Categoría: Internacionales

 Fuente: Jewish Currents     (22-12-2020)

En octubre, la senadora Kelly Loeffler, quien busca la reelección en Georgia, lanzó un anuncio llamado "Birds of Prey" (ave de presa) atacando a su oponente demócrata, Raphael Warnock. El título se refiere a un sermón que Warnock pronunció durante las protestas en la Franja de Gaza en 2018, en el que acusó al gobierno israelí de disparar a "hermanas y hermanos palestinos desarmados como aves de presa". En una declaración que acompaña al anuncio, Loeffler llamó a Warnock "el candidato más anti israelí del país". Al mes siguiente, dio a conocer un nuevo comercial, que nuevamente denunciaba a Warnock como "anti-Israel". Cuando los dos candidatos debatieron en diciembre, ella lo acusó de haber "llamado a Israel un estado de apartheid".

Los políticos negros a menudo enfrentan tales acusaciones. En junio, la Coalición Judía Republicana acusó a Jamaal Bowman, quien derrocó al titular Eliot Engel en el distrito 16 del Congreso de Nueva York, de apoyar las "políticas antiisraelíes". En abril, el periódico judío de derecha The Algemeiner alegó que la representante de California Bárbara Lee tenía "un claro historial de votaciones anti-Israel". El año pasado, los líderes republicanos del Congreso exigieron que la representante Ilan Omar fuera destituida del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara por sus "declaraciones antiisraelíes". En 2018, el candidato a gobernador de Florida, Ron De Santis, llamó a su oponente demócrata, Andrew Guillem, "anti israelí". Y en 2017, el Congreso Judío Estadounidense envió cartas a los miembros del Comité Nacional Demócrata advirtiendo que si elegían al congresista Keith Ellison como presidente del partido, "podría amenazar la relación entre Estados Unidos y nuestro aliado Israel".

No todos los políticos negros chocan con la ortodoxia "pro-Israel". Pero lo hacen con más frecuencia que sus homólogos blancos. Durante casi medio siglo, los políticos negros que se basan en sus propias experiencias para apoyar los movimientos nacionalistas y antiimperialistas en el mundo en desarrollo han sido acusados de antiamericanismo. Y en una cultura política en la que se considera que Israel encarna los mismos valores que Estados Unidos, el apoyo de los negros a la causa palestina a menudo también se ha considerado antiestadounidense. Año tras año, década tras década, estos ataques han obligado a los políticos negros a silenciar su simpatía por los palestinos o arriesgarse a perder un asiento en la mesa. De esta manera, el debate de Israel ha ayudado a que la política exterior estadounidense se mantenga desproporcionadamente blanca.

El historiador Charles Maier ha argumentado que el siglo XX produjo dos narrativas históricas generales. Cada uno presenta una atrocidad y un remedio. La primera narrativa, que Maier llama "occidental o eurocéntrica", toma el nazismo, o el totalitarismo en general, como su principal ofensa moral. En esta narrativa, Occidente cometió un crimen espantoso contra sí mismo, pero luego superó su propio mal cuando EE.UU. ayudó a derrotar primero a la Alemania nazi y luego a la Unión Soviética, salvando así la democracia europea. La creación de Israel, como han señalado Bashir Bashir y Amos Goldberg, encaja en esta historia redentora. Al crear un estado judío, Occidente proporcionó un hogar a las víctimas de su mayor horror.

Esta narrativa impregna el discurso de la política exterior estadounidense. Antony Blinken, el candidato de Joe Biden a secretario de estado, lo articuló el mes pasado cuando contó la historia de su padrastro, Samuel Pisar, quien escapó de una marcha de la muerte nazi después de cuatro años de vivir en campos de concentración. Al ver un tanque estadounidense, Pisar cayó de rodillas y pronunció las únicas palabras en inglés que conocía: "Dios bendiga a América". "Eso es lo que somos", declaró Blinken. "Eso es lo que Estados Unidos representa para el mundo".

