Categoría: Israel

Fuente: Haaretz    (6-08-2017)

Netanyahu campaigning in Ashkelon on Election Day, March 17, 2015.No se ha visto en Israel tal felicidad durante mucho tiempo: el primer ministro Benjamin Netanyahu está a punto de caer(1). La decente centro-izquierda está celebrando, el champán fluye en los suburbios de Tel Aviv como Ramat Hasharon. "El tirano ha caído", escribió un comentarista. Algunas personas organizaron una barbacoa festiva.

Por un momento es como si Elena y Nicolás Ceausescu hubieran sido ejecutados, Muammar Gadafi hubiera sido derrocado, Saddam Hussein fuera capturado, el muro de Berlín hubiera  caído, Nelson Mandela haya sido liberado y la Unión Soviética se hubiera desmoronado.

Israel ha pasado de la oscuridad a la luz, de la esclavitud a la libertad. Netanyahu se va a casa, tal vez a la cárcel, e Israel es liberado.

El júbilo por Netanyahu y su familia son comprensibles, y lo merecen. Así es el gozo por el posible fin de su reinado. Podemos entender a los juerguistas que vieron la destrucción.

Pero qué fácil es poner todo sobre Netanyahu. Qué conveniente pensar que es sólo él y no nosotros. Que todo es debido al gobernante y no a sus votantes y seguidores, la mayoría de la gente. Que Netanyahu era un tirano y su caída significa libertad.

Qué tentador es pensar que si solamente es reemplazado, Israel se convertirá en un país diferente, como el que soñamos. Que la mañana después de Netanyahu, el amanecer que ahora está rompiendo, será el amanecer de un nuevo día en el que todas las cosas malas desaparecerán como si nunca hubieran existido. Hocus pocus, un Israel diferente.

Es intoxicante pensar que la persona que reemplazará a Netanyahu será mejor que Netanyahu. Que el próximo primer ministro traerá esperanza. Que los años de gobierno derechista, nacionalista y religioso han terminado, que quienquiera que venga en su lugar, incluso de la derecha, es preferible. Que todos los excelentes y prometedores candidatos, se están pre-calentando en la línea de largada.

Que no pueden ser peor que Netanyahu. Que si sólo nos deshacemos del rey Bibi y de la familia imperial, Israel se convertirá en un lugar más justo. Que Israel sin Netanyahu no será nacionalista o racista, ocupante o corrupto, arrogante o violento. No es agradable ser un aguafiestas, para estropear tan rara alegría; pero dejarse arrastrar por algo semejante no tiene ninguna base en la realidad.

Netanyahu es el responsable de las crísticas por la situación de Israel, especialmente en el campo doméstico. Sus años han sido duros para la justicia, la igualdad, la libertad, la paz, la democracia y el humanismo, así como para las minorías y los débiles. Estos años también han sido buenos para la arrogancia, la fuerza bruta, la imprudencia, el nacionalismo, la violencia y los asentamientos.

Pero pese a lo fuerte que era, Netanyahu no carga la culpa solo. Había una amplia coalición a su alrededor, una débil oposición y una nación que lo apoyaba. Como populista sofisticado, Netanyahu no moldeó el espíritu del pueblo, lo reflejó. Él no inventó a Israel como es hoy. La gente lo inventó.
La alegría es exagerada y prematura, no porque Netanyahu no esté a punto de salir, sino porque su salida anuncia muy poco, si es que anuncia algo. Es el primer paso en un largo camino y el destino no está claro. Un paso necesario, pero de ninguna manera suficiente. La salida de Netanyahu no es crítica.

Cualquiera, menos Netanyahu, puede ser la persona superficial, la moda fugaz que busca la venganza y el júbilo, a quien podemos entender, pero con cuyas conclusiones no estamos de acuerdo. Netanyahu nunca fue el demonio como fue representado, y deshacerse de él sólo nos liberará de su esposa e hijo.

Netanyahu el horrible se irá, y él será substituido por Gideon Sa'ar del Likud o el jefe de Yesh Atid, Yair Lapid; Uno es más extremo que el otro y el otro es más hueco y ambos son peores que Netanyahu.

Netanyahu se irá y los ministros de derecha Naftali Bennett, Ayelet Shaked y Avigdor Lieberman se quedarán. Netanyahu se irá y el odio de los árabes se quedará. Netanyahu se irá y la certeza de que somos un pueblo elegido se quedará. Y lo más seguro de todo: Netanyahu se irá y la ocupación se quedará, aunque suceda lo increíble y el nuevo líder del Partido Laborista, Avi Gabbay, se convierte en primer ministro.

El hambre por la venganza y el júbilo no son suficientes para cambiar esta realidad. Tampoco es suficiente reemplazar a la persona en la cúspide. Para generar un cambio, la sociedad israelí tiene que someterse a un proceso doloroso, del cual no hay ninguna señal en el horizonte.

Sólo una revolución en el pensamiento generará cambios. Pero por ahora esta revolución no tiene nadie que la implemente, con o sin Netanyahu. Un gran día viene pronto. Netanyahu está a punto de irse. Unos cuantos israelíes llorarán por su partida, pero aún menos deberían estar tan felices por ello. Netanyahu se va, e Israel se mantiene como era.

Nota del traductor

En la actualidad Netanyahu está sometido a investigación en varios casos de corrupción en una situación muy comprometida, entre ellos haber recibido sobornos del empresario Arnon Milchan para favorecerlo en la compra del Canal 10 de televisión; haber pactado con Arnon Mozes, el editor del diario de mayor circulación Yedioth Ahronot y el sitio web Ynet news, apoyo político a cambio de restricciones de circulación contra la competencia del diario gratuito Israel Hayom, a pesar de que éste último es propiedad de Sheldon Adelson el magnate del juego estadounidense y su mayor apoyo desde hace años; conflicto de intereses pues se sospecha que conocía el involucramiento en sobornos en la compra de submarinos alemanes de su abogado David Shimron.

Traducción: Dardo Esterovich