Categoría: Internacionales

Fuente: Nuestras Voces     (2-09-2018)

Fernando Haddad lleva siempre en la billetera una fotografía de su abuelo Cury Habib, integrante de la resistencia libanesa contra la ocupación francesa un siglo atrás y una de las grandes influencias políticas del dirigente trabalhista por el tesón y honestidad que demostró en vida, detalla el periódico O Estado de Sao Paulo. Cury Habib, parte de la corriente migratoria libanesa que se asentó en Brasil, falleció cuando su nieto era muy pequeño. Cury, quizás, nunca imaginó que Fernando, esa criatura, iba a terminar siendo ministro o alcalde paulista.

Hoy, Fernando Haddad podría –por qué no– tomar esa foto ajada para contarle otro logro suyo a su entrañable abuelo: candidato presidencial.

“La militancia política de Haddad comenzó cuando estudiaba en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Pablo. En esa época, el paulista comenzó a indagar en las teorías de Karl Marx. Así comenzó a formar su perfil de intelectual reflexivo que aún lo caracteriza. Después de la licenciatura en Derecho, Haddad hizo una maestría en Economía y un doctorado en Filosofía, completando así su formación académica. Luego, con 34 años, es contratado como profesor de Ciencia Política en la Universidad de San Pablo, y después desempeña funciones como analista de inversiones para la firma Unibanco”, detalla el periodista brasileño Manuel Louro en una reseña titulada Haddad, un intelectual que viene para sustituir al sindicalista Lula.

La campaña electoral presidencial brasileña presenta un componente inédito. El centro solar del actual escenario político, figura estelar en las últimas décadas, no puede intervenir en el debate político nacional por estar preso tras afrontar un juicio pleno de irregularidades. A pesar de estar en modo mute, Luiz Inacio Lula Da Silva lideraba hasta el último viernes –día en que el TSE finalmente bajó el pulgar de la candidatura de Lula– todos los sondeos de opinión. Incluso, las encuestas realizadas por consultoras, o por medios de comunicación, contrarios al lulismo, mostraban al dirigente nordestino sólo en las alturas, y creciendo en intención de voto. Pero, esa bonanza del trabalhismo, más bien de Lula, ante la opinión pública ya es parte del pasado.

Proscripto el ex presidente, Fernando Haddad será quién lo reemplace en este mes y medio que resta de campaña. Ahora bien, ¿Quién es el dirigente elegido por Lula para que tome su voz y sus banderas ante el electorado? ¿Podrá el histórico líder del PT transferir su capital político al sucesor elegido como lo hizo en su momento con Dilma Rousseff? ¿Representa Haddad, como dice el colega brasileño Manuel Louro, la posibilidad de revestir al PT con la estética de una izquierda blanca y proba? ¿Podrá Haddad, como marca el profesor de la Universidad de Brasilia Paulo César Nascimento, acercar al PT hacia los sectores medios del Brasil?

El analista internacional Martín Shapiro, integrante del programa radial Un mundo de sensaciones en la emisora Futurock, que se emite todos los domingos al mediodía, es un lúcido interprete político del vecino país. En diálogo con Nuestras Voces, Shapiro hace una breve reseña de los aspectos políticos más significativos de Haddad: “Tiene una serie de activos como candidato. Por un lado, es una figura relativamente nueva para la opinión pública, ya que no pertenece a la vieja guardia del PT. Es un dirigente, a su vez, de estrechísima confianza de Lula, una afinidad que se hizo pública por primera vez cuando el ex presidente lo eligió como candidato para San Pablo. Que es, como todos sabemos, una de las plazas electorales más importantes. Y Lula tomó esa decisión pese a que, en ese momento, Haddad tenía poco conocimiento público y de que, además, tenía otras cartas electorales más instaladas en la opinión pública como la histórica dirigente Marta Suplicy. Por otro lado, Haddad cuenta con otra particularidad, no menos importante, no está manchado por escándalos de corrupción, algo que cobra importancia en la actual campaña electoral”.

Más allá de los datos biográficos de Haddad, de su color y temperatura política, la pregunta del millón que surge entre los analistas pasa por tratar de anticipar cuánto del caudal electoral de Lula podrá capturar el ex alcalde de San Pablo. El también analista regional e internacional Gabriel Puricelli hizo por estos días una interesante anotación en su cuenta personal en redes sociales: “En ese sentido, los antecedentes de transferencia son desparejos. En 2012, Lula inventó a Haddad como candidato a alcalde de San Pablo y lo elevó en popularidad del 3% al 29% en apenas seis meses. Con ese espaldarazo pudo ganar la elección. En 2016, también con Lula detrás, Haddad se derrumbó al 17% en intención de voto y no pudo ser reelecto”.

Shapiro, por su parte, estima que la buena correspondencia electoral conseguida por Lula en su momento con otra dirigente del PT, Dilma Rousseff, que al igual que Haddad no pertenecía a la vieja guardia trabalhista ni era, nuevamente como Haddad, una figura pública nacional, fue conseguida en una coyuntura política distinta. “Dilma captó los votos de Lula porque, considero, que en ese momento el líder del PT tenía un 80% de popularidad. Pero, hoy el líder del PT no llega a un 50% en ese segmento. En segundo lugar, todavía es confuso anticipar cuál va a ser el nivel de transferencia de votos de Lula hacia Haddad porque la elección está en una etapa embrionaria. Dilma, en el inicio de su primer campaña, medía unos 5 puntos y, luego, fue creciendo en una elección en la que necesitó de una segunda vuelta para ganar. Tercer punto, en ese momento, Lula contaba con mucho apoyo, económico y mediático, para hacer campaña y hoy, además, de detenido, está censurado”, advierte el también columnista del portal político Panamá Revista.

Eduardo Crespo, economista y politólogo argentino que reside en Brasil desde hace años como profesor e investigador en la Universidad Federal de Río de Janeiro, coincide junto a la mayoría de los analistas en anticipar que el ex ministro de Educación se estaría quedando con la mitad de la “torta electoral” de Lula. ¿Para cuánto alcanza ese capital político? Crespo opina que para un ballotage, un final a todo o nada contra el neofascita Jair Bolsonaro. Así justifica su pronóstico: “Gerardo Alckmin no despega. Pese a contar con más del 50% de la publicidad televisiva disponible, y de tener el aparato nacional del PSDB, no tiene carisma y está contaminado con el Lava Jato. Hoy perdería San Pablo. Marina Silva se desinfla. Ciro Gomes tampoco, sobre todo si Haddad arranca con un porcentaje significativo en encuestas”.

¿Qué podría pasar en esa segunda vuelta para alquilar balcones entre Haddad y Bolsonaro? “Lo curioso de este segundo turno es que Haddad es el único candidato que podría derrotar a Bolsonaro. Y muy probablemente también Bolsonaro es el único candidato que podría derrotar a Haddad. ¿Por qué? Por la grieta. Bolsonaro acaudillaría todo el odio antipetista, insulso entre moderados. Con Haddad ocurriría exactamente lo contrario. Además de los votos lulistas, sumaría todo el voto democrático que aún existe en Brasil. El resultado es incierto y mucho más incierto aún será un eventual gobierno de Haddad o Bolsonaro con estos decibeles de grieta”, le pone suspenso Eduardo Crespo.