Blinken no mencionó a Israel, pero no tenía por qué hacerlo. En la narrativa occidental, el ascenso de Estados Unidos al poder global y la creación de Israel se consideran dos de los grandes actos redentores del siglo XX. En este emparejamiento, los ataques contra la virtud de Israel se convierten en ataques contra la de Estados Unidos. De hecho, Loeffler vincula el apoyo al estado judío y la lealtad a Estados Unidos en su crítica a Warnock: la sección de su sitio web dedicada a sus declaraciones "antiisraelíes" cae bajo el título "Valores antiamericanos".

Sin embargo, hay, escribe Maier, una segunda gran narrativa del siglo XX, que enfatiza una atrocidad moral diferente: el imperialismo occidental. En esta narrativa antiimperialista, Estados Unidos no supera los pecados de Europa; los perpetúa. Reemplaza el colonialismo europeo por el neocolonialismo estadounidense. E Israel no representa el antídoto contra el nazismo, sino una continuación del proyecto imperialista. En esta narrativa, que enfatiza "la dominación de Occidente sobre las sociedades masivas de lo que una vez podría llamarse el Tercer Mundo", la redención no proviene del poder estadounidense sino de los movimientos nacionalistas africanos, asiáticos, del Medio Oriente y latinoamericanos que desafían eso. Muchos de esos movimientos también desafían a Israel.

Desde que Estados Unidos llegó al poder mundial a mediados del siglo XX, intelectuales y activistas negros influyentes, motivados por su subyugación en casa y su identificación con personas de color en todo el mundo, han desafiado la narrativa occidental y abrazado la antiimperialista, impugnando así el discurso político estadounidense dominante. Como ha observado el historiador Gerald Horne, "puede ser inherente a la naturaleza de una nacionalidad oprimida adoptar puntos de vista que se consideran más allá de la corriente principal". En las décadas de 1940 y 1950, el cantante y activista Paul Robeson y el sociólogo W.E.B Du Bois, que habían ayudado a fundar la NAACP (Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color),  simpatizaron con la Unión Soviética porque la vieron como una fuerza no para el totalitarismo sino para el antiimperialismo. En la década de 1960, según la activista Karen Edmonds, en el Comité Coordinador Estudiantil No Violento (SNCC), “cada uno en su bolsillo de atrás llevaba a [Frantz] Fanon”, el teórico de la liberación anticolonial nacido en Martinica.

Algunos líderes negros, como Martin Luther King Jr., abrazaron estas luchas anticoloniales sin desafiar la legitimidad de Israel. En 1957, King declaró que “[la determinación de los negros estadounidenses de lograr la libertad de todas las formas de opresión surge del mismo anhelo profundo que motiva. . . [a] personas que durante mucho tiempo han sido víctimas del colonialismo ". Sin embargo, también defendió el sionismo. Malcolm X, por el contrario, afirmó en 1964: "Los sionistas israelíes están convencidos de que han camuflado con éxito su nuevo tipo de colonialismo".

En la década de 1970, el movimiento de derechos civiles había hecho posible, por primera vez desde la Reconstrucción (período posterior a la retirada de todas las tropas yanquis del sur. Los estados sureños recuperan su status autonómico y se dictas las leyes segregacionista de Jim Cow) que los afroamericanos ingresaran a cargos electos y designados en un número significativo. Pero cuando entraron en los pasillos del poder, los políticos negros y los funcionarios del gobierno se enteraron de lo intolerantes que eran ambos partidos con la narrativa antiimperialista. Y con frecuencia, el punto de fricción era Israel.

