Categoría: Israel

Fuente: Haaretz    (24-07-2017)

Editorial

Muslims praying in front of metal detectors outside the Temple Mount in Jerusalem, July 16, 2017.El primer ministro y el público israelí no necesitan un recordatorio de los acontecimientos que siguieron a la apertura del túnel del Muro Occidental en 1996, o la visita de Ariel Sharon al Monte del Templo en 2000 o la del Ministro de Agricultura Uri Ariel en 2015. Luego, como ahora, los que tomaron  las decisiones descartaron las advertencias del servicio de seguridad de Shin Bet y del ejército, explicando que los detectores de metales, el túnel del Muro Occidental o la visita del presidente de la oposición al Monte del Templo eran vitales para preservar el honor nacional.

La crisis del Monte del Templo ha causado siete muertes hasta el momento: tres miembros de la familia Salomon en un ataque terrorista en Halamish y cuatro palestinos en eventos en Jerusalén y Cisjordania. Los enfrentamientos entre palestinos y fuerzas de seguridad israelíes continúan, y la Media Luna Roja ha informado sobre cientos de palestinos heridos. Además, altos oficiales del ejército y funcionarios de Shin Bet advirtieron al ministro de Defensa que el ataque terrorista y la tensión que rodea el Monte del Templo estimularán ataques similares.

Israel vuelve a la sensatez sólo después de derramar sangre. Es de esperar que el costo en vidas humanas hasta ahora sea suficiente para llevar a la dirigencia israelí a su sentido común y que no se verá tentada a someter a prueba los pronósticos de las fuerzas de seguridad. Israel debe retirar inmediatamente los detectores de metal a la entrada del Monte del Templo y llegar a acuerdos con el Waqf- la confederación religiosa musulmana que controla y gestiona los sitios islámicos en el Monte del Templo- sobre alternativas para mantener la seguridad.

El primer ministro Benjamin Netanyahu sabe que esto es lo correcto. Tomó la decisión de instalar los detectores apresuradamente, sin tener una discusión seria al respecto, y así se desvió del camino responsable que había seguido anteriormente. A pesar de que él sabía que el Monte del Templo era el sitio más volátil en Oriente Medio, sucumbió a la tentación de adoptar una solución técnica a un problema que involucra capas delicadas y complejas de religión y de nacionalismo. Israel está convencido de que está atrapado entre dos malas opciones: quitar los detectores de metales y mostrar debilidades peligrosas en la batalla por la soberanía, o dejarlos y encender la violencia en Jerusalén y Cisjordania y una crisis con el mundo musulmán. Puesto que no se puede predecir el futuro, lo mejor es confiar en las evaluaciones del establishment de defensa, que advirtió contra esta última opción.

Netanyahu recientemente habló públicamente sobre su temor de una escalada o incluso de una guerra religiosa. Durante unos días se inclinó por sacar los detectores. Pero cuando llegó a la reunión del gabinete, el temor a sus rivales de la derecha anuló lo mejor de su sensibilidad política. Apoyó la recomendación de la policía de que los detectores de metales permanecieran y le dio la autoridad para tomar decisiones concernientes al Monte del Templo mientras renunciaba a su propia responsabilidad. El desafío de Netanyahu es no olvidar que las amenazas a su coalición no son nada al lado del peligro que acecha al Estado y a toda la región si no recupera su sensatez rápidamente.

Traducción: Dardo Esterovich