Categoría: Historia

Fuente: Tiempo Argentino     (15-08-2014)

Se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de José de San Martín. El paso del tiempo va generando un crecimiento de su figura, de la proyección continental de su pensamiento, y de las enseñanzas que surgen de su accionar político-militar, económico y cultural. El gran acervo histórico constituido alrededor de la trayectoria de este genial líder ya forma parte del campo de la batalla de ideas, por la lectura e interpretación de ese pasado y por su vigencia para nuestro tiempo y para nuestro futuro como pueblo y como Nación.

Como ha ocurrido en el caso de Simón Bolívar, en la lectura de su legado se condensan interpretaciones divergentes y antagónicas acerca de sus ideas y su acción política.

Los núcleos de sentido del pensamiento y del proyecto sanmartiniano tienen hoy plena validez por sus valores permanentes de carácter humanista y porque buena parte de su programa libertario y americanista se nos presenta como una de las claves de las grandes metas inconclusas soñadas por los fundadores.

En estos días adquiere un nuevo sentido la perspectiva anticolonial, independentista y nuestroamericana tanto en nuestro país como en el continente.

Las profundas convicciones sanmartinianas encontraron valientes asociados en la corriente iniciada por Mariano Moreno y continuada por Bernardo de Monteagudo, Juan José Castelli y especialmente Manuel Belgrano, quienes idearon y lucharon por plasmar un programa emancipador gran nacional. Su declaración de 1819 marca su inquebrantable rebeldía anticolonial: "Compañeros del Ejército de los Andes: ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos a desengañarlos. La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres, y lo demás no importa nada. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje." Este texto desborda de firmeza, en un momento difícil y amenazante, a la vez que muestra su profunda convicción en la fuerza de su pueblo y en el triunfo final.

La notable reivindicación referida a "nuestros paisanos los indios" es otra expresión política de época, que rompe con viejos prejuicios y limitaciones ideológicas sobre los indios y los negros esclavos. Su visión se despliega con audacia y en paralelo a la de Simón Bolívar. Los grandes libertadores del continente concluyeron que la Revolución sólo podía triunfar si se convertía en una causa que incorpora a su programa la sustancial reivindicación sobre la tierra y la libertad.

Su conducta y acción política y militar nos obligan a formularnos algunos interrogantes en el presente.

¿En qué sentido pueden leerse hoy las opciones ético-políticas de San Martín? ¿Qué elementos de colonialismo subsisten y deben combatir nuestros pueblos? ¿Cuáles son los atributos que hoy nos definirían como autónomos y soberanos? ¿Quiénes son los antagonistas del presente, los que pretenden que aceptemos pasivamente nuestro sometimiento, legitimando todas las vías posibles para nuevos latrocinios de nuestras riquezas naturales y culturales?

La causa nuestroamericana de Malvinas es una pervivencia inadmisible de un colonialismo agónico y cuya continuidad resulta inaceptable dada su ilegitimidad manifiesta y la creciente oposición de todo el mundo democrático a estos enclaves coloniales. La batalla del Estado contra los fondos buitre expresa una voluntad política inquebrantable para defender lo conquistado y no entregar la suerte y el futuro de las mayorías populares y de la Nación como tal, a estos neoconquistadores que asoman desde el submundo de los prestamistas de las metrópolis.

La férrea y consecuente oposición, en todos los foros internacionales, a las acciones genocidas de EE UU –justificadas en presuntas amenazas como el terrorismo y el narcotráfico–, es otra expresión de soberanía y defensa de un orden mundial basado en relaciones de respeto e igualdad. El modo en que las potencias dominantes promueven la violencia, ignorando los más elementales principios del derecho internacional, los valores respetuosos de los Derechos Humanos y los contundentes pronunciamientos de organismos supranacionales como Naciones Unidas, da cuenta del enorme desafío por transformar un mundo que las grandes corporaciones mundiales están destruyendo.

La unidad latinoamericana impulsada por los gobiernos populares es otro puntal de una política pública soberana del siglo XXI. Aquí también nos ilumina la línea sanmartiniana; decía el libertador en una carta a su amigo Tomás Guido: "Yo soy del partido americano"; en cinco palabras sintetizaba una posición ideológica que definiría todo su accionar político y sus alianzas militares.

En estas acciones se rebelan dos caras de una misma moneda. De un lado, la continuidad por nuevos medios del ejercicio brutal del poder del capital, la imposición violenta de las potencias hegemónicas que llegan a consumar verdaderos genocidios por las armas, el hambre y el abandono de regiones y continentes enteros. Todo en pos de la aplicación de diversos dispositivos de succión de nuestras riquezas para una acumulación tan infinita como absurda. Del otro, los nuevos modos de resistir, de generar alternativas, de denunciar unas relaciones profundamente injustas y anunciar otro mundo posible.

Como San Martín hace 200 años, ingentes desafíos se imponen a nuestros pueblos y sus gobiernos. Hoy, como ayer, nuestra América se presenta como el continente de la lucha y la esperanza. Confiamos en que nuestros pueblos, en unión fecunda como reclamaba él, llevarán a feliz término al proyecto de Patria Grande que nuestros libertadores soñaron. El homenaje a San Martín, nos posibilita abordar los grandes dilemas actuales desde la historia, la cultura y el ejemplo vivo del gran libertador, asumiendo el presente con todos sus desafíos y contradicciones. La historia nos abre una fecunda perspectiva para un debate vivo que refleje las disputas de nuestra época, contrariando a quienes nos proponen seguir con una historicidad congelada y marmórea, propia de los eternos partidarios de un orden que conserve lo existente.