En 1977, el presidente Jimmy Carter nombró a Andrew Young, un ex asistente de King y el primer congresista negro de Georgia desde el siglo XIX, como el primer embajador negro de Estados Unidos ante las Naciones Unidas. Pronto fue atacado por sus transgresiones ideológicas. En 1978, mientras hablaba de los disidentes soviéticos, Young dijo que los propios Estados Unidos tenían "cientos de personas a las que yo clasificaría como presos políticos en nuestras cárceles". Por hacer una comparación entre la Unión Soviética y los EE. UU., y así enturbiar el maniqueísmo moral que caracterizó la narrativa occidental, Young fue objeto de un esfuerzo de acusación en la Cámara de Representantes. Ese esfuerzo fracasó. Pero al año siguiente, Young enfrentó críticas aún mayores por un acto considerado aún más incendiario: en violación de la política estadounidense, que consideraba a la Organización de Liberación de Palestina (OLP) una organización terrorista, Young se reunió con uno de sus representantes en Nueva York. Después de una protesta del gobierno israelí y sus partidarios en Estados Unidos, fue despedido.

No todos los activistas negros defendieron a Young. Bayard Rustin, un veterano organizador de los derechos civiles y acérrimo defensor de Israel, argumentó que dado el uso de la violencia por parte de la OLP, la "identificación e incluso la solidaridad de los negros con la OLP se basa en una terrible perversión” del compromiso del movimiento de derechos civiles con la no violencia. Pero muchos otros líderes negros vieron el despido de Young como una amenaza a la capacidad de los afroamericanos de aprovechar su propia experiencia y visión del mundo para dar forma a la política estadounidense en el exterior. “Desde hace mucho tiempo ha habido simpatía por los árabes entre las masas de negros”, señaló el ex cofundador de SNCC Julian Bond. En una clara indirecta contra Israel y sus aliados estadounidenses, la NAACP declaró: "Rechazamos sumariamente la implicación de que cualquier persona que no sean los negros mismos puede determinar su papel para ayudar a dar forma y moldear las políticas exteriores estadounidenses que afectan directamente sus vidas".

En otro acto de desafío, Joseph Lowery, sucesor de King como jefe de la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur (SCLC), anunció en 1979 que encabezaría una delegación de Ministros Negros a Beirut, donde se reunirían con el líder de la OLP, Yasser Arafat, y tratarían de convencerlo que reconociera a Israel e instituyera una moratoria sobre la violencia. Rechazando la advertencia de Rustin de no conectar la lucha palestina con la lucha por los derechos civiles, los ministros se entrecruzaron de brazos con Arafat y cantaron "We Shall Overcome" (Venceremos). En su libro Black Power and Palestine (Poder Negro y Palestina), el historiador Michael R. Fischbach señala que Lowery aconsejó a Arafat que organizara una marcha de refugiados palestinos desde el sur del Líbano hasta la frontera israelí.

Como ministro y activista, Lowery podría ignorar más fácilmente las críticas al viaje. Pero otro miembro de la delegación, Walter Fauntroy, quien se desempeñó como delegado de Washington DC en el Congreso, era más vulnerable políticamente. Después de llevarse a casa restos de metralla de artillería de fabricación estadounidense que Israel había disparado contra el Líbano, Fauntroy pidió al Congreso que recortara la ayuda militar a Israel en un 10%. Con otros líderes del SCLC, también invitó a Arafat a una gira de conferencias por los Estados Unidos.

Al igual que Andrew Young, Fauntroy rápidamente se dio cuenta de lo difícil que era ocupar un cargo político y defender una política antiimperialista al mismo tiempo. El rabino Joshua Haberman, de la Congregación Hebrea de Washington, dijo a The Washington Post: "Espero que el Sr. Fauntroy actúe siempre en interés de Estados Unidos y no solo sea un líder negro", como si los líderes negros no pudieran basarse en su propia experiencia para determinar qué mejor servicio dar a los Estados Unidos. Unas semanas más tarde, después de que el Post informara que "los contactos de Fauntroy con la OLP [habían] provocado críticas en la comunidad judía local, que incluye a muchas personas que habían desempeñado un papel clave en la recaudación de fondos para las campañas políticas de Fauntroy", éste rescindió su invitación a Arafat.

