Categoría: Historia

Fuente: Página 12    (10-02-2014)

Otto Weid salvó judíos de los campos de concentración

Una nueva película cuenta la historia de un desconocido Schindler: el dueño de una fábrica que ocultó a sus empleados judíos de la Gestapo e hizo lo imposible para salvar a una empleada de la que se había enamorado.

En el verano de 1944, una postal flotaba en las vías en algún lugar entre el campo de concentración de Theresienstadt y Auschwitz. Había sido tirada entre los tablones del piso de uno de vagones sucios y sin aire usados para transportar la aterrorizada carga humana de la Europa ocupada a las cámaras del gas del Holocausto.

La carta era la última esperanza de sobrevivir. La había escrito una mujer judía de 23 años desesperada llamada Alice Licht. Estaba a bordo del tren de la muerte con toda su familia. Milagrosamente, alguien encontró la tarjeta en las vías y la envió a la dirección de un propietario de una fábrica de cepillos de Berlín, llamado Otto Weidt. Weidt había sido el patrón alemán no judío de Alice. Al recibir su postal varios días después, partió inmediatamente para Auschwitz para intentar persuadir a las autoridades de que la liberaran a ella y a su familia. Para entonces, Alice había sido trasladada a otro campo y el resto de su familia había sido asesinado en las cámaras de gas.

Pero Otto no se dio por vencido en su lucha por salvar a su ex empleada. Logró contactarla mientras todavía estaba en poder de los nazis. Arregló una casa

segura cerca del campo y planeó su huida. Su oportunidad llegó meses después de ser enviada a Auschwitz. En enero de 1945, mientras el Ejército Rojo soviético avanzaba hacia Berlín, las autoridades nazis comenzaron a evacuar sus campos de concentración en Europa oriental. Alice logró escapar a la casa segura arreglada por Weidt durante lo que luego se conoció como “marchas nazis de la muerte” de los campos. Cientos murieron en esas marchas forzadas. Pero con la ayuda de Weidt, Alice huyó de sus captores, y logró llegar a Berlín y a su salvador. El la mantuvo escondida hasta que finalmente los nazis fueron derrotados en mayo de 1945.

Alice Licht fue sólo una de las docenas de judíos a quien Otto logró salvar del Holocausto nazi. En Alemania actualmente está siendo comparado con su mucho más famoso contemporáneo, Oskar Schindler, el propietario de una fábrica retratado en la película de Steven Spielberg La lista de Schindler, quien también salvó a muchos judíos del Holocausto. Pero lo que hace tan especial y tan asombrosa la historia del desconocido Otto Weidt es el hecho de que era ciego.

El canal de televisión alemana ARD le rindió tributo al hasta ahora desconocido héroe Otto Weidt por primera vez en una película llamada El héroe ciego. Se basa casi exclusivamente en los relatos y memorias de Inge Deutschkron, la célebre escritora judía alemana de 92 años, a quien Weidt también salvó de los nazis. Primero la empleó. Luego la ocultó a ella y a su madre en direcciones secretas en Berlín hasta el fin de la guerra. Su aclamada obra Yo usé una Estrella Amarilla es un relato de cómo sobrevivió en el Berlín de los nazis.

Otto Weidt, que era un cincuentón cuando estableció su fábrica de cepillos en Berlín, aparentemente para ayudar a la guerra nazi, está protagonizado por el actor Edgar Selge. Deutschkron comentó en una entrevista antes que se estrenara la película: “Lo más importante es que le enseñaron cómo moverse como un ciego, como preparación para el papel”. El héroe ciego muestro lo distinto que era Weidt de su contemporáneo Schindler. Mientras este último parecía haber comenzado a salvar a los judíos de los nazis casi como algo secundario a manejar su fábrica, Weidt era un anarquista y un ferviente antinazi que odiaba a Hitler desde el primer momento. Se dispuso a salvar a aquellos perseguidos por el régimen y empleó a judíos, muchos de los cuales también eran ciegos, en su fábrica.

Inge Deutschkron recuerda cómo Weidt usaba su talento como brillante mentiroso e ingenioso estafador para engañar a los nazis. Ella era una de las pocas personas con visión normal en la fábrica Weidt y trabajó como recepcionista telefónica desde 1941 en adelante. Weidt debía entregar toda su producción a la maquinaria de guerra de los nazis Wehrmacht. Pero como explica Deutxchkron: “En aquellos días un cepillo para caballos era un muy buen regalo de bodas”. Weidt eligió comerciar sus productos en otro lugar. La mayor parte de sus productos eran vendidos en el mercado negro a la cadena de tiendas alemana Karstadt.

El dinero obtenido de la venta ilícita de cepillos era usada para comprar bienes de lujo con los que Weidt solía sobornar a la Gestapo para que no se metiera con sus empleados judíos, así evitando su deportación a los campos de la muerte. Compró cajones de champagne, cajas de cigarros caros y perfumes para “la querida señora” y así abastecía a los secuaces de Hitler. Estos agradecidos recibían los difícilmente disponibles regalos. La promesa de más aseguraba que Weidt no fuera molestado.

“La película no puede recrear el temor que sentíamos”, dice Inge Deutschkron, “pero tampoco puede devolvernos la alegría que experimentábamos después de que Otto lograba salvar la vida de su personal con su “perfume para la señora”. En 1943, los nazis declararon que había llegado el momento de que Berlin quedara totalmente Judenrein (libre de judíos) y Weidt se vio obligado a encontrar lugares para sus empleados para soportar hasta el resto de la guerra. No todos ellos escaparon de los campos de la muerte. Inge Deutschkron y su madre fueron mudadas de un escondite a otro.

Al año siguiente la postal de Alice Licht cayó en el buzón de Weidt. Ella era un ex empleada que no había logrado escapar. Pero como lo revela la película, a pesar de la diferencia de edad, Otto Weidt estaba a esta altura desesperadamente enamorado de ella. Sus sentimientos explican porqué, en su papel de viajante de cepillos, Weidt hace una apuesta alocada y viaja a Auschwitz en un intento de rescatarla. Al final lo logró. De regreso a Berlín después de su huida de la marcha de la muerte, Alice fue escondida por Weidt hasta el final de la guerra unos tres meses más tarde. Pero Alice Licht no se quedó con él mucho tiempo después de mayo de 1045. Emigró a Estados Unidos. Otto Weidt no la vio nunca más. Murió dos años más tarde, en 1947.

Inge Deutschkron dice que sus esfuerzos por salvar a gente como ella lo presionaron mucho. En 1993 dispuso que se instalara una placa recordatoria de sus hazañas en el lugar de su ex fábrica en Berlín. Años más tarde, después de su muerte, Otto Weidt fue honrado con el título de “Justo entre las Naciones del Mundo” en el memorial Yad Vashem de Israel.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12

Traducción: Celita Doyhambéhère