Categoría: Internacionales

Fuente: CESSEP, Brasil      (5-11-2018)

En 1933, Adolf Hitler llegó al poder en Alemania por el voto democrático. En 2018 -85 años después de la victoria electoral del líder nazi- el ex capitán del ejército Jair Bolsonaro fue elegido presidente de Brasil con 57,5 millones de votos de los 147 millones de votantes. Su oponente, el profesor Fernando Haddad, ex ministro de educación de los gobiernos del Partido de los Trabajadores y ex alcalde de São Paulo, mereció 47 millones de votos. Hubo 31,3 millones de abstenciones, 8,6 millones de votos nulos y 2,4 millones de votos blancos. Así que 89,3 millones de brasileños no votaron a Bolsonaro.

Muchos se preguntan cómo fue posible que, tras la Constitución ciudadana de 1988 y los gobiernos democráticos de Fernando Enrique Cardoso, Lula y Dilma Rousseff, los brasileños eligen presidente un diputado federal oscuro y favorable a la tortura y a la eliminación sumaria de prisioneros, defensor intransigente de la dictadura militar que asoló el país durante 21 años (1964-1985).

Nada es casualidad. Se suman múltiples factores para explicar el meteórico ascenso de Bolsonaro. No tengo la intención de abarcar a todos. Sólo expreso mi punto de vista.

La democracia brasileña siempre ha sido frágil. Desde la llegada de los portugueses a nuestras tierras en 1500, hemos tenido gobiernos autocráticos. A condición de colonia, fuimos gobernados por la monarquía lusitana hasta noviembre de 1889, cuando se decretó la República. Y hasta el año anterior se mantuvo en Brasil el más largo régimen esclavista de las tres Américas. Duró 350 años.

Los dos primeros períodos de nuestra República fueron guiados por militares. El Mariscal Deodoro de Fonseca gobernó de 1889 a 1891, y el general Floriano Peixoto de 1891 a 1894. En la década de 1920, el presidente Arturo Bernardes gobernó durante cuatro años (1922-1926) mediante el recurso semiditatorial del estado de sitio. Getulio Vargas, elegido presidente en 1930, se convirtió en dictador siete años después, hasta que fue depuesto en 1945.

Desde entonces Brasil ha conocido breves períodos de democracia. El Mariscal Dutra sucedió Vargas que, por el voto directo, regresó a la presidencia de la República en 1950, donde permaneció hasta que las fuerzas de derecha lo inducen al suicidio, en 1954.

Su Vice, Café Filho, y los parlamentarios Carlos Luz y Nereo Ramos, completaron el mandato, sucedido por juscelino kubitschek, elegido en 1955. En 1960 JK invistió a Jânio Cuadros, derribado siete meses después por "fuerzas ocultas".

El poder fue provisionalmente ocupado por una junta militar que lo pasó a Ranieri Mazzilli y luego admitió la posesión de Juan Goulart (Jango), vice de Jânio, que gobernó desde 1961 hasta abril de 1964, cuando fue derrocado por el golpe militar que implantó la dictadura, que duró hasta 1985.

En los últimos 33 años de democracia, un presidente falleció antes de ser juramentado (Tancredo Neves); su vice, José Sarney, asumió y llevó al país a la bancarrota; un avatar, Fernando Collor, se eligió como "cazador de magnates" y , dos años y medio después, sufrió un juicio por corrupción, y la presidencia fue ocupada por su vice, Itamar Franco.

Este fue sucedido por los dos mandatos presidenciales de Fernando Enrique Cardoso (1995-2003), dos de Lula (2003-2011) y un completo de Dilma (2011-2014) que, reelegida, sufrió un juicio claramente estafador después de 1 año y 8 Meses de gobierno, habiendo sido reemplazada por su vice, Michel Temer, que pasará la posta presidencial a Bolsonaro el 1 de enero de 2019.

