado.

Se trata de una añoranza y esperanza galútica a recuperar una tierra que se había perdido. Pero sucedió que la tierra que se perdió se recuperó; y se recuperó con creces.

Entonces, si nos remitimos a los hechos, se impondría que los líderes del nuevo Estado de Israel mandaran a componer un nuevo himno resaltando el logro de conseguir, después de 2.000 años de anhelos, un Estado de Israel libre, independiente, y soberano, no ese de la llamada "Tierra de Israel" (Eretz Israel), ya que, jurídicamente, se trata de dos entidades diferentes.

Un hinmo no es una simple canción de cuna. Cada canción patria pretende difundir un mensaje. No cambiar Hatikva por otro himno nos da a entender que el "objetivo final" todavía no se logró, porque dicho "objetivo final" es ser, como está escrito: "un pueblo libre en nuestra TIERRA, la TIERRA de Sión y Jerusalén".

¿Se dieron cuenta de la "pequeña diferencia"? Sí, así es amigos, la palabra Estado no aparece en la letra; en cambio la palabra TIERRA figura dos veces.

¿Pero a cuál "Tierra de Israel" se refirió el autor Naftali Herz Imber, que falleció en 1909 cuando la gran mayoría de las comunidades judías de la diáspora se oponían abiertamente a Herzl y a su Movimiento Sionista?, ¿la de la promesa bíblica desde el Eúfrates hasta el Nilo?; ¿a la conquistada por el Rey David, el primer monarca que implantó la soberanía hebrea?; ¿a la de su hijo, el Rey Salomón, que la acrecentó ampliamente además de construir el Primer Templo?; ¿a la de los asmoneos, que establecieron la segunda soberanía hebrea al liberarse de los griegos?; ¿a la de la resolución de la ONU en 1947, que decidió establecer un Estado judío y otro árabe en Palestina bajo el Mandato británico?; ¿a la de la Línea Verde, luego del armisticio firmado en 1949 que duró hasta 1967?; ¿la actual, que aun permanece indefinida? De estas últimas tres, Imber queda descartado ya que falleció casi medio siglo antes.

La conclusión, entonces, es que desde la fundación del Estado de Israel, existió y existe una relacióm más que clara - de todos sus gobiernos - entre mantener el Hatikva y el deseo de no determinar las fronteras definitivas del país que, así como la igualdad de todos sus ciudadanos, no aparecen en la nueva Ley de Nacionalidad Israel Estado-Nación del Pueblo Judío.

De no haber un cambio de mentalidad, moriremos con esa desdichada realidad, que, de continuar así, le permitirá a los futuros gobiernos hebreos seguir usurpando tierras privadas. Pero por lo menos no seamos hipócritas al criticar y desprestigiar a un jugador de fútbol árabe, ciudadano israelí y capitán de la Selección Nacional, por no entonar el Hatikva antes del comienzo de partidos internacionales ya que no puede identificarse de ninguna manera con el contenido de su letra. Aunque, irónicamente, podremos exigirle que por lo menos tararee la melodía.

Yeshayahu Leibowitz definía una bandera como "un trapo con un palo", y el ser humano, a lo largo de la historia, crea símbolos en los que invertirá pasión, autoridad, patriotismo y hasta sacrificará su vida en nombre de ellos, aunque luego se olvide de que dichos símbolos son meras invenciones.