Categoría: Internacionales

Fuente: Nuestras Voces    (7-12-2019)

La foto es de 1970, en blanco y negro. En primer plano vemos a Dilma Rousseff muy joven, apenas veinteañera, sentada en el banquillo de los acusados de la Auditoría Militar de Río de Janeiro. Había sido detenida cuando militaba en el Comando de Liberación Nacional, una organización armada enfrentada a la dictadura militar que gobernaba Brasil desde el golpe de 1964. Antes de comparecer frente al tribunal, fue torturada durante 22 días y permaneció encarcelada durante 3 años.

La mirada de Dilma tiene una mezcla de desprecio y orgullo que contrasta con la imagen de los jueces militares que, detrás, se tapan la cara. Muchas veces vi esa foto y sin embargo nunca noté el gesto lastimoso de los jueces. Tal vez porque siempre me fijé en la mirada de ella.

Casi 50 años después, en 2016, Rousseff fue destituida como presidenta de Brasil con la excusa de “violar” la ley presupuestaria; es decir, haber cambiado partidas de dicho presupuesto, un procedimiento común tanto en su país como en el nuestro. El entonces diputado Jair Bolsonaro votó a favor de la destitución de la presidenta y dedicó su voto al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, torturador de la dictadura, “el pavor de Dilma Rousseff”, según sus palabras. Bolsonaro afirmó, además, que “perdieron en 1964 y pierden ahora”, en una clara reivindicación de la dictadura y sus métodos.

Un año después, Luiz Inácio Lula da Silva, el candidato favorito en las elecciones presidenciales, fue condenado por el juez Sérgio Moro a 9 años de prisión en una causa sin pruebas, basada en su íntima convicción. Apartada Dilma y encarcelado Lula, Jair Bolsonaro ganó las elecciones del 2018. Con una honestidad encomiable, nombró al juez Moro ministro de Justicia.

Hace unos días, CFK declaró en el juicio oral correspondiente a la causa de la obra pública. Su abogado solicitó al tribunal que la declaración fuera televisada pero los jueces rechazaron el pedido. Un rechazo extravagante ya que las acusaciones sí fueron televisadas y generaron el interés de todos nuestros medios serios. Al parecer, en este caso, sería un juicio oral pero no público. “Este tribunal decidió en pleno que había que transmitir determinados juicios. ¿No les parece que tiene impacto que la vicepresidenta de la República esté sentada acá acusada de asociación ilícita, de ser ‘la jefa de la banda’? ¿En serio me lo dicen?”, declaró CFK.

Al igual que la causa contra Lula, la de la obra pública carece de pruebas. Al menos de pruebas de la defensa, ya que las auditorías solicitadas fueron sistemáticamente rechazadas. Durante más de 3 horas, CFK detalló las anomalías del proceso y denunció el lawfare detrás de la causa. Como escribió Sofía Caram en Página 12 “al finalizar su declaración CFK se levantó pero fue interrumpida para preguntarle si pensaba responder preguntas. ‘¿Preguntas? Preguntas van a tener que responder ustedes, no yo‘, fue su respuesta final”.

Las caras azoradas de los jueces del Tribunal Oral Federal 2 quedarán en la historia como las de sus colegas de la Auditoría Militar de Río de Janeiro, tapadas hace casi 50 años.