Categoría: Internacionales

Fuente: Nuestras Voces   (12-05-2012)

El 12 de mayo de 2016, el Senado brasilero aprobó el juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff para separarla de su cargo y permitió que Michel Temer, su vicepresidente, asumiera el poder. Se cumplió un año del golpe institucional y la ex presidenta fue agasajada en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de La Plata con el premio Rodolfo Walsh.

Pero el premio fue doble: además de que la decana le entregara el mítico galardón Rodolfo Walsh –máximo honor de la Alta Casa de estudios– “por su ejemplo de trayectoria político-académica, compromiso militante y coherencia en los principios y la acción”, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini le regaló el pañuelo, el símbolo máximo de la lucha por los derechos humanos, un día después de la histórica marcha en repudio al fallo que beneficia a los genocidas con el 2×1.

“Bienvenida compañera Dilma”

Desde la entrada a la ciudad de las diagonales, gobernada por el intendente macrista Julio Garro, los pasacalles preveían lo que sería una tarde militante: “Bienvenida compañera Dilma”, rezaban los carteles hasta llegar al predio de la Facultad de Humanidades donde se llevó a cabo el acto.

El auditorio techado estaba colmado. Las banderas, los bombos y los cánticos generaron la mística previa hasta la entrada de la Presidenta de Brasil: “Atención, atención, atención, atención: Dilma te saludan los soldados de Perón”. Los aplausos y los gritos se redoblaron cuando Rousseff subió al escenario junto a la decana de la Facultad, Florencia Saintout, el secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Pablo Gentili, la también destituida ministra de políticas para las mujeres de Dilma, Eleonora Menicucci y la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini.

Después de los himnos de cada país y de un video en el que diferentes personalidades de la política, la cultura y el sindicalismo le daban la bienvenida, Hebe le entregó el pañuelo a Dilma. Emocionada la ex mandataria mostró el pañuelo y se lo colocó en la cabeza. El público estalló. “El pañuelo de las Madres no recorre cualquier lugar”, sentenció Hebe. “Por eso es un honor para nosotras que nuestra compañera revolucionaria lleve el abrazo de nuestros hijos porque eso te va a dar fuerzas. Estamos honradas de que Dilma lleve el pañuelo”.

Luego fue el turno de la decana de la Facultad, quien recordó que Hugo Chávez Frías, Rafael Correa, Evo Morales, Álvaro García Linera y Cristina Fernández de Kirchner también recibieron el premio Rodolfo Walsh. También se refirió a la situación de la educación y mencionó que desde el 2001 no se vivía un paro tan grande como el que están atravesando.

“Querida compañera Dilma este no es un premio neutral –arengó Saintout–. Este es un premio que toma posición, que está al lado de los que luchan, de los que tienen valentía, está del lado de los pobres, de los necesitados, de los que no claudican ni se arrodillan”. La decana, que además es concejala, advirtió que Dilma es un emblema de lucha: “En tiempos de oprobios, ignominias y dolor, también tenemos alegrías y fortalezas como la que nos da otorgarle este premio tan significativo”.

Cuando llegó el turno de la líder brasilera, agradeció uno por uno a los presentes pero sobre todo a las Madres a quienes calificó como el símbolo del “coraje, pasión y amor” y sostuvo que el premio Rodolfo Walsh representa la “capacidad de restituir y aceitar mis propias convicciones”. Pero lo que más sorprendió fue que antes de comenzar con su discurso, Dilma pidió sin tapujos en la lengua: “Libertad a Milagro Sala”, lo que conminó la ovación de la militancia.