Aciertos y errores del PT

¿Cómo se explica que, tras 13 años de gobierno del PT, 57 millones de Brasileños, entre 147 millones de votantes de una población de 208 millones de habitantes, elijan presidente a un militar dado de baja, diputado federal durante 28 años (siete mandatos), cuya notoriedad no resulta de su actividad parlamentaria, sino de su cinismo al alabar a los torturadores, lamentar que la dictadura no haya eliminado al menos 30 mil personas?

¿Cómo entender la victoria de un hombre que, en su discurso de campaña en São Paulo, vía internet, proclamó  altisonantemente  que, si elegido, sus oponentes deberían salir del país o irían a la cárcel?

No es hora de "Tirar piedras a Geni"(1). pero más que ponderar los avances sociales promovidos por los gobiernos petistas, como sacar de la miseria 36 millones de brasileños, hay que destacar errores que el PT hasta ahora no reconoce públicamente y que, sin embargo, explican su desgaste político. Subrayo tres:

1) La participación de algunos de sus líderes en casos probados de corrupción, sin que la comisión de ética del partido haya castigado a ninguno de ellos (Palocci se excluyó del partido antes de que lo echaran).

2) El descuido con la alfabetización política de la población y de los medios de comunicación favorables al gobierno, como radios y televisores comunitarios y los medios alternativos.

3) No se ha aplicado ninguna reforma estructural a lo largo de los 13 años de gobierno, excepto la que ha modificado el régimen de contribución previsional del funcionarado federal. El PT es hoy víctima de la reforma política que no ha promovido.

Las manifestaciones públicas de junio de 2013 sonaban como una alerta. La población se sentía acéfala. Había protestas en las calles, pero no propuestas. La multitud no se consideraba representada por ningún partido.

Al año siguiente, Dilma se reeligió con un pequeño margen de votos por encima de su oponente, Aecio Neves. El PTno entendió el mensaje de las urnas. Era hora de asegurar la gobernabilidad por el fortalecimiento de los movimientos sociales. Se optó por la vía contraria. Se adoptó la política económica del programa de gobierno de la oposición. El ajuste fiscal supervisado por un economista ultraliberal, Joaquín Levy, profundizó la recesión.

El Gobierno petista se había convertido en un violinista que agarra el instrumento con la izquierda y toca con la derecha... desacreditado por sus bases de apoyo, se abrió el flanco que permitió el golpe parlamentario que derribó a Dilma, sin que hubiera protestas significativas en las calles.

Temer profundizó la crisis: 14 millones de desempleados; crecimiento negativo del PIB; reforma laboral contraria a los derechos elementales de los trabajadores; 63 mil asesinatos al año (10 % del total mundial); intervención militar en Ro de Janeiro para intentar evitar el control de la ciudad por el narcotráfico. Y la corrupción expandiendose en la política y en los políticos, sin eximir siquiera al presidente de la República, con fotos y videos comprobatorios mostrados en la televisión en horario central.

Todo esto ha contribuido a profundizar el vacío político. De los partidos con mayor bancada en el Congreso, sólo el PT tenía un líder representativo, Lula. Incluso en la cárcel, se ha ganado el 39 % de las intenciones de voto al comienzo de la carrera electoral. Sin embargo, el Poder Judicial confirmó lo obvio: fue arrestado sin pruebas para quedar excluido de la disputa presidencial.

¿Quién podría aspirar a la presidencia? Fernando Enrique Cardoso entendió el vacío. Ninguno de los líderes políticos de moda tenía suficiente acptación para llenar el vacío. Por eso propuso a Luciano Huck, un presentador de TV. Pero Huck se negó. Entonces surgió Bolsonaro.

Cómo se explica el ascenso meteórico del candidato de un partido pequeño, insignificante, que herido en campaña abandona las calles y no participa de los debates en la televisión?

Repito, nada sucede por casualidad. El Capitán recibió el apoyo de tres importantes segmentos de la sociedad brasileña:

1) Primero, del único sector que, en los últimos 20 años, se ha dedicado obstinadamente a organizar y "hacer" la cabeza de los pobres: las iglesias evangélicas de perfil conservador. El PTdebería haber aprendido que nunca ha tenido tanta trasvase nacional al contar con el apoyo de las comunidades eclesiales de base (Cebs).

