Categoría: Internacionales
Fuente: Revista CONVERGENCIA Nº34 Julio

{mosimage}Vientos de fronda soplan en el mundo capitalista contemporáneo. Aunque las causas son interpretadas de forma diversa por los numerosos analistas de la realidad económica y financiera internacional, las consecuencias de esta crisis estructural del sistema capitalista están a la vista. Algunos datos recientes provocan estupor por su gravedad, sobretodo desde el punto de vista social. El desempleo se duplicó en un año en Europa y Estados Unidos. El PBI, en ambos espacios, retrocedió en el primer trimestre de este año a tasas superiores al 6 %. En los países periféricos, la situación es también alarmante. La producción industrial de Chile cayó en mayo de 2009 el 15,2 % con respecto al mismo mes del año anterior. En Brasil tal retroceso fue del 11,3 %. No hay país donde la crisis haya dejado de golpear fuertemente, tanto desde el punto de vista económico como social; Argentina ha sido una de las pocas excepciones. Ello obliga a escrutar la realidad con sentido crítico antes de enunciar caminos de urgente superación de la crisis.
Nuestra postulación, al respecto, consiste en asignar el peso de la responsabilidad en el desmadre económico financiero en pleno desarrollo, en la exacerbación -sin límites ni barreras de contención- del principio básico de funcionamiento del régimen capitalista, a saber: lograr la máxima tasa de ganancia en el menor plazo posible sin medir los costos de ningún tipo en el cumplimiento de tal objetivo.
Este principio fue progresivamente focalizándose en la entronización del capital financiero como principal motor del proceso de acumulación del capital, subordinando a las otras fracciones del capital al arbitrio de su función de generador de altas ganancias especulativas y no respaldadas por la creación de bienes materiales
Viene bien a esta altura recordar aquella celebrada frase del ilustre economista John Maynard Keynes quien al referirse al régimen de acumulación capitalista dijo:
 “El capitalismo es la creencia de que los hombres más despiadados con las motivaciones más codiciosas trabajarán para el beneficio de todos” (Revista Ñ, diciembre 2008, pagina 9)

El fenómeno del derrumbe de la economía real no puede desligarse de los tremendos golpes que ha recibido el sistema financiero en su conjunto en la medida que ambos obedecen a una misma matriz de desarrollo, se realimentan entre sí y, en una importante proporción, coexisten bajo el paraguas de una misma empresa o grupo económico. Es, entonces, ilusorio desagregar el destino de una esfera del capital de la otra dado que, en última instancia, son dos caras de una misma moneda. Los inversores de capital lo hacen en forma indistinta tanto en su rol financiero como de productores de bienes y servicios para consumo aunque se encuentran firmas especializadas en una y otra actividad. La emergencia de una economía sobredimensionada en cuanto al afán consumista -característica resaltante en la dinámica de acumulación y de utilización de los recursos disponibles en Estados Unidos- obliga al crédito a ser una parte esencial del aparato de producción y de consumo. Sin el aporte del sistema bancario, los consumidores norteamericanos no podrían adquirir el flujo de bienes provenientes de la desorbitada corriente importadora desde el Sudeste Asiático y de los ingresos al mercado nativo de bienes de producción nacional. La burbuja financiera se fue construyendo para posibilitar el consumo. Al estar tan íntimamente asociado un proceso del otro -sin préstamos no se puede consumir dado que aquel es el basamento donde éste se asienta- poco importa ya de quién es la responsabilidad.

Así, se adquirían bienes y servicios con recursos prestados más allá del ingreso disponible que se gastaba totalmente en consumir.
Es preciso analizar un doble fenómeno que deseamos puntualizar y que actuó realimentándose mutuamente para constituir un factor central del actual desmadre. Por un lado, operó el rápido incremento del endeudamiento, que exigía suficiente capacidad de repago de los deudores ante cualquier circunstancia desfavorable. Por el otro, esa circunstancia se fue dando sistemáticamente en las últimas décadas en la principal potencia económica mundial a través de la “deflación salarial”, es decir:
” (…) la caída de la proporción de los salarios en el reparto de la riqueza, inducida por la presión que ejerce el librecambio, tanto a través de los productos importados como de la posibilidad de deslocalizar la producción” (Jacques Sapir. “El retorno del proteccionismo y sus adversarios. Tótem y tabúes”. Le Monde Diplomatique, marzo 2009: 4).

Acompañando este análisis general, un reconocido y brillante analista de la realidad económica ha introducido recientemente una interesante visión del proceso del descalabro sin fin que nos acosa y que se ha instalado con singular fuerza y permanencia en el corazón del sistema capitalista internacional. En este sentido,  afirma:
”El fin de las rutinas y el ingreso en un tiempo de desorden general nos están señalando que el mundo no se encuentra ante una enfermedad pasajera, una “crisis cíclica” más al interior del gran ciclo sino ante una crisis de enorme amplitud porque el viejo organismo, el sistema social, está muy viejo” (Beinstein, Jorge. Buenos Aires Económico, 2 de marzo de 2009: 28).

Una salida inviable al proceso de decadencia o senilidad del capitalismo tiene que ver con la imposibilidad política de buscar una salida al deterioro productivo y a la caída de la tasa tendencial de ganancia vía una solución ”belicista”. La experiencia de Irak está finalizando sin haber logrado imponer una supuesta virtud regenerativa del capitalismo “senil” y los cambios políticos recientemente operados a nivel cupular en Estados Unidos alejan aún más esta opción como la “salvadora”. Irán, que aparece como el enemigo en ciernes, no puede constituir un potencial contendor de la magnitud necesaria para que una aventura belicista lo convierta en motor de un proceso de inversión militar compensador del debilitamiento de la lógica de funcionamiento del sistema productivo estadounidense. Las recientes afirmaciones de la Jefatura de la Inteligencia Militar de EEUU acerca de la imposibilidad de que Irán disponga en el corto y mediano plazo de artefactos nucleares, le quita legitimidad a cualquier aventura bélica y el mundo -luego de lo de Irak- no acompañaría una medida unilateral, cuando el multilateralismo nuevamente se está imponiendo.

¿Hay salida convencional, como en las otras crisis focalizadas del capitalismo, que  permitió una y otra vez, renacer el Ave Fénix de entre las cenizas? Muchos analistas ya empiezan a contestar que no, precisamente porque el origen de la presente crisis difiere sensiblemente de las causas que signaron las previas, como ya hemos puntualizado.
El emergente escenario implica la necesaria construcción social de opciones valederas en donde la participación popular y el correspondiente poder a acumular posibiliten la apertura de una sociedad alternativa.

Esta construcción social implica avanzar en un proceso encaminado a erigir un nuevo edificio, que ya tiene sobrados cimientos, que consagre un orden económico nacional e internacional basado en la solidaridad, en la cooperación y en  el reparto equitativo de la riqueza, bajo condiciones de plena sustentabilidad social y ambiental. Parece una utopía pero, en realidad, es un camino a recorrer sin punto preciso de llegada y jalonado por acciones cotidianas que tenga en cuenta la voluntad y el propósito de afianzar el esfuerzo a  emprender con plena participación popular. Volver al punto de partida previo a setiembre de 2008 es volvernos a encontrar en un totalmente insatisfactorio escenario. Y no impulsar una real transformación supone estar condenados a que este desastre se vuelva a repetir. La lección hay que aprenderla y no debemos equivocarnos más.