Aunque menos notado en ese momento, otro ministro negro con ambiciones políticas, Jesse Jackson, estaba organizando su propio viaje para encontrarse con Arafat en Beirut. En 1979, antes de partir hacia el Medio Oriente, Jackson pronunció un discurso ante la Campaña Palestina de Derechos Humanos en el que citó la persecución de Du Bois y Robeson como evidencia de que “ aquí es y ha sido durante mucho tiempo un esfuerzo concertado . . . desafiar la audacia de la participación de los negros en los asuntos exteriores". Cuando Jackson visitó el campo de refugiados de Qalandiya en Cisjordania, vinculó explícitamente las experiencias de los negros y palestinos. “Conozco este campamento”, dijo Jackson. “Cuando huelo el hedor de las alcantarillas abiertas, esto no es nada nuevo para mí. Aquí es donde crecí".

Jackson continuó expresando simpatía por los movimientos de izquierda en el mundo en desarrollo incluso mientras se preparaba para su carrera presidencial de 1984. Visitó al líder cubano Fidel Castro y elogió al gobierno sandinista en Nicaragua, que la administración Reagan estaba tratando de derrocar. Pero también socavó gravemente su credibilidad como crítico de Israel al permitir que Louis Farrakhan lo presentara en algunos de los primeros mítines de campaña y, infamemente, llamó a la ciudad de Nueva York "Hymietown" (anglicismo que significa ciudad de judíos). Jackson se disculpó dos veces, primero en una sinagoga de New Hampshire y luego en la propia Convención Nacional Demócrata. Sin embargo, en una respuesta reveladora, Nathan Perlmutter, director nacional de la Liga Antidifamación, le dijo a The New York Times que la mayor ofensa de Jackson no eran sus "vulgaridades antisemitas", sino lo que el Times llamó sus "gestos de acomodación hacia gobiernos de izquierda como los de Cuba y Nicaragua y líderes árabes como el presidente Hafez al-Assad de Siria y Yasir Arafat”. En opinión de Perlmutter, la transgresión más significativa de Jackson fue coquetear con la política antiimperialista.

Cuando Barack Obama se postuló para presidente más de dos décadas después, muchos conservadores asumieron que él también albergaba simpatías peligrosas por los movimientos antiimperialistas en el mundo en desarrollo. La clave para entender a Obama, sugirió Newt Gingrich, fue "el comportamiento anticolonial de Kenia". Rudy Giuliani describió la cosmovisión de Obama como "socialismo o posiblemente anticolonialismo". Ben Shapiro postuló que "Obama desprecia a Israel porque desprecia a Occidente". De hecho, la política exterior de Obama, incluso hacia Israel, no se desvió sustancialmente de la de sus predecesores blancos. Aún así, como señaló su ayudante Ben Rhodes, “La sola presunción de que Obama era negro y simpatizaría con los palestinos fue suficiente para causar problemas políticos con ciertos donantes y elementos de los medios de comunicación que asumieron que eso significaría que él era anti-Israel".

Mientras tanto, en el Congreso, los políticos negros continuaron arriesgando sus carreras visitando Cisjordania y expresando su identificación con la causa palestina. Después de que la representante de Maryland, Donna Edwards, visitara Hebrón en un viaje patrocinado por J Street en 2012, comentó que "se parecían a las historias que me contaron mi madre y mi abuela sobre la vida en el sur [segregado]". Después de ser detenidos por soldados israelíes cuando se dirigían a reunirse con la activista palestina no violenta Issa Amro, Edwards y las otras cinco congresistas negras en el viaje se unieron y comenzaron a cantar "We Shall Overcome", tal como lo habían hecho los ministros del SCLC con Arafat durante más de tres décadas. Más temprano, cuando Edwards buscó un escaño en el Senado en 2016, The Baltimore Sun advirtió que se había "opuesto repetidamente a las resoluciones bipartidistas que apoyaban a Israel". El donante pro-israelí Haim Saban donó $ 100,000 a su oponente demócrata en los últimos días de su campaña primaria en el Senado, y Edwards perdió. Ese mismo año, el congresista de Georgia Hank Johnson hizo su propia visita a Cisjordania. Después de regresar, cuando comparó los asentamientos israelíes con las "termitas" que devoraban la tierra palestina, el Partido Republicano de Georgia le exigió que renunciara y Johnson se disculpó.

