Categoría: Historia

Fuente: Granma    (20-10-10)

 La Crisis de Octubre consolidó un cambio decisivo en John F. Kennedy, reveló su hermano Edward en el libro Los KennedyMi familia, que escribió bajo la presión de su inminente fallecimiento (25 de agosto del 2009).

El popular Senador relató que el 21 de abril de 1961 el Presidente “asumió en una conferencia de prensa la responsabilidad exclusiva por el desastre de Bahía de Cochinos: Según un viejo refrán la victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana”. (1) Sin embargo, comentó en privado que había confiado excesivamente en los hombres de la CIA, el Departamento de Estado y el Pentágono, agregó.

El 23 de julio de 1960, ya como candidato a la presidencia, Allen Dulles le informó por primera vez de la operación que ya pensaban justificar en agosto, durante una reunión de la OEA. De hecho, John Kennedy dudó de la pertinencia del plan que le presentó Dulles poco después de su elección como Jefe del Estado. Sin embargo, lo aprobó porque pensó que no le quedaba otro remedio ante una operación ordenada por su antecesor. Le preocupaba qué hacer con los cientos de cubanos exiliados reclutados por la CIA. Según Seymour Hersh, prestigioso periodista y biógrafo de JFK, la negativa primeramente a anular la operación cuando la conoció bien y a involucrar a la fuerza aérea regular el 19 de abril de 1961, a pesar de las presiones de los jefes militares y los miembros de su gabinete, “no fue producto de la indecisión, sino un verdadero cálculo político y cínico para desembarazarse del problema sin pasar como un débil a los ojos de la opinión pública”. (2)

Ante el desencanto que invadió al hermano mayor, Robert propuso ir los tres a consultar al creador del clan, Joseph Kennedy.

El padre les dijo: a la gente le gusta que los dirigentes asuman su responsabilidad y sentenció: “El asunto es una de las mejores cosas que te ocurrieron”.

“Cuando un año y medio después nuestra nación afrontó la crisis de los misiles en Cuba y la posibilidad de aniquilación nuclear, la experiencia de mi hermano gracias al desastre de Bahía de Cochinos, se convirtió en una de las mejores cosas que le ocurrieron… tanto a él como al país: generó un saludable escepticismo en relación con los consejos militares que recibió, cuyo resultado fue la solución pacífica de la crisis de los misiles… Papá tenía razón cuando, después de Bahía de Cochinos, consoló a Jack (como lo llamaban en familia) diciendo que sería una de las mejores cosas que podían ocurrirle”, (3) opinó Edward 49 años después.

La Crisis del Caribe en octubre de 1962 fue también, como la de Bahía de Cochinos, una experiencia decisiva para el comandante Fidel Castro. Al inicio de la primavera de 1963, siete meses transcurridos solamente tras lo que se ha dado en llamar Crisis de Octubre, bajo el altísimo puntal de un lujoso salón del Kremlin, una larga mesa acogió a la delegación cubana para el primer almuerzo con la dirigencia soviética en Moscú, cuya población recibió con desbordante entusiasmo a Fidel Castro, al mediodía del 30 de abril de 1963.

El líder cubano había llegado la noche del 29 a Murmansk, ciudad portuaria en el extremo occidental del país, aún cubierta de nieve esa primavera. Allí visitó un submarino nuclear. Era su primer viaje a la URSS y fue recibido por el viceprimer ministro Anastas Mikoyan, quien lo acompañó en el vuelo a Moscú. La recepción oficial y popular con Jruschov y Brehznev sería la mañana siguiente en la capital.

Inmediatamente después de la impresionante demostración del pueblo en las calles, Nikita Jruschov se levantó de su puesto en la mesa del Kremlin y pronunció un elogioso brindis por sus huéspedes.

