Categoría: Comunitarias

Fuente: Haaretz      (7-10.2016)

En su libro de 1989 "La modernidad y el Holocausto", el sociólogo judío-polaco Zygmunt Bauman habló del papel extraordinario que jugaron los judíos en el surgimiento de la modernidad occidental. A principios del siglo XX, los judíos fueron considerados como los abanderados del bolchevismo revolucionario, pero al mismo tiempo, representantes del establishment de la democracia liberal. En términos económicos, los judío fueron considerados que eran socialista y capitalista por igual, y también se agitó el resentimiento por pertenecer a una élite sin raíces o, alternativamente, a una chusma bárbara y sucia.

Esta dualidad percibida fue un elemento en el aumento de antisemitismo moderno. Sin embargo, según Bauman, esa situación ya no se aplica hacia el final del siglo XX.

En contraste con las circunstancias anteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando los judíos de Europa del Este fueron considerados regateadores empobrecidos, en Europa y América contemporánea ha habido un movimiento masivo de los judíos hacia la clase media alta. Lejos de ser una minoría en los márgenes de la sociedad, los judíos se identifican claramente con el poder económico y político. Ese cambio también produjo una transformación en el perfil político de los judíos. Bauman cita estudios científicos que demuestran que los judíos son hoy "generalmente conservadores", ya no radicales o revolucionarios.

La historia de amor de los judíos con la izquierda comenzó a principios del siglo XIX y alcanzó su punto máximo en la primera mitad del XX. Personificada por figuras como Rosa Luxemburgo, León Trotsky y Kurt Eisner, fue debido al poderoso deseo de jóvenes judíos de destruir un mundo en el que fueron víctimas de la discriminación y la exclusión. Al mismo tiempo, como lo señaló la filósofa política Hannah Arendt, los líderes de los movimientos sindicales eran en muchos casos los hijos de millonarios judíos. Así, la mesa celebratoria durante las fiestas judías a veces era compartida por un capitalista que empleaba a cientos de trabajadores, y su hijo anarquista revolucionario.

La década de 1960 vio el surgimiento de una nueva ola de judíos de izquierda como "Danny el Rojo" (Daniel Cohn-Bendit) y Abbie Hoffman. Su motivación especial como judíos fue rebelarse contra el mundo en que se había perpetrado el Holocausto. Además de los individuos famosos, millones de judíos en los Estados Unidos, Europa e Israel apoyaron los movimientos socialistas que fueron revolucionarios en mayor o menor grado.

Sin embargo, como señala Bauman, esta constelación ha cambiado por completo. De hecho, en el período que va desde 1989 (caída del Muro de Berlín, N. del T.), los procesos que se describen se han vuelto más extremos. En términos generales, se judíos ya no se mueve hacia las clases superiores, ya que desde hace mucho tiempo son una parte de ellas. Al mismo tiempo, el movimiento de los judíos hacia el conservadurismo político es cada vez mayor. Los estudios realizados en los últimos años muestran que los judíos en Francia, Alemania, Gran Bretaña y Australia ahora tienden a votar por la derecha más a menudo que a la izquierda. En Argentina, donde los judíos fueron alaguna vez identificados fuertemente con la izquierda, la dirección de la comunidad el año pasado respaldó a la derecha en sus intentos de derrocar a la presidenta Cristina Kirchner. Incluso en Canadá, donde los judíos eran conocidos como una comunidad sorprendentemente liberal, el 52% de los votantes judíos optaron por los conservadores en la última elección.

En Europa, algunos líderes de la comunidad judía se han opuesto recientemente a la absorción de los refugiados, en particular de Oriente Medio. Los ataques terroristas llevados a cabo por los partidarios del Estado Islámico contra instituciones judías, contribuyeron de forma natural al fortalecimiento de la tendencia hacia la derecha entre los judíos en todas partes. Josef Schuster, el presidente del Consejo Central Judío de Alemania, dijo a principios de este año que no habrá más remedio que limitar la entrada de refugiados de origen árabe,  posicionándose a la derecha de la canciller Ángela Merkel.

En otros países, los judíos se están moviendo cada vez más hacia la extrema derecha. En un reciente artículo en el semanario judío-estadounidense Forward (Adelante), el periodista Ari Pablo describió los esfuerzos de la extrema derecha de Europa para reclutar judíos con el fin de adquirir legitimidad. Activistas de la organización anti musulmana Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente) en Alemania, con frecuencia izan banderas de Israel y hablan en nombre de una "herencia judeocristiana", que dicen está amenazada por el Islam. En la actualidad, sólo una minoría de las comunidades judías europeas apoyan a la extrema derecha, pero incluso esa tendencia se habría considerado inconcebible hace una o dos décadas.

