Categoría: Israel

Fuente: daniel.kupervaser.com      (26-04-2017)

Probablemente Itay Meirson se inspiró en pensamientos de Michael Ende cuando escribió su libro “La Guerra de los 90 minutos” (que es el guion de una película del mismo nombre que se estrena estos mismos días). Con seguridad le habrá impactado la célebre frase del escritor alemán que dice: “La fantasía no es una forma de evadirse de la realidad, sino un modo más agradable de acercarse a ella”.  Con esta motivación el joven novelista israelí pudo imaginarse que el largo conflicto de los palestinos con sus connacionales puede llegar a su fin por medio de un partido de fútbol de ambas representaciones cuyo resultado determinaría en manos de quien quedaría el derecho a la soberanía de la región en disputa.

Difícilmente algún día se pueda concretar esta decisiva confrontación entre palestinos e israelíes en el césped de un estadio. Sin embargo, en el marco de este deporte es que justamente en estos días dicho enfrentamiento arribó a una fase muy significativa.

Desde el año 2015 los palestinos no dejan de presionar a FIFA (Federación Internacional de Asociaciones de Fútbol) y a sus países miembros para que tomen medidas en contra de Israel con motivo de la participación de 6 equipos de asentamientos judíos de Cisjordania en diferentes ligas israelíes de ese deporte. Un artículo especial de las normas básicas de ese famoso organismo internacional determina claramente a sus miembros la prohibición de permitir la existencia de equipos de futbol en territorios de otro miembro de FIFA y que participe de ligas del primero sin la anuencia confirmada y ratificada de ese otro miembro.

Ante la denuncia de los palestinos, FIFA creó una comisión especial que presentará un informe detallado al respecto en su próximo Congreso General programado para la segunda semana de mayo próximo. Según los trascendidos, este documento sugiere a las instituciones de FIFA dar un ultimátum de 6 meses a Israel para poner fin a la participación de esos clubs en ligas israelíes. En caso que Israel no responda positivamente, el tema sería tratado en el Ejecutivo de FIFA a los efectos de tomar las decisiones que corresponden, es decir, expulsar a Israel de la organización[1].

Israel trata de sabotear esta intención palestina por todos los medios diplomáticos a su alcance. Con ese objetivo la Cancillería de Jerusalén movilizó a sus embajadores en decenas de capitales del mundo con el objetivo de convencer a representantes de esos países en FIFA para que se opongan a que el tema sea llevado a votación. Según la evaluación de expertos en la materia, en caso que el informe de la comisión especial arribe a votación, la posibilidad de Israel de salir victorioso es muy improbable hasta casi nula.

Este tipo de escaramuzas y choques diplomáticos en organismos internacionales entre palestinos e israelíes es muy común y se reiteran con suma frecuencia. Salvo la curiosidad que se desarrolla en un área totalmente nueva, FIFA, se podría afirmar que en el caso descripto no hay nada nuevo ni novedoso.

Sin embargo, no se puede pasar por alto un detalle muy significativo. Israel se ve en la necesidad de enfrentar este nuevo ataque palestino sin la presencia de su tradicional y amenazante guardaespaldas: la administración estadounidense. Esa constelación de funcionarios y organismos al servicio incondicional de intereses judíos e israelíes como consecuencia del enorme poder de influencia e injerencia en decisiones de ese país por parte de poderosas instituciones judías locales, magnates judíos donantes de campañas de políticos estadounidenses y el activo lobby AIPAC.

Diferenciándose de muchos otros organismos internacionales, FIFA no recurre al financiamiento de gobiernos de sus países miembros, ni tampoco se vio en la necesidad de otorgar a ninguno de ellos derechos preferenciales. En FIFA, EE.UU no tiene derecho a veto ni tampoco puede amenazar con cerrar el grifo del financiamiento, como repetidamente lo ha hecho en otros ámbitos en defensa categórica y casi ilimitada de Israel. En el campo de FIFA Israel tiene que jugar solo.

La actitud de los palestinos ante las instancias de FIFA no solamente tiene en jaque a la diplomacia israelí, sino que puso de relieve los enormes riesgos a que se someten los intereses nacionales cuando reiteradamente la Cancillería de Jerusalén decide poner todos sus huevos solo en la cesta estadounidense, despreciando, e inclusive confrontando, otros países de mucho peso e importancia internacional.

La incondicionalidad del servilismo de la primera potencial mundial en favor de Israel enraizó en la diplomacia hebrea en general, y en su Primer Ministro y Canciller Netanyahu en particular, una rara sensación de superioridad, invulnerabilidad y excepcionalidad como respaldo de la colonización y control de Cisjordania.

Todo ello se desmoronó en octubre 2016 cuando imprevistamente Obama se abstuvo de recurrir al veto en el Consejo de Seguridad de ONU y prácticamente todo el mundo se plegó a la resolución 2334 que declara ilegales los asentamientos israelíes en Cisjordania.

Si bien es cierto que la nueva administración de Trump declara la intención de retornar a la situación anterior, da la impresión que el camino de vuelta se hace cuesta arriba. En estos días Netanyahu recibió un nuevo aviso. Durante la visita al país del Ministro de Relaciones Exteriores alemán, Netanyahu le envió públicamente un ultimátum: Si se quiere entrevistar con él, el visitante deberá cancelar sus encuentros programados con las organizaciones israelíes Betzelem y Breaking The Silence, que se caracterizan por ver con ojos muy críticos el accionar de Israel y su ejército en Cisjordania.

La insolencia y bravuconada del Primer Ministro israelí recibió como respuesta una resonante cachetada diplomática de parte del ministro alemán. “No es ninguna tragedia cancelar el encuentro con Netanyahu”, declaró a una red germana de TV y mantuvo la programada charla con las organizaciones israelíes sin pisar las oficinas del Primer Ministro israelí. Como broche de oro de la humillación nacional, un llamado telefónico de Netanyahu para aclarar la situación no fue respondido por el visitante[2].

La batalla en FIFA no es más que el parpadeo de una luz de alarma de la crítica y nefasta situación a la que puede arribar Israel en la arena internacional si algún día y por cualquier motivo se rompen las cadenas de intereses que la atan a su único sostén: Washington.

Ojala me equivoque.

[1] “FIFA considera dar un plazo de medio año a Israel para terminar con la participación de equipos de los asentamientos”, Haaretz, 23-4-17

[2] “Ministro de RR.EE. alemán a la amenaza de Netanyahu: cancelar el encuentro no es ninguna catástrofe”, Walla, 25-4-17