Fidel Castro no se hizo esperar. Con su copa en la mano, miró atentamente a su alrededor y sobresaltó a los presentes diciendo: “No puedo dejar de expresar mi desacuerdo con la forma en que fueron sacados los cohetes soviéticos de Cuba. No se nos consultó y se tomaron acuerdos a espaldas nuestras, después de haber sido nuestra tierra el potencial escenario de una guerra nuclear”.

Nikita le interrumpió agitado: “¡Lo hicimos para evitar un ataque contra Cuba y se logró mantener la paz!”.

Fidel retomó la palabra con tono airado: “Lo que se logró fue una paz precaria, pues no existe un verdadero compromiso. Si nos hubieran consultado se habría logrado mucho más. Habríamos obtenido una paz verdadera y otros objetivos”.

Parecía que la primera visita del líder cubano a la URSS, terminaría en fracaso. Nadie osaba decir una palabra…

El entonces primer ministro cubano no había ocultado en ningún momento su enojo desde que Jruschov anunció inconsultamente el 28 de octubre que retiraría los misiles instalados en Cuba y ofreció la posibilidad de enviar inspectores de la ONU para comprobarlo. Declaró Fidel que para inspeccionar el país tendrían que venir en zafarrancho de combate y lanzó una plataforma de cinco puntos para lograr una paz verdadera: 1) Cese del bloqueo económico y la presión comercial y económica. 2) Cese de las actividades subversivas, invasiones de mercenarios, infiltración de espías y saboteadores. 3) Cese de ataques piratas desde Estados Unidos. 4) Cese de violaciones del espacio aéreo y naval y 5) Retirada de la Base Naval de Guantánamo.

De fuentes soviéticas y norteamericanas se sabe que en 1962 Estados Unidos contaba con 377 cohetes estratégicos y construía otros 1 000. Los emplazados en Turquía e Italia, daban superioridad a EE.UU., pues de allí podían alcanzar en 15 minutos a la URSS, mientras los 44 cohetes intercontinentales soviéticos demorarían 25 en llegar a EE.UU. La URSS solo contaba, además, con 373 de alcance medio y 17 de alcance intermedio. La instalación de 42 cohetes de alcance medio e intermedio en Cuba, nivelaría considerablemente la diferencia y brindaría medios defensivos contra una inminente invasión de Cuba, lo que conocían soviéticos y cubanos que se preparaba apresuradamente.

El Congreso de Estados Unidos había aprobado en septiembre 26 una resolución conjunta que concedía al Presidente la facultad de hacer uso de las armas contra Cuba.

Fidel había declarado que percibió en la propuesta hecha por Jruschov de instalar cohetes nucleares en Cuba, una acción que consolidaría la capacidad defensiva de todo el campo socialista, incluida Cuba, y que fue el principal motivo para aceptarla, aunque no se ignoraban los riesgos. Cuba planteaba publicar el acuerdo, basándose en el derecho a la defensa con cualquier medio militar, como expresó abiertamente una declaración. Pero Jruschov insistió con Raúl Castro, Ministro de las Fuerzas Armadas -quien viajó a Moscú para firmar el acuerdo-, en postergar hacerlo público y negarlo mientras tanto.

El presidente de Estados Unidos había revelado el 22 de octubre que sus aviones espías tipo U2 detectaron los cohetes instalados en Cuba por la URSS. Kennedy demandó que fueran retirados bajo inspección internacional. Pero Fidel rechazó esa inspección del país y ordenó una alarma de combate para rechazar la agresión. El mariscal Rodion Malinowsky, ministro de Defensa ruso, instruía por su parte al general Issa Piev, a poner las tropas ubicadas en Cuba en disposición combativa, listas para rechazar al enemigo junto al gobierno cubano.

En la noche del 23 el presidente norteamericano rechazó los consejos militares de tomar la iniciativa del primer golpe, decretó un bloqueo naval y puso a todas las fuerzas armadas en máxima alerta por primera vez en la historia del país.

