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Fuente: argenpress.info      28-09- 2009

 En las últimas semanas hay un marcado aumento de llamados, procedentes tanto de los demócratas liberales como de los republicanos conservadores, que piden algún tipo de pronta estrategia de salida de Afganistán. Esto ocurre en el justo momento en que el general Stanley McChrystal, comandante estadunidense en Afganistán, y el secretario de Defensa, Robert Gates, están a punto de recomendarle formalmente al presidente Obama que incremente los compromisos de las tropas estadunidenses allá.

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Fuente: El País, Madrid      27-09-2009

 Durante décadas un pequeño grupo de científicos defendió la idea de que fumar no dañaba la salud. Gracias a las dudas que estos científicos sembraron la industria del tabaco logró posponer las iniciativas destinadas a alertar a los fumadores de que el tabaco mata. Inevitablemente la verdad prevaleció y hoy ya nadie discute que el cigarrillo es nocivo para la salud. Finalmente, también nos enteramos que muchos de los científicos que defendían al tabaco eran en realidad mercenarios pagados por la industria del cigarrillo. Este debate entre científicos contribuyó a que millones de fumadores murieran. Muchos se hubiesen podido salvar si las políticas que hoy ya son comunes se hubiesen adoptado hace 20 o 30 años. Lo más triste es que los verdaderos expertos conocían los males del tabaco mucho antes de que la opinión publica y los políticos aceptaran que, en realidad, no había tal debate y que fumar era malo para la salud. La controversia provocada por los expertos a sueldo de la industria era tan solo una treta para ganar más tiempo y más dinero.

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Fuente: Revista Convergencia N° 35

 

Ver imagen en tamaño completoComo el escorpión de la fábula, la política militar estadounidense hacia América Latina no puede con su naturaleza. Naturaleza que viene de lejos, 1823, con la Doctrina Monroe de “América para los americanos” y se materializa en la conquista de casi la mitad del territorio de Méjico, la anexión de Puerto Rico y el nunca renunciado intento de hacer lo mismo con Cuba a fines del siglo XIX..

En 1903 estimula la segregación de Panamá que era parte de Colombia y logra un  tratado que le permite construir el Canal con una zona adyacente que podía manejar a su antojo a la que llenó de bases militares y donde en 1948 creó la Escuela de las Américas por cuyas aulas pasaron casi todos los dictadores de América Latina.

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Fuente: Página 12   23-09-09

 La sorpresiva llegada del presidente Manuel Zelaya a Tegucigalpa fue la respuesta a quienes se preguntaban qué más se podía hacer para poner fin a la suspensión forzada del Estado de Derecho en Honduras, después de que el usurpador Roberto Micheletti y quienes lo apoyan se mantuvieran impertérritos frente al despliegue de todas las formas imaginables de acción diplomática para hacerlos desistir. La llegada subrepticia del líder constitucional a la capital de su país vino a poner en ridículo a las fuerzas militares y de seguridad, incapaces de impedirle el tránsito al hombre más buscado por el régimen

 

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 Fuente: elarcadigital,   Edición 362, Setiembre 09

El presidente Obama y la medicina

El pensador argentino Mario Bunge reflexiona sobre si la medicina y sus valores ----¿terapéutico o de lucro?--,   aprovechando el debate que se está dando en los Estados Unidos.  La disyuntiva público-privado en el terreno de la salud es tanto moral como política, de modo que pertenece a la filosofía política, señala Bunge. Y explica: Los liberales tradicionales coinciden con los socialistas en que el Estado es responsable, al menos en parte, de la salud de los ciudadanos. En cambio, los neoliberales (o neoconservadores) sostienen que la asistencia médica es una actividad privada y de organizaciones caritativas.

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 El 11 de Septiembre de 1973 hubo un golpe militar en Chile. La junta militar que encabezó el nuevo gobierno detuvo el profundo proceso de transformaciones en marcha, que construía las bases de una sociedad más democrática e independiente, sumergió a la sociedad chilena en un régimen de terror y sangre, destruyó sus organizaciones sociales, y grupos de gran poder económico y político tomaron la dirección de la economía y del devenir social. A la cabeza de este proceso se erigía la figura militar de Pinochet encabezando esta cruzada, en conjunto con las tres ramas de las fuerzas armadas y carabineros, por medio de una junta militar. Esta caracterización no exenta de verdad, puede sin embargo velar el verdadero carácter de ese golpe y esa dictadura, que lucía vestida con el uniforme militar.

