Categoría: Historia

Fuente: Tiempo Argentino    (10-10-10)

 Ernesto Guevara de la Serna nació en el seno de una familia de clase media alta, con ribetes genealógicos aristocratizantes, circunstancia que inclinaba a sus padres hacia el antiperonismo. Pero el futuro Che fue desembarazándose de esos  prejuicios a medida que en sus viajes conoció la dramática realidad de los sectores populares latinoamericanos.

En su primer viaje continental escribió en Bolivia que para los indígenas eran “semidioses venidos nada menos que de la Argentina, el maravilloso país donde está Perón y su mujer, Evita, donde todos los pobres tienen las mismas cosas que los ricos, y no se explota al pobre indio, ni se lo trata con la dureza con que se lo hace en estas tierra”.

En otra oportunidad,  Ernesto Granado contó: “En el año 1949 él hizo un viaje en barco hasta el Caribe, observó todo, y como era su costumbre, lo anotó en su cuaderno, y cuando volvió hablamos de sus experiencias y de la situación en la Argentina. Yo tenía problemas económicos y le eché la culpa al peronismo. Ernesto me escuchó y me contestó con pocas palabras: ‘Si conocieras el Caribe, serías menos antiperonista.’”

Años más tarde, cuando la revolución cubana desalojó a la dictadura de Fulgencio Batista, siendo el Che funcionario, el embajador cubano en Argel, “Papito” Serguera, héroe de Sierra Maestra, recibió en marzo de 1963 la visita de  dos argentinos de apellido Luco y Villalón que se presentaron como mensajeros de Perón, entonces  exiliado en España.

Entrevisté a Serguera en su casa de La Habana en  2003 para mi biografía del Che:

“Mi impresión de esos emisarios no fue buena, pues los noté con una desenvoltura histriónica y se demostraban tan de acuerdo entre sí que lo que decían y hacían parecía producto de ensayos. Los despedí con la promesa de trasladar sus propuestas al presidente Castro y al comandante Guevara y a ello subordiné la aceptación a concurrir a Madrid.

Ya en La Habana, Guevara me escuchó con mucha atención y finalmente tomó la decisión de que yo fuese a Madrid a ver a Perón. ‘Le vas a llevar algo de mi parte.’ Al despedirnos me era claro que el Che estaba muy interesado en el asunto: ‘Papito, sondea a Perón, trata de ver qué puedes sacar de un diálogo con él. Dile que nosotros estamos dispuestos a ayudarlo’.

Salí de La Habana de regreso a Argel vía Madrid. A mi llegada localicé a Luco y Villalón quienes me informaron que Perón me recibiría el día siguiente a las once de la mañana.

Parado en la puerta de su quinta llamada Puerta de Hierro, en el residencial barrio madrileño del mismo nombre, me esperaba un sonriente Perón  y a su lado, también amable, Villalón. Alto, de 68 años, de pelo teñido de un negro que ocultaba todas las canas, corpulento y en buen estado físico, Perón disimulaba muy bien sus años. Preguntó con familiaridad por Fidel y por Ernesto.

Luego de un rato de conversación consideré que ya era el  momento y le entregué el maletín con los dólares subrayando que era el Che quien se lo enviaba. Lo tomó, lo puso a un lado sin abrirlo y continuó hablando sin darle importancia.”

Por las fechas que daba Serguera, me fue claro que la ayuda económica pedida y otorgada era para el intento inicial de regreso de Perón, abortado en Río de Janeiro durante el gobierno de Arturo Illia.

El primer encuentro personal entre Perón y el Che lo relató Rogelio García Lupo. El testigo del  mismo sería Julio Gallego Soto, contador, hombre de confianza de Perón en asuntos comerciales, secuestrado y desparecido en 1977.

A fines de abril de 1964 Gallego Soto concurrió a la quinta de Puerta de Hierro y encontró a Perón rodeado por personas con uniformes verde olivo, casi todos ellos barbudos, con los que parecía pasarla muy bien pues hablaban en voz alta y reían a carcajadas. Gallego Soto los identificó como cubanos. Después Perón se puso serio y le dijo que lo había “convocado para una tarea que requiere una gran reserva y una buena administración”. Gallego Soto se enteró entonces de que se trataba de administrar  varios millones de dólares del Fondo de Liberación, el organismo que Guevara había creado para apoyar los movimientos revolucionarios. Fue entonces cuando Perón se dirigió a alguien que había permanecido en la oscuridad “y para mi sorpresa vi aparecer a un sacerdote capuchino que había estado presenciando la escena anterior y que, al alzar la pantalla de luz,  resultó ser el mismísimo Che”.

Años más tarde, en su camino hacia Bolivia, donde perdería la vida, el Che Guevara hizo escala en Madrid con el propósito de visitar otra vez a Perón.

“Yo era secretario de Perón en su exilio en Madrid”, me contará Enrique Pavón Pereyra tomando café en un bar de Buenos Aires. “Una mañana muy temprano, serían las seis de la mañana, a través de la ventana veo venir a un sacerdote y le aviso a Perón. ‘Es el Che Guevara’, me dice ante mi sorpresa, ‘hágalo pasar’. En España gobernaba Franco, y la situación de asilado del General no era muy cómoda, así que evitaba recibir a políticos de izquierda porque después venían las protestas y las amenazas de expulsión. Así sucedió, por ejemplo, cuando recibió al chileno Allende.

El Che estaba disfrazado, irreconocible, afeitado y casi calvo, con anteojos de marco oscuro y cristales algo ahumados. Yo creo que Perón me hizo quedar al principio de la reunión para quitarle intimidad porque comprendió que el Che venía a pedirle ayuda para una acción con la que el General no estaba de acuerdo. Con el pretexto del asma del Che le diría con impostado dramatismo: ‘Disculpe, Comandante que sea franco con usted, pero usted en Bolivia no va a sobrevivir. Es contra natura. Suspenda ese plan. Busque otras variantes.’ Luego de algunos segundos de silencio casi dramático agregó: ‘No se suicide.’”

Pavón continuó: “Entonces llegaría el momento de dejarlos solos. Estoy seguro de que entonces se habló de lo que más le interesaba al Che, y también estoy convencido de que Perón le dijo que no estaba en condiciones de darle una ayuda formal del Movimiento Justicialista mientras las acciones se desarrollaran en territorio boliviano, pues las circunstancias no favorecían que comprometiese en una operación internacional a un partido debilitado y proscripto como el suyo. Mientras, prometió, que no se opondría a quienes por voluntad propia quisieran participar del  foco boliviano.”

Enterado de la muerte del Che, un conmovido Perón escribió: “Hoy ha caído en esa lucha, como un héroe, la figura joven mas extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica.”

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