Categoría: Historia

Fuente: Revista CONVERGENCIA N° 40   (3-12-10)

 “…lo que yo no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española…”.José de San Martín  

No esta mal para un país que quiere reivindicar a los héroes que lucharon por la independencia de nuestro continente y nuestro país, devolverlos a la historia por las hazañas realizadas o por sus pensamientos que han quedado en el olvido a manos de una “historia oficial” ligada a gobiernos “democráticos” liderados por una oligarquía terrateniente o gobiernos militares encargados de silenciar las voces del pueblo.

Esto se vuelve peligroso y aliado con lo antes mencionado si sólo nos quedamos con la aparición de un mito. Muchas veces nos enseñaron en la escuela que San Martín cruzó La Cordillera de los Andes y que Belgrano creo La Bandera, como así también nos mostraban la imagen acartonada de cada uno de ellos. Pero qué lejos queda de sus hazañas y pensamientos de libertad e igualdad social esa imagen inculcada de manera mitológica.

Está claro que la invención de mitos fundacionales proviene desde la historia antigua, y que los grandes imperios, estados y naciones necesitaron de ellos para sus fundaciones; ideas muchas veces tan peligrosas que llevaron a la humanidad a grandes enfrentamientos. Claro que en esta invención de mitos siempre quedan héroes rezagados de acuerdo al objetivo que tenga cada gobierno, y sobre todo los más importantes y menos nombrados por la historia, reducidos a simples números de víctimas, el pueblo, la lucha popular, pueblos originarios, mujeres, esclavos, campesinos, obreros y estudiantes.

Hablar del 20 de noviembre, día de la soberanía nacional debido a la gran resistencia de la flota de Buenos Aires liderada por Lucio N. Mansilla y Juan Manuel de Rosas no está ajeno a la construcción mitológica. Para analizarlo debemos mencionar algunas particularidades que desarrollaré a continuación, tales como el gobierno y la política de Rosas, el concepto “soberanía nacional” a partir de la batalla de la Vuelta de Obligado, la participación popular para defender dicha soberanía y el poderío marítimo, económico y comercial anglo-francés. 

Particularidades de un gobierno hegemónico

 Antes de pasar a desarrollar los acontecimientos que rodearon a aquel 20 de noviembre de 1845, debo mencionar algunas de las características que tuvo la política bajo el poder y la hegemonía de Rosas, tanto para Buenos Aires como para las demás provincias, sin caer en las viejas rencillas de unitarios y federales. Figura controvertida, si las hay, para la historia y la historiografía de nuestro país, admirado, criticado y justificado por muchos, es innegable la popularidad con la que llega al poder, y que seguirá sumando durante su hegemonía, a fines de 1829; espacio dejado por Dorrego tras ser derrocado y fusilado por Lavalle un año atrás. Claro que no solo fue apoyado por gran parte del pueblo, sino que también se mantuvo cercano a los poderosos hacendados de la elite terrateniente de estas pampas, a la que él pertenecía.

Instalar el orden y el control social fue uno de los principales objetivos de Rosas; para ello aumentó el número de jurisdicciones a lo largo de toda la campaña, como así también, y sobre todo a partir de su regreso a la gobernación en 1835, comienzan a aparecer listas que clasificaban a los habitantes según su participación con términos como pacífico, al parecer, perjudiciales, malos o empecinados; las persecuciones y posteriores exilios de opositores como por ejemplo parte de la generación del 37, integrada por J. Alberdi, E. Echeverría, J. Gutiérrez entre otros. Y no podemos dejar de mencionar la creación de la “mazorca”, uno de los “grandes inventos de tortura argentinos”, junto con la “picana” que llegaría casi 100 años después.

En lo económico fue notable la centralidad que adquirió Buenos Aires durante sus gobernaciones dado que poseía el puerto principal y el control de la aduana, además de privilegiar el comercio exterior principalmente con Estados Unidos, Brasil, Francia e Inglaterra, ya que el problema del comercio interior estaba marcado por las grandes distancias, la falta de caminos y transportes acordes para el traslado de las mercaderías; no hay que dejar de mencionar la sanción de la ley de aduanas en 1835, que protegía a la industria nacional no permitiendo el ingreso de manufacturas que se producían fuera del país.              

El colonialismo anglo-francés

 La relación comercial entre Buenos Aires y Gran Bretaña, manejado por la burguesía terrateniente de estas pampas se dio en buenos términos, tanto es así que en 1831 el Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas Luis Vernet hizo una gran concesión de tierras a los ingleses que ya estaban interesados en esas tierras desde hacía unos años, tras la negativa a los Estados Unidos de hacer usos de esas tierras y mares; después de este hecho y tras romper relaciones con los Estados Unidos, en ese mismo año, Vernet es reemplazado y una flota británica que había llegado a la isla proclama la soberanía en nombre del rey Guillermo IV. En Buenos Aires hubo una gran indignación pero decidieron que era más importante mantener los acuerdos que enfrentarse a Gran Bretaña. Hay trascendidos, no documentos que lo certifiquen, que Rosas en 1841 usando las islas como parte de una negociación ofreció cederlas a cambio de anular el empréstito de 1824; la respuesta fue negativa.