En un discurso contundente, que duró alrededor de cuarenta minutos en un portugués claro, primero, la ex presidenta saludó a Cristina Fernández de Kirchner y la calificó de “compañera y sobre todo amiga”. Luego, Rousseff trazó un pantallazo general de los últimos años en Brasil, desde la década del 90 hasta la asunción de Lula en 2003, y repasó todos los logros sociales de sus gobiernos hasta la llegada de Temer al poder. “Hemos sacado a 36 millones de brasileros de la pobreza extrema, ampliamos el papel de las empresas públicas. Nadamos contra la corriente. Todos los gobiernos de América Latina nadamos contra la corriente”.

Las razones del golpe

El golpe de Estado contra la ex presidenta de Brasil comenzó a gestarse en 2015 bajo la figura del juicio político (impeachment). Se la acusó de haber violado la ley de responsabilidad fiscal al haber alterado las partidas presupuestarias y usar créditos de bancos públicos para cumplir con los programas sociales. El 12 de mayo Dilma fue suspendida de su cargo y finalmente, el 31 de agosto de 2016 fue destituida.

Rousseff había sido electa en octubre de 2010 por el 56 por ciento de los votos y se convirtió en la primera presidenta mujer del Brasil por el Partido de los Trabajadores. En 2014 fue reelecta para este cargo sin embargo, un año después, 61 Senadores votaron destituirla.

Durante el acto en La Plata, Dilma enumeró las razones por las cuales sostiene que le dieron el golpe. “En primer lugar, había que encuadrar a Brasil económica, social y políticamente. Porque en nuestros gobiernos fue un país que tuvo relaciones multilaterales y miró más que nada a los países de América Latina”. En segundo lugar, Dilma sostuvo que los que le los partidos que le hicieron el golpe “querían impedir que las investigaciones de corrupción lleguen a ellos”. Luego, Rousseff sostuvo que fue sobre todo un golpe “misógino y machista”: “Es muy claro esto, cuando le dicen a una mujer que es dura, al hombre le dicen que es fuerte; cuando a una mujer le dicen frágil, al hombre sensible; cuando una mujer trabaja mucho dicen que es compulsiva pero el hombre es un trabajador fuerte, esto es así y me pasó durante todo mi mandato”. Por último, sostuvo que el golpe no podía haberse llevado a cabo sin los medios de comunicación en contra “controlados por cuatro familias”.

Golpe contra Lula

Este miércoles, antes de viajar a recibir el premio Rodolfo Walsh, Rousseff acompañó a su mentor y compañero político, Luiz Inácio Lula da Silva a declarar por primera vez en un juicio en su contra por corrupción en una afrenta judicial sin antecedentes. Lula debió sentarse en el banquillo de los acusados durante cinco horas ante el Juez Federal Sergio Moro –su principal y manifiesto enemigo– por un supuesto caso de corrupción relacionado con la trama destapada en Petrobras.

“Un análisis que se hizo en Brasil determinó que se perdió un derecho por día desde que empezó el golpe, es decir que el pueblo brasilero lleva 365 derechos perdidos”, explicó la ex mandataria. Pero “¿cómo salimos de esto?”, se preguntó. Y sin dudas respondió: “Con un proceso democrático porque tenemos al candidato de mayor aprobación en las encuestas que se llama Lula”. Actualmente, Lula es favorito en varias encuestas presidenciales de 2018. Un estudio de CUT/Vox Populi de abril indica –por ejemplo– que si las elecciones fueran hoy obtendría el 44 por ciento de los votos.

Sin embargo, Dilma también advirtió que “ellos están preparando la segunda etapa del golpe en Brasil que es impedir que Lula se presente a las elecciones”, y acá mencionó otro factor clave: la Justicia.

“El pueblo brasilero no es bobo –lanzó a modo de conclusión–. Esperamos una lucha reñida. Pero lo que tiene que quedar claro es que la fuerza y la resistencia de Rodolfo Walsh es lo único que nos resta. Nosotros no vamos a desistir. Vamos a tener coraje y resistir”. Una vez más y ovacionada por los estudiantes, docentes, políticos, periodistas, artistas presentes, pidió fuerte y claro: “Libertad a Milagro Sala”