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El 11 de Septiembre de 1973 hubo un golpe militar en Chile. La junta militar que encabezó el nuevo gobierno detuvo el profundo proceso de transformaciones en marcha, que construía las bases de una sociedad más democrática e independiente, sumergió a la sociedad chilena en un régimen de terror y sangre, destruyó sus organizaciones sociales, y grupos de gran poder económico y político tomaron la dirección de la economía y del devenir social. A la cabeza de este proceso se erigía la figura militar de Pinochet encabezando esta cruzada, en conjunto con las tres ramas de las fuerzas armadas y carabineros, por medio de una junta militar. Esta caracterización no exenta de verdad, puede sin embargo velar el verdadero carácter de ese golpe y esa dictadura, que lucía vestida con el uniforme militar.
El que en Chile desde el año 1973 hasta 1990, los cargos en los organismos de mayor rango del estado y en particular sus órganos ejecutivos estuvieran compuestos en su gran mayoría por militares, no es discutible y eso da pábulo para pensar en que la esencia del régimen impuesto era su carácter militar. Sin embargo, internémonos un poco más en ese cuadro general.
El programa de gobierno establecido por la coalición de la Unidad Popular a partir de 1970, propugnaba una profundización de la democracia en la sociedad chilena, dirección en la que se dieron pasos significativos e históricos. Esta situación se dio en un cuadro en que el grupo económico dominante y sus ramificaciones internas y externas, estaban desplazados y en antagonismo frontal con esa directriz general. De esta manera un cambio que pusiera a este grupo económico dominante a la cabeza del cuerpo social no podía hacerse por vías democráticas, sino por un golpe de fuerza. Esto lo entendió muy tempranamente ese conglomerado de poder, que conspiró desde antes de asumir Salvador Allende, su estrategia golpista. Uno de los primeros conatos organizados desde la CIA, como se vio más tarde a través de los documentos desclasificados, fue el asesinato del entonces comandante en jefe del ejército René Schneider, una vez sabido el triunfo en las elecciones de Allende, y antes que asumiera su gobierno. Ese acto iba dirigido a impulsar un levantamiento de las fuerza armadas para que tomaran el poder antes de que asumiera el nuevo gobierno.
 Este primer antecedente y luego una larga lista de hechos ocurridos entre los años 1970 y 1973 mostraron que el golpe dado en septiembre de 1973, más que una iniciativa militar, que parecía ser desde el punto de vista del fenómeno, fue la culminación de un plan decidido, promovido, preparado y financiado por el bloque económico dominante en el poder, con una estrategia que se había incubado por lo menos desde el año 1970 y que utilizó como brazo armado a las FFAA de Chile, las cuales, en 1973,  no tenían ningún proyecto propio, ni militar ni de otra índole, para gobernar al país. Sin esta aclaración, se vuelve confusa la afirmación de que el rasgo principal y dominante del régimen era su carácter militar.
Es más, si se analiza con un poco de profundidad el rol de las Fuerzas Armadas durante la dictadura militar en Chile, se verá que jugaron un papel bastante mediocre en cuanto a la dirección del estado y a la defensa nacional. No hay un rol de las Fuerzas Armadas en la defensa de un proyecto verdaderamente nacional. Más bien se les asignó el doble rol de defender a su comandante y a un pequeño grupo que detentaba el poder económico, en conjunto con la poca honrosa misión de organizar y ejecutar la represión en el país. Del mismo modo se puede afirmar que, no porque a la cabeza del Banco Central se hubiese colocado un militar, los militares manejaban la política económica del país. En este caso era evidente que en el terreno económico, las directrices correspondían a las impulsadas por los grandes conglomerados de poder económico en el mundo y que posteriormente, desde fines de los 80 y comienzo de los 90, se llamó el “Consenso de Washington”, y que la gran concentración del poder político no era más que la otra cara de la gran concentración del poder económico que lo sostenía. Lo mismo se puede afirmar del resto de los aspectos de la administración del estado de la dictadura en Chile.
En este nuevo y triste aniversario del golpe de estado, hemos hecho esta precisión acerca del verdadero carácter de ese golpe, pues creo que esto está directamente relacionado con lo que verdaderamente tenemos que celebrar, cual fue el grandioso proceso vivido en Chile entre el año 1970 y 1973. Este proceso muestra que la verdadera causa por la cual cayó el gobierno encabezado por Salvador Allende, no fueron sus errores, que indudablemente existieron, sino justamente sus grandes éxitos.
El golpe fue organizado por los grandes grupos de poder económico de Chile y del exterior, tal como lo demostraron luego los documentos desclasificados de la ITT y de la CIA de EE.UU., por la profundización de la democracia en curso, por la nacionalización del cobre y por la reforma agraria, vale decir, por haber herido en lo más profundo los enclaves de poder, quienes, como única salida para preservar sus intereses fueron en definitiva los que utilizaron a las fuerzas armadas para frenar este proceso. Hoy, esos conglomerados de poder, con distintos actores, con otros medios y con otros disfraces, siguen defendiendo sus intereses acrecentados. Sus herramientas centrales hoy no son las fuerzas armadas, es su poder económico incontrarrestado, es su poder ilimitado sobre los medios de comunicación masivos, es la defensa a muerte de una institucionalidad antidemocrática y es la capacidad a imponer el capitalismo a ultranza que ha roto en lo más profundo el tejido social.
No obstante, en esta época de crisis económica global, de crisis del modelo impuesto a lo largo y ancho de la tierra, surge la memoria y el recuerdo de lo que fue ese momento en que los hombres y mujeres accedieron al poder, accedieron al control de sus condiciones de vida y como nunca antes floreció el arte y la cultura en Chile, pero no sólo eso, sino también la educación, la salud y la vivienda, con índices que no se han vuelto a alcanzar bajo el modelo neoliberal, así también como el control por parte de los trabajadores de las grandes empresas estatales y de la imposición de la gran política de nacionalización de las riquezas básicas. Esta experiencia es la que quedará como base para construir en el futuro nuevos proyectos sociales, la gran experiencia de que una vida mejor es posible.
Esto es lo que será recordado, eso es lo que trató de borrar el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 de manera infructuosa, pero eso es lo que será recordado.
*Galo Eidelstein es Vicerrector de Gestión de ARCIS (Universidad de Arte y Ciencias Sociales) y Profesor de la Escuela de Ciencias Políticas de esa Universidad.