Los ataques a Warnock encajan perfectamente con esta tradición de medio siglo de que los políticos negros son vilipendiados por desafiar el discurso del establishment sobre la política exterior. Los republicanos no solo condenan las opiniones de Warnock sobre Israel. Citan sus declaraciones sobre Israel como evidencia de su transgresión contra la narrativa occidental, que considera que tanto los Estados Unidos como el estado judío son irreprochables. Haciéndose eco de los críticos que llamaron a Andrew Young antiamericano por afirmar que Estados Unidos tenía presos políticos, el anuncio de Loeffler que llama a Warnock "anti israelí" también lo describe como "un orgulloso defensor del pastor antiamericano y antisemita Jeremía Wright". Luego cita a Wright, en un sermón sobre el racismo y la desigualdad, declarando: " Dios no bendiga a Estados Unidos, Dios maldiga a Estados Unidos". En un eco de las críticas a Hesse Jackson después de su visita a Cuba, otro anuncio denuncia que Warnock "organizó una manifestación por el dictador comunista Fidel Castro".

Cuando se trata de Israel, Warnock está bajo ataque por la misma transgresión básica cometida por Jackson, Lowell y Donna Edwards: ver paralelismos entre las experiencias negras y palestinas. En 2016, Warnock comparó a Benjamin Netanyahu con el gobernador segregacionista de Alabama, George Wallace. Netanyahu, declaró Warnock, estaba "diciendo ocupación hoy, ocupación mañana, ocupación para siempre". En 2018, Warnock comparó las protestas palestinas en Gaza con las protestas negras en los EE. UU. "Sabemos lo que es", dijo, "ponerse de pie y hacer una manifestación pacífica y que los medios de comunicación se concentren en algunos levantamientos violentos". Warnock continuó insistiendo en que "no es más antisemita" criticar a Israel "de lo que es anti-blanco para mí decir que Black Lives Matter (las vidas negras importa)". En 2019 viajó a Israel.
En respuesta a las críticas republicanas, Warnock ha revisado sus posiciones sobre Israel, que ahora son prácticamente indistinguibles de la ortodoxia dominante. Dice que se opone a imponer condiciones a la ayuda militar estadounidense y afirma que el movimiento para boicotear a Israel tiene "fundamentos antisemitas". Ha modificado sus puntos de vista sobre las protestas en Gaza debido a su "creciente reconocimiento del peligro que Hamas representan para el pueblo israelí". Su perspectiva es ahora tan convencional que se ganó el respaldo de la “Mayoría Demócrata por Israel”, un grupo establecido para garantizar que los demócratas rechacen la misma "presión económica" sobre Israel que Warnock una vez apoyó.

Si Warnock gana, se convertirá en el primer senador demócrata negro del sur en la historia de Estados Unidos. Sus puntos de vista sobre la política exterior en general, e Israel en particular, serán cuidadosamente analizados en busca de cualquier evidencia de que conserve un apego residual a la tradición antiimperialista negra. Su elección sería una señal tanto de cuánto ha cambiado la política estadounidense en el último medio siglo como de lo poco que ha cambiado.


*Peter Beinar es un columnista, periodista y comentarista político estadounidense. Ex editor de The New República, ha escrito para Time, The New York Times y The New York Revéis of Brooks,  Enseña Periodismo y Ciencias Políticas en la Escuela Newark de Posgrado en Periodismo de la City University of New York. También es editor general de la revista Jewish Currantes y escribe The Beinar Notebook, un boletín semanal. Se autodefine como "sionista cultural". En este año provocó una tormenta política al hacer público que ya no apoya la solución de dos estados por no ser viable y se pronunció por la solución de un único estado binacional.

Traducción  y aclaraciones en el texto: Dardo Esterovich