Categoría: Historia

Fuente: Revista CONVERGENCIA N° 39    (7-09-10)

 Transitamos ya el año del bicentenario. Nos tocó a nosotros, jóvenes y viejos, ser testigos de este singularísimo momento histórico que encuentra a nuestro continente convulsionado por un renacer de sus pueblos. Como en aquellos años del nacimiento de la Patria Americana están decididos a ser protagonistas del inicio de un nuevo tiempo que retome los objetivos y sueños inconclusos de los hombres de Mayo. Aquella gran utopía americanista, propia de los grandes momentos; creadora de hombres y mujeres notables, fue precisamente abrazada por nuestro Bernardo de Monteagudo.

El tucumano Bernardo de Monteagudo Cáceres, formó parte del núcleo de hombres que por su acción y talento sustantivos, su conducta política indoblegable y su audacia intelectual fueron determinantes en la gesta por la liberación del colonialismo de la cruz y de la espada y fundadora de una nueva Patria Americana.

“Despertad ya del penoso letargo”

Monteagudo integró la pléyade de jóvenes estudiosos que en Chuquisaca abrevaron en el pensamiento de Rousseau y