Categoría: Historia

Fuente: Tiempo Argentino      (13-09-2015)

Desde fines de los '80, Raanan Rein, vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv, tiene una obsesión: el peronismo. Lleva escritos varios libros al respecto y en el último de ellos, Los muchachos peronistas judíos, se ocupa de echar por tierra la versión que atribuye una supuesta naturaleza antisemita a este movimiento político nacido a mediados de los ‘40. "La brecha entre la imagen y lo que fue la realidad social es enorme", resumió Rein, profesor y doctor en Historia, miembro correspondiente a Israel de la Academia Nacional de la Historia argentina y director de la Asociación de Estudios Judío Latinoamericanos.

"Perón pronunció los discursos en contra del antisemitismo más claros y tajantes que un presidente haya dado en el país hasta aquel momento", sostuvo el investigador, que con su obra pretende también "recobrar las voces silenciadas de los argentinos de origen judío que apoyaron al primer peronismo". Esta relación no sólo significó la novedosa llegada de representantes de esa colectividad a puestos de poder en el Estado, sino también su consideración como "parte de la polis", es decir, "parte integral de la sociedad".

Para Rein, al mismo tiempo, el caso puntual de los judeoargentinos viene a ejemplificar el tipo de política general que el justicialismo aplicó a las diferentes comunidades presentes en este suelo. "Refleja una visión más amplia acerca del lugar de distintos grupos de inmigrantes y sus descendientes", aseguró el escritor.

-Si Perón y su gobierno estaban lejos de tener un perfil antisemita, ¿qué explica las acusaciones en su contra?

-Influyeron varios factores: el hecho de que el movimiento populista argentino por excelencia se haya iniciado a fines de la II Guerra Mundial, con la figura de un militar que había apoyado la neutralidad y que en su campaña electoral del '46 gozaba del apoyo de algunas organizaciones de extremaderecha, como la Alianza Libertadora Nacionalista, y del establishment de la Iglesia Católica. Todo eso contribuyó a crear una imagen antisemita para el peronismo. Y se hacemos un zoom out y hablamos del populismo en general, siempre está buscando un enemigo para movilizar apoyos y cerrar filas. Estos enemigos pueden ser internos o externos, pueden ser los Estados Unidos, la banca internacional, el FMI, el comunismo, los masones y, a veces, también los judíos. En el caso del peronismo, esta imagen tiene muy poco que ver con las políticas adoptadas, con los discursos pronunciados por el General, Evita y otros dirigentes. En mi libro intento desafiar esta imagen o mito de Perón antisemita, y enfatizar el importante apoyo que tuvo de parte de distintos judíos y grupos judíos, algunos desde sus inicios, antes de llegar a la Casa Rosada, y otros durante la primera o segunda presidencia.

-¿Cómo se documenta esta buena relación con la colectividad?

-Por un lado, si uno revisa todas las publicaciones judías acerca del antisemitismo en la Argentina, de organizaciones locales e internacionales, surge que se registraron menos incidentes antisemitas en esa década que en cualquier otra de la historia argentina, desde fines del siglo XIX hasta hoy en día. Y si vamos al plano de lo público, Perón pronunció los discursos en contra del antisemitismo más claros y tajantes que haya dado un presidente argentino hasta aquel momento.

-¿Cuál es el motivo o la explicación para que Perón haya adoptado esta posición?

-En principio, se puede ver un interese político vinculado a movilizar apoyos al movimiento, y también al esfuerzo de mejorar la imagen de la Argentina y del peronismo fuera del país, en la escena internacional. Pero yo no reduciría esta posición nada más a un análisis de los intereses políticos del gobierno. Para mí, reflejaba una visión más amplia acerca del lugar de distintos grupos de inmigrantes y sus descendientes en el país. En otro trabajo, aún inédito, analicé los discursos de Perón en marcos comunitarios judíos, en asociaciones de argentinos de origen árabe y ante la comunidad japonesa. Los discursos eran iguales. En cada uno, enfatizó el aporte de la colectividad de inmigrantes al desarrollo argentino, elogió el país de origen, a "la madre patria", de este grupo; y legitimó el mantenimiento de un componente identitario étnico. Esto a diferencia de la extremaderecha del '60 0 el '70, que empleó términos como "la doble lealtad" y puso en cuestión, en duda, el patriotismo argentino de judíos que también se identificaban con el Estado de Israel. Perón no vio ninguna contradicción o incompatibilidad entre la lealtad a la Argentina y la conservación de un elemento identitario étnico. Al contrario: muchas veces alentó a los inmigrantes a cultivar los lazos con sus madres patria, porque así podían contribuir a ampliar la presencia y la influencia argentinas en el mundo, a un estrechamiento de relaciones con estos países y al incremento del intercambio comercial.

