Categoría: Comunitarias

Fuente: Facebook R. Aronskind    (7-02-2020)

Resultado de imagen de ricardo AronskindEs hora de decir algo sobre esta manga de derechistas que vienen participando a full en la política argentina e internacional, usando el artificio de "lo judío" para no ser cuestionados y poder hacer política sin restricciones ni críticas.

Me refiero a Waldo Wolf, Claudio Avruj y a otros dirigentes comunitarios de similar calaña.

Ellos son, simplemente, ACTIVISTAS DE DERECHA, pero disfrazados.

Responden a sus intereses personales, a sus negocios locales, a sus contactos y a sus negocios con Israel.

Nada de lo que ellos hacen tiene que ver con una práctica judía específica, ni mucho menos con la defensa de los legítimos intereses de la colectividad judía.

Es puro activismo derechista. Son el ala "judía" de la derecha troglodita argentina. Han encontrado un "nicho" de participación, desde donde aportan una opinión presuntamente "desinteresada".

Han inventado al "Héroe Nisman", que es una aberración completa. En el futuro se estudiará en las carreras de comunicación cómo, en pleno siglo XXI, se pudo inventar una colosal patraña, un relato ridículo y hacérselo creer a miles de personas que se consideran informadas, aquí y en el exterior. Tanto como para erigir monumentos en su memoria. Vergonzoso.

Han sido un ariete contra el gobierno kirchnerista, y contra Cristina Fernández, de acuerdo a las necesidades de los norteamericanos de reconfigurar el panorama regional udamericano y desplazar a los gobiernos que mantenían una postura soberana. Se entiende porque forman parte de la derecha argentina, que odia todo lo nacional y popular. Pero QUE NO SE VISTAN DE JUDÍOS NI INTERPRETEN LAS CRÍTICAS A SUS OPERACIONES POLÍTICAS COMO ANTISEMITISMO.

Son, simplemente, impostores y delincuentes ideológicos.

Ahora atacan a Jorge Elbaum y a Sergio Burstein, dos muy dignos defensores de las víctimas de la AMIA y
denunciadores del encubrimiento del crimen, encubrimiento que muchos de estos charlatanes derechistas promueven y defienden. Ahí está su gran amigo Garavano, ministro de justicia del gobierno macrista al cual respondían estos farsantes comunitarios, poniendo a salvo a unos fiscales culpables del caso de encubrimiento.

Así como no se puede aceptar la pretensión del gobierno derechista del Estado de Israel -hoy acusado judicialmente de corrupción y engaño a la opinión pública- que todo lo que hace está bien, y si es criticado es por antisemitismo, tampoco se puede aceptar la pretensión de esta runfla de derechistas que sus prácticas nefastas no puedan ser enunciadas, porque sería antisemitismo.

Es una práctica de la derecha (judía) en muchas partes del mundo.

En Gran Bretaña, al gran líder laborista Jeremy Corbyn lo atacaban y desgastaban en las recientes elecciones inglesas como "antisemita", porque algún militante laborista tuvo expresiones repudiables, aunque se sabe perfectamente que Corbyn es un demócrata cabal y un humanista, pero sí crítica las políticas anexionistas israelíes y las políticas de ajuste y antipopulares de la derecha británica..

La derecha, a nivel global, viene vaciando de contenido todas las palabras, a medida que fracasa la globalización neoliberal.
Por ejemplo: libertad; por ejemplo: democracia; por ejemplo: derechos humanos. En la embajada de Arabia Saudita en Estambul, hace muy poco tiempo, capturaron a un periodista norteamericano, lo mataron y descuartizaron y disolvieron en ácido, y no hay ningún problema. Arabia Saudita y su petróleo son amigos.

El mundo de la derecha está totalmente vacío de valores sustantivos. Porque lo único que realmente le importa a la derecha -no importa si judía o no- es garantizar que las corporaciones y el capital financiero puedan seguir con sus negocios más allá de lo que pase con la humanidad y con el planeta. Y estos pelagatos locales -judiós y no judíos se conforman que les den un lugarcito de comparsa de los grandes intereses globales.

A la patética derecha judía local le toca vaciar conceptos importantes, como el de antisemitismo, para escudar sus posiciones que devienen de su profunda relación con la derecha local y la derecha internacional.

El antisemitismo, lamentablemente, es un fenómeno real y una amenaza a los derechos humanos. No desapareció, y es una forma de racismo tan repudiable como cualquier otra forma de racismo.


Los peleles como Waldo Wolf lo banalizan, lo transforman en un chiste y dañan las defensas que tiene que tener la sociedad democrática frente a las acechanzas verdaderas.

Ojalá que así como la sociedad argentina se recuperó de la ensoñación macrista, la colectividad judía logre superar una dirigencia que la humilla y la pone en peligro.