Al día siguiente autorizó Kennedy los vuelos a baja altura, además de los que efectuaban los U2 fotografiando el territorio nacional. El 25 ya se habían efectuado 15 vuelos. Fidel avisó a Jruschov que Cuba resistiría firme y decididamente. U Thant, secretario general de la ONU, anunciaba una mediación tripartita a comenzar el día 26.

Mientras tanto, en esa misma fecha, Jruschov propuso en privado retirar los cohetes contra una promesa norteamericana de no invadir a Cuba. Kennedy aceptaba levantar el bloqueo naval y dar seguridad contra una agresión a la Isla, insistiendo en la inspección.

En una sorpresiva acción, la artillería anticoheteril soviética derribó entonces un avión U2 que volaba sobre Banes, en el oriente de la isla. El ambiente se tensó más y provocó una carta del presidente Kennedy, susceptible de varias lecturas: era amenazadora y a la vez tolerante, tratando de dejar ver que el acto podría no haber sido ordenado por Jruschov, quien ya negociaba con él. Que podría haber escapado al control del Premier soviético. El día 28 Jruschov aceptó los términos de Kennedy y después informó a Fidel, quien no conocía de las conversaciones secretas.

El comandante en Jefe declaró que la noticia había producido en Cuba “una gran indignación porque nos veíamos convertidos en una especie de objeto de cambio… nos enteramos por radio que el día 28 se ha producido un acuerdo”. Comprensible solo para los cubanos, la reacción del pueblo no fue de alivio, fue de profundo malestar. Con un punzante humor, la gente decía: “Nikita, Nikita, lo que se da no se quita”.

U Thant viajó a Cuba y como Fidel se negó a aceptar la inspección, el Secretario General de la ONU declaró que el dirigente cubano estaba en su derecho al negarse y Naciones Unidas no podía obligarlo.

Ante la situación, Jruschov envió el 2 de noviembre a Mikoyan a la Isla, quien durante varios días trató de convencer al Premier cubano. Pero fue imposible.

Finalmente, tras dos semanas en la Isla, Mikoyan propuso que la inspección se realizase en los barcos. Fidel le respondió que ese sería un problema de la URSS. Y hubo inspección en los barcos, no en Cuba. Desde entonces la doctrina militar cubana pasó a ser la de resistencia nacional si el territorio era ocupado.

El analista francés Raymond Aron lo expresó así en su obra Le Gran Debat: “la República Cubana es capaz de defenderse… ella puede hacer pagar al agresor eventual un costo desproporcionado al rendimiento de la conquista; ella es también capaz de dejar al agresor solo ruinas que ocupar. Si los dirigentes de esta república tienen el coraje -y según toda probabilidad lo tienen-, incluso privados del apoyo soviético, ellos pueden negarse a capitular”. El tiempo ha demostrado, aun hoy, su real vigencia.

Muchos jefes de Estado aprendieron lecciones de la confrontación. El presidente Charles De Gaulle las resumió diciendo: Dado que Estados Unidos puede poner en peligro de una guerra termonuclear a Europa sin consultarla, Francia tiene que poseer su propia fuerza nuclear. Y se retiró técnicamente de la OTAN.

La tensión de aquel primer día del viaje en Moscú, bajó después del incidente. Evidentemente los días luminosos y tristes solidificaron una relación del estadista indómito y el estadista poderoso, basada en el respeto y el cariño.

En su carta de despedida a Fidel en octubre de 1965, tres años después de la confrontación que estuvo a punto de desencadenar una guerra nuclear, Che Guevara recordaba esos hechos expresando: “sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista…”.

También para Kennedy fueron días luminosos y tristes.

 

(1). Edward M. Kennedy. Los Kennedy. Mi familia. Memorias, septiembre 2010, Ediciones Planeta Madrid S.A. Pág. 209

(2). Seymour Hersh. La face cache du clan Kennedy. Citado en Ivonnick Denoel. Le Livre noir de la CIA. Nouveau Monde Edition. Pág 154

(3) Los Kennedy. Mi familia. Ibid. Pág. 222