Categoría: Israel

Fuente: Haaretz    (30-08-2017)

Editorial

Justice Minister Ayelet Shaked speaking at the Israel Bar Association in Tel Aviv, Tuesday, August 29, 2017.La decisión de la Corte Suprema del lunes, según la cual el Estado tenía derecho a enviar solicitantes de asilo a Uganda y Rwanda, pero no podía encarcelarlos por más de dos meses si se negaban a ir, es imperfecta. Contiene varios elementos problemáticos, como la aprobación por el tribunal de acuerdos secretos que rigen la transferencia de los solicitantes de asilo a terceros países. Su principal importancia radica en que prohibió el uso de la detención ilimitada como una forma de obtener el "consentimiento voluntario" para abandonar Israel.

Sin embargo, el primer ministro y sus ministros no se sintieron molestos por los diversos problemas que el tribunal señaló. En cambio, han estado atacando la decisión incesantemente. El ministro del Interior Arye Dery se quejó de que el tribunal "me privó de una herramienta muy importante", y el ministro de Seguridad Pública Gilad Erdan afirmó que la decisión anula la política de deportación de todo su contenido. Pero los comentarios de la ministro de Justicia Ayelet Shaked fueron particularmente graves.

La misma persona que se supone que defiende a la Corte fue la que habló de una manera que debería molestar a cualquier ciudadano que quiera vivir en un país democrático. Shaked dijo el martes que "el sionismo se ha convertido en un punto ciego en la ley" y que "los desafíos nacionales son un punto ciego legal". Luego criticó a los jueces, diciendo que para ellos "la cuestión de la mayoría judía es irrelevante cuando nosotros estamos hablando de infiltrados de África que se han establecido en el sur de Tel Aviv y han creado una ciudad dentro de la ciudad, mientras expulsan a los residentes de estos barrios".

Ella dijo que los derechos individuales son importantes, pero no cuando están "desconectados de nuestros objetivos nacionales, de nuestra identidad, de nuestra historia, de nuestros desafíos sionistas". Y finalmente, ella emitió una amenaza: "El sionismo no debería –y aquí estoy diciendo que no seguirá- inclinando su cabeza hacia un sistema de derechos individuales interpretados de manera universalista".

Los comentarios de Shaked reflejan el principio etnocéntrico que su partido, Habayit Hayehudi, está tratando de promover. A juicio de los miembros del partido, Israel es ante todo un Estado judío y sólo después democrático; creen que incluso los tribunales deberían dar prioridad a las preocupaciones judías sobre las preocupaciones democráticas.

Con una combinación de ignorancia y manipulación, Shaked ha tenido la desfachatez de aprovechar el "sionismo" para sus propios propósitos al afirmar que existe una contradicción entre el sionismo y los derechos humanos universales. En otras palabras, Israel debe violar los derechos humanos en el nombre del sionismo. A juicio de Shaked, el sionismo no es nada más que un eufemismo para el racismo o el nacionalismo.

El primer ministro debería haber respondido a sus comentarios despidiéndola. Un Estado que se define como democrático no puede tolerar a una ministro de justicia antidemocrática. En lugar de eso, Benjamin Netanyahu en realidad la precedió diciendo: "Tendremos que promulgar nuevas leyes que nos permitan ... enviar a los infiltrados ilegales fuera de nuestro país". Y demostró una vez más que él tampoco es apto para su cargo.

Traducción: Dardo Esterovich