Categoría: Israel

Fuente: daniel.kupervaser.com     (29-04-2018)

En el marco de los actos de toma de posesión de la presidencia estadounidense, Donald Trump anunció la nominación de su yerno, Jared Kushner, como su asesor y encargado de las negociaciones palestino-israelíes. En esa oportunidad afirmó que “si Kushner no logra la paz, ningún otro lo puede”. Sin desestimar las habilidades negociadoras de Kushner, la confesión de Trump no fue más que otro de sus disparates lanzados por los aires.

Tanto Kushner como otros tantos o más destacados que él, al igual como lo atestiguan los fracasos de muchos de los mejores y experimentados negociadores diplomáticos del pasado, muy difícilmente podrán solucionar el prolongado conflicto entre israelíes y palestinos.

Pese a que gran parte de sus poblaciones apoyan concesiones para llegar a un acuerdo de paz, ningún avance en ese sentido será posible hasta que no se logre neutralizar y desmantelar totalmente el poder de influencia saboteadora de Hamas y otros grupos extremistas en el pueblo palestino y la del movimiento colonizador judío en Cisjordania y sus aduladores fundamentalistas en el pueblo judío.

Con el discurso de Obama en la Universidad de el Cairo en abril de 2009, y la respuesta de Netanyahu en la Universidad de Bar Ilan a los pocos días, se dio empuje oficial al marco de la solución de dos estados cuya implicación inmediata, entre otras, exigía la creación de un estado palestino independiente. En esa oportunidad predije que se trataba de una cortina de humo, catalogando al estado palestino independiente como un mortinato. Murió antes de nacer[1]. Durante toda la última década transcurrida, las vanidosas negociaciones no fueron más que una prolongada representación de grotescos intentos de resucitar un cadáver.

Hoy ya se está consolidando en la conciencia de la mayoría del espectro político de la región la convicción que la formula “dos estados” no es más que un esporádico episodio que pasó a la historia sin ninguna posibilidad de retorno. Lo es, con mucha alegría, para los movimientos políticos que integran la coalición gubernamental de Netanyahu. Por conveniencia proselitista, lo es también para los principales componentes de la oposición (Laborismo de Avi Gabai y Yesh Atid de Lapid). Paradójicamente, también para la Autoridad Palestina comienza a ser parte de los libros de historia con su correspondiente redefinición estratégica.

La izquierda israelí tampoco quedó ausente de este reacomodamiento político. Distinguidas personalidades de este sector, como el famoso escritor A. B. Yoshua, ya pregonan por encajonar esa vieja visión para comenzar la búsqueda de nuevos caminos[2]. Chemi Shalev, el conocido analista de Haaretz asegura que “los promotores de la solución dos estados próximamente se parecerán a los “Toite Hasidim” (expresión en Yidish que significa simpatizantes del muerto) como en su tiempo se denominaba irónicamente a los seguidores del Rabi Najman de Breslav que continuaban creyendo en su presencia después de su muerte y se negaban a nombrar un heredero[3].

En este contexto resulta llamativo y hasta asombroso constatar que la mayoría del liderazgo de las diásporas judías trasmite hasta hoy la impresión que están viviendo en la estratosfera con serias dificultades de comunicación con la tierra. Justamente los festejos del 70 aniversario de la independencia de Israel dieron lugar a que dos significativos representantes de esa elite que guía las comunidades judías del mundo se expresen explícitamente sobre el punto. Sus mensajes demuestran una completa desvinculación con la realidad israelí, o sus intenciones de continuar confundiendo a sus comunidades y al mundo como escudo a la política de Netanyahu.

Para Agustín Zbar, presidente de AMIA Argentina, “Para poder mantener el doble carácter del que hablamos, un estado judío y democrático, es necesario entonces fortalecer intensamente la búsqueda de la solución de los dos estados”[4]. Ronald Lauder, presidente del Congreso Judío Mundial, difundió en los principales medios del mundo un artículo con una seria acusación de inoperancia al liderazgo israelí. Lamentablemente, en su último párrafo incluyó una sugerencia que, por su contenido, resultó totalmente desubicada en lugar y tiempo. “Debemos cambiar el rumbo. Debemos impulsar la solución de dos estados y encontrar puntos en común entre nosotros para garantizar el éxito de nuestra querida nación”[5].