A diferencia de Gran Bretaña, distinta fue la relación entre Buenos Aires y Francia, a tal punto que en 1834 los franceses solicitan firmar un tratado que iguale los privilegios comerciales y económicos con los que contaban los británicos. La repuesta de Buenos Aires fue negativa; a fines de marzo de 1838 Francia declara el bloqueo a Buenos Aires y a todos los puertos de la confederación. A este hecho hay que sumarle dos circunstancias más, por un lado el reclamo de las provincias porque el bloqueo las afectaba económicamente y consideraban que la política de éstas no era lo mismo que la de Buenos Aires, y por el otro el conflicto que va en aumento cuando en Uruguay es derrocado Manuel Oribe, quien era apoyado por Rosas, derrocado por el primer presidente uruguayo, Fructuoso Rivera, quién además contó con el apoyo de Francia. Este hecho lleva a que Rosas inicié el sitio a Montevideo en 1843 (durará hasta 1851). Dos años más tarde Gran Bretaña y Francia van a intervenir en el conflicto apoyando a Rivera, y  recomendando a Rosas no intervenir en el conflicto.

En Septiembre de 1845 la flota anglo-francesa declaran el bloqueo a Buenos Aires y ocupan la isla Martín García. El objetivo fue una expedición comercial y militar que logre la apertura al comercio extranjero y la libre navegabilidad de los puertos de Entre Ríos, Corrientes y Paraguay, la que contaba con una gran cantidad de barcos mercantes encabezados por barcos de guerra. Rosas, a fin de contrarrestar a la flota colonialista y sabiendo las limitaciones de su ejército le encargó al general Lucio N. Mansilla la defensa del Río de la Plata, y sus principales afluentes y rutas, el Paraná y el Uruguay.  

En defensa de la soberanía

Para poder resistir el ataque de la flota más poderosa -y en condiciones adversas dado que sólo contaba con armamento desgastado y escaso, como así también una pequeña flota- Mansilla planificó la estrategia en un punto clave del Paraná, un sitio en donde el río se hace angosto, y además los barcos deben hacer una especie de curva. El lugar es conocido como Vuelta de Obligado. Allí estableció a lo ancho del río tres líneas de pesadas cadenas sostenidas por pequeñas embarcaciones, de esta manera lograría que la flota anglo-francesa sufriera numerosos daños tanto en sus barcos de guerra como en los comerciales. Además de instalar una serie de cañoneras al costado del río que los recibiría de forma sorpresiva, procedió a retirar a todas las poblaciones y ganado que habitaban al costado del río para que no consigan alimentos.

A pesar de la gran resistencia de los soldados y gauchos comandados por Mansilla la flota europea a pesar de sufrir grandes daños logro abrirse paso río arriba, pero cuando llegaron a las distintas poblaciones se encontraron con que los pobladores no poseían un poder adquisitivo para comprar los productos que ellos vendían, por lo que la consecuencia fue el fracaso de la misión comercial anglo-francesa; luego de idas y vueltas, en 1849 se firmo un acuerdo con Gran Bretaña que establecía la desocupación de la isla Martín García, que aceptaba la reglamentación impuesta por la Confederación Argentina para la navegación de los ríos, reconocían a Oribe como presidente de Uruguay y, a su vez, Rosas debía levantar el sitio de Montevideo, una vez que lo hiciesen los franceses con el de Buenos Aires, los que al mismo tiempo retiraron toda su flota dada la revolución liberal que estaba ocurriendo en Francia desde comienzos de 1848.

José de San Martín desde su exilio en Francia felicitó a sus compatriotas por la valentía para enfrentar a una fuerza colonialista muy superior ubicando a esta lucha a la altura del Cruce de los Andes; y criticó a los habitantes de estas tierras que veían con buenos ojos la llegada de los británicos, “…lo que yo no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española…”.  

Recordar los levantamientos y luchas populares frente a las injusticias en nuestro continente es algo que siempre debe estar en nuestra memoria; claro que tampoco debemos perder de vistas algunas consideraciones sobre el acontecimiento mencionado. No podemos dejar de lado la centralidad política, económica y comercial de Buenos Aires para la época; militarmente fue una derrota y de ello no cabe duda.

Cabe aclarar el hecho de recordar y conmemorar esta batalla como día de la soberanía nacional, cuando en realidad no existía por aquellos tiempos una nación o estado argentino unificado, como mencioné anteriormente; ni siquiera estaban establecidos los límites territoriales en los que se habían dividido las confederaciones o países luego del período de las independencias, finalizado unos 20 años atrás, en la mayor parte de la región. Podemos discutir si en 1845 existía la soberanía nacional o no, pero estaba claro que el pueblo estaba en contra del colonialismo. Lo que sí esta claro hoy en día  es que nos sirve para resistir al imperialismo, para defender la soberanía no sólo de nuestro país sino que también la de toda Nuestra América promoviendo el orgullo hacia “lo nuestro”, dejando de mirar a Europa como modelo. Tampoco podemos dejar de lado que poner en discusión acontecimientos históricos relegados por la historia y la historiografía oficial nos hará crecer como sociedad, y sin olvidar lo que escribió José Martí, “Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es salud…”.

*Profesor e Investigador del dpto. de historia del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”.