-¿Qué efectos tiene esta postura adoptada por el justicialismo?

-Hay una reelaboración del viejo concepto de "crisol de razas", que implicaba que todos los migrantes tenían que dejar de lados sus herencias, legados, características étnicas, lingüísticas y religiosas, para poder convertirse en buenos argentinos. Perón dice otra cosa: "Ustedes son buenos argentinos y, además, en este mosaico de identidades que tiene cada persona y grupo social, son italianos, españoles, japoneses, judíos, árabes…"

-Es decir, replica también en este plano la estrategia que llevó a la sociedad en su conjunto, para intentar incluir a todos los sectores bajo un mismo paraguas.

-Claro, lo importante era que fueran peronistas, más allá de su origen o religión. Como dirigente de un movimiento antiliberal, Perón no puso suficiente énfasis en los derechos individuales, pero sí en los derechos grupales. En ese sentido, el primer peronismo abrió las puertas a lo que hoy es la Argentina multicultural, que legitima tener un mosaico de identidades patrióticas y sin por eso dudar de la lealtad hacia este país.

-Entonces, ¿cómo es que, ya con Perón fuera del poder, se construye la versión de un movimiento con rasgos antisemitas que incluso llega hasta hoy?

-Una vez que cae Perón, en septiembre de 1955, también la comunidad judía organizada empieza su proceso de "desperonización", al igual que las autoridades nacionales de la Revolución Libertadora. Las organizaciones judías lograron un mayor éxito en este proceso: alejaron de esas instituciones a muchos que se habían identificado con Perón y lograron borrar de la memoria colectiva el apoyo de tantos judíos al peronismo. Esto tiene que ver también con un fenómeno del que la gente acá no tiene suficiente consciencia: la mayoría de los judíos en este país, al igual que en los Estados Unidos, nunca se ha afiliado a las instituciones comunitarias. Si estudiamos nada más las posiciones de la DAIA, AMIA, Hebraica…, entonces entendemos nada más que una parte de este rompecabezas que es la comunidad. Entre los no afiliados a las instituciones comunitarias, que han sido siempre la mayoría, muchos sí se identificaban con el peronismo. En su mayoría, muchos sindicalistas judíos que apoyaban no pertenecían a la comunidad organizada. Además, también tendemos a olvidar que a principios de los '40 muchos judíos en este país pertenecían a la clase obrera o a la clase media baja, y en estos sectores de la sociedad hubo mucho acompañamiento al peronismo.

-El gobierno actual, también de cuño peronista, tiene varios funcionarios importantes de origen judío y, al mismo tiempo, ha mantenido pujas con sectores de la colectividad...

-Insisto en que si no entendemos el apoyo de muchos judíos al primer peronismo no vamos a poder comprender la entrada en masa de muchos jóvenes judíos en el peronismo de fines de los '60 y principios de los '70.Y tampoco vamos a entender la notable presencia judía en el menemismo o en el kirchnerismo. Cierto es que la Argentina de aquellas décadas no es la de hoy y las circunstancias nacionales e internaciones son distintas, así que hay que tener cuidado y no caer en simplismo. Pero sí es importante enfatizar que en ningún momento existía la situación de una comunidad judía heterogénea enfrentando a un gobierno argentino. Desde que se supo de la publicación de este trabajo, me han llegado muchos mails de judíos en este país. En uno de esos mensajes, una persona de Tucumán me contó que durante muchos años vivió con este conflicto interno: cómo podía conciliar su identidad judía y su identidad peronista. Pensaba que eran contradictorias y, de repente, con este libro, tiene las cosas mejor arregladas y entendidas.