Hoy ya no hay lugar a especulaciones teoréticas. La realidad golpea la cara con todo su rigor. Desde el momento en que se sepultó definitivamente la solución de dos estados, desde el momento en que los palestinos no retornan al error de 1948 y hoy no se mueven del lugar, desde el momento en que Israel no puede desterrarlos, deportarlos o matarlos, solo restan dos alternativas de un estado único. Israel como estado binacional con ciudadanía igualitaria entre palestinos y judíos en una composición aproximada de mitad y mitad, o Israel como estado judío apartheid que mantiene a millones de sus habitantes sin igualdad de derechos civiles. Como la primera es una salida que el judaísmo israelí no lo permitirá en ningún caso, solo resta el reconocimiento que la segunda es la única viable, que no es más que oficializar en la práctica la que existe hoy en día. Eternizar el statu quo que hoy domina y oprime a otro pueblo que convive en territorio bajo soberanía israelí.

En ojos de crecientes proporciones de sociedades del mundo, el actual despiste o complicidad del liderazgo judío de la diáspora se lo interpreta como apoyo incondicional a las políticas del Estado Judío. Esta conducta, necesariamente expone y expondrá a sus colectividades locales como carne de cañón frente a sus conciudadanos que los acogen y circundan por defender los planes de colonización civil de territorios palestinos y opresión  de su población. Esto no tiene nada que ver con seguridad de Israel. Colonización es conquista y sumisión, no seguridad.

Los alarmantes incidentes que deben enfrentar las diferentes diásporas judías en los últimos tiempos representan solo un primer indicio hasta donde puede llegar ese movimiento de protesta que lentamente se expande por todo el mundo. El problema no es la existencia de unos pocos grupos antisemitas, musulmanes o no. A propósito del incidente con la kipa en Alemania, el diario local Der Spiegel citó un informe oficial con la estadística de 1,452 denuncias de ataques antisemitas durante año anterior (promedio diario de 4) agregando que en su gran mayoría fueron causados por la extrema derecha alemana y no por inmigrantes musulmanes. No por casualidad, Felix Klain, el comisionado para combatir el antisemitismo nominado por la Canciller Merkel, declaró que “no es para sorprenderse que los judíos quieran abandonar el país”[6].

Como lo define Amnon Lord, del diario Israel Hayom (vocero de Netanyahu financiado por el millonario judío estadounidense Adelson), “La verdad no se centra en el antisemitismo violento de los musulmanes en Europa, sino en la sociedad anuente a esa violencia contra judíos. En primer lugar, la sensación de seguridad total de esos sectores que le permite sentirse cómodos cuando atacan a un ciudadano en la calle. Mas aun, la sensación que está permitido. Si atacas a un judío en un lugar público, no te sucederá nada malo”. Mas preocupante y llamativo es su pronóstico. La instigación y odio contra Israel está haciendo sus pasos progresivos de Francia e Inglaterra hacia América[7].

La interpretación de los últimos acontecimientos en Alemania por parte de un dirigente judío local son mas que elocuentes en este caso. Para Mordechai ”Motti” Tichauer, presidente de la Confederación Europea Macabi, “la marcha ‘Berlín usa kipá’ no resuelve el problema”. La realidad del conflicto en Israel lleva a que la gente haga críticas al gobierno israelí, a los israelíes y a todos los judíos del mundo[8].

Ante la sepultura definitiva de la solución de dos estados en el conflicto palestino israelí, el liderazgo judío de las diásporas no podrá escabullirse y necesariamente tendrá que asumir una posición clara y firme tanto frente a Israel, frente a su colectividad y frente a las sociedades que la circundan. De ello mucho dependerá el destino de su colectividad. La continuidad del apoyo incondicional a la política oficial israelí de este gobierno expondrá su colectividad a situaciones muy incomodas y hasta riesgosas.

Ojalá me equivoque
       

[1] “El mortinato palestino”, Daniel Kupervaser, 7-9-2009

[2] “Llegó el momento separarse de la visión de dos estados”, A.B. Yoshua, Haaretz, 16-4-18

[3] “Chau, chau dos estados. Bienvenido el infierno de la anexión de Cisjordania”, Chemi Shalev, Haaretz, 17-1-18

[4] “Los 70 años y la larga búsqueda de un estado palestino”, Agustín Zbar, Clarín, 19-4-2018

[5] “Las heridas autoinfligidas de Israel”, Ronald Lauder, El País, 4-4-2018

[6] “Comisionado para combatir el antisemitismo alemán: “No es para sorprenderse que los judíos quieran abandonar el país”, Ynet, 29-4-18

[7] “El nuevo antisemitismo”, Amnon Lord, Israel Hayom, 27-4-2018

[8] “Dirigente judío alemán: “La marcha ‘Berlín usa kipá’ no resuelve el problema”, Iton Gadol, 27-4-18