Pero las Cebs refluíram bajo los papado conservadores de Juan Pablo II Y Benedicto XVI. Y ningún trabajo básico se ha hecho para ampliar el trasvase y la formación de los núcleos partidarios, en los sindicatos y en los movimientos sociales, excepto en movimientos como el MST y el MTST. Mientras tanto, las iglesias evangélicas pasaron a ocupar el 30 % de la programación televisiva abierta, y a enseñar que "hermano vota un hermano", cambiando los temas sociales y políticos para el moralismo individualista. Estas Iglesias han crecido más del 60 % en los últimos años. En el caso de Bolsonaro, que era católico, se dejó bautizar en Israel por el pastor Everaldo.

2) También fue apoyado por el segmento policial militar que se nutre de nostalgia por los tiempos de la dictadura militar, cuando se gozaban de amplios privilegios, tenían sus crímenes protegidos por la censura a los medios, y disfrutaban de total inmunidad e impunidad Ahora, según la promesa del elegido, tendrán permiso para matar.

3) Y ha sido apoyado aún por los sectores de la élite brasileña que se quejan de los límites legales que dificultan sus abusos, como la agroindustria y las minería en relación con las reservas indígenas por ellos codiciadas y a la protección del medio ambiente, en particular de la Aamazonia. Este sector quiere un gobierno dispuesto a ignorar todo lo que se refiere a trabajo esclavo, protección medioambiental, derechos de indígenas y cimarrones. Y obtener señal verde para criminalizar movimientos sociales que luchan por tierra y techo, en defensa de los derechos humanos, y contra actitudes discriminatorias, como la homofobia.

Hay todavía un nuevo factor que ha favorecido la elección de Bolsonaro: el poderoso lobby de las redes digitales controladas desde los Estados Unidos. Millones de mensajes se han enviado directamente a los 120 millones de brasileños con acceso a internet, casi todos votantes, ya que en Brasil el voto es obligatorio para quienes tienen de 16 a 70 años de edad.

Bolsonaro supo explotar este nuevo recurso que amenaza seriamente la democracia y se utilizó con éxito en la elección de Donald Trump, en los Estados Unidos, y en el referéndum que decidió la salida del Reino Unido de la Unión Europea (brexit). Los Tribunales electorales de Brasil hasta ahora no saben cómo enfrentar tales ataques cibernéticos.

Desafios de futuro

Y ahora ¿qué hacer? Los movimientos progresistas y lo que queda de izquierda en Brasil seguramente promoverán demostraciones, manifestaciones, petitorios etc., en un esfuerzo de evitar un gobierno fascista. Nada de eso me parece suficiente. Hay que regresar a las bases populares.

Como destacó  Brown en el mitin final de la campaña de Haddad en Río, la izquierda ya no habla el lenguaje de la periferia. Los pobres votaron en el proyecto de los ricos. La izquierda seee llena la boca con la palabra " pueblo", pero no se dispone a "perder " fines de semana para ir a las favelas, a las aldeas, a la zona rural, a los barrios donde viven los pobres. No se arma con el método Paulo Freire para organizar, politizar y movilizar el masas. No busca conocer y aplicar la metodología de educación popular. No reconoce la fe popular como factor, no sólo de alienación, sino también de liberación, dependiendo de cómo se la cultiva.

Estas son las prioridades de la actual coyuntura brasileña: el PT debe hacer autocrítica y recrear; la izquierda regresar al trabajo de base; el movimiento progresista rediseñar un proyecto de Brasil queresulte un proyecto político viable. De lo contrario, Brasil ingresarás durante mucho tiempo en la edad de la oscuridad.

(1) Dicho portugues yue significa "señalar culpales"

*Fray Betto es escritor, autor de "Calendario del poder" (Rocco), entre otros libros.