La situación es más compleja en lo que respecta al perfil político de judíos en los EE. UU. Los judíos estadounidenses mayoritariamente tienden a apoyar al Partido Demócrata y mantienen puntos de vista considerados liberales en cuestiones tales como los derechos de los homosexuales, redistribución de la riqueza y una mayor participación del gobierno en la economía. También son más propensos a ser seculares que los miembros de casi cualquier otro grupo étnico en los EE.UU., según el sociólogo Steven Cohen. Este año, la candidatura prominente de Bernie Sanders en las primarias demócratas puso a un judío socialista en el centro del escenario, un retorno a los días de gloria de la izquierda judía.

Comentaristas judíos de derecha en los EE. UU. expresan su frustración con los puntos de vista políticos de algunos de sus compañeros de judíos. El blogger conservador Daniel Greenfield denomina a los judíos estadounidenses "los últimos judíos de izquierda en el mundo" y les pidió ponerse a tono con sus hermanos de Israel y Europa. "Los judíos israelíes, británicos, canadienses y australianos [están] de pie juntos [...] mientras los judíos liberales en EE.UU., se sientan compartiendo venenosas paneles de izquierda, murmurando con despecho por la posibilidad de aislar a Israel", escribió. 

No obstante, durante la última década, los investigadores comenzaron a identificar un movimiento gradual de los judíos estadounidenses hacia puntos de vista más conservadores. Ahora, la continuación de esa tendencia -a saber, el acercamiento de los judíos con la derecha- depende en gran medida del éxito de Donald Trump, quien cuenta con el apoyo, como es sabido, de corrientes antisemitas dentro de la derecha estadounidense.

No hace falta decir que Israel está jugando un papel importante en el giro hacia la derecha de los judíos. Debido a que Israel se ha convertido en el abanderado de la lucha contra del derecho internacional (en lo que respecta, por ejemplo, la Corte Penal Internacional) y ha forjado una alianza con las fuerzas de derecha en Estados Unidos y Europa, los judíos también se están identificando con estos elementos frecuentemente pro-Israel. Pero sería simplista argumentar que los judíos del mundo están siendo "arrastrados" por parte de Israel en los brazos de la derecha. Es lógico pensar que saben lo que están haciendo.

Esta situación también tiene implicaciones para la auto-percepción de los remanentes de la izquierda israelí. Al menos desde 1967, este grupo ha descrito la ocupación de los territorios palestinos y la empresa de los asentamientos como una traición a los valores universales defendidos por el judaísmo. De acuerdo con esa percepción, la mayoría judía en Israel, tal como es concebida por la izquierda israelí, es representada como una tribu retrógrada de derechistas que están manchando el buen nombre de los judíos humanistas distinguidos como Spinoza, Freud y Einstein. Pero ¿qué es lo que hay que hacer, dado el hecho de que muchos judíos en Israel y en todo el mundo hoy en día están tendiendo hacia el conservadurismo y la derecha? La izquierda académica se aferra a una imagen ideal de judíos abstractos al estilo de la filósofa Judith Butler y la activista Naomi Klein. Pero en la práctica, estos prototipos se encuentran principalmente en los estrechos pasillos de las universidades estadounidenses liberales.

Hace algunos años, asistí a un debate en el que los izquierdistas israelíes ponderaron cómo movilizar a la comunidad judía mundial para la lucha contra la ocupación y la erosión de la democracia en el Estado judío. Los académicos israelíes de izquierda que enseñaron por todo el mundo compartieron sus experiencias acerca de sus encuentros con las comunidades judías de la diáspora. Muy pronto surgió un panorama sombrío: no hay nadie con quien hablar. Los judíos ricos de la diáspora no carecen de fuentes de información sobre los acontecimientos en Israel; sin embargo, ellos no desean ser persuadido por activistas políticos israelíes sobre los crímenes de la ocupación. De hecho, por su devoto apoyo a los gobiernos de Israel, son responsables de la prolongación de la situación política en el estado judío, no menos que el ciudadano medio israelí.

* Catedrático de la Universidad Ben Gurión, del Negev, columnista de Haaretz

Traducción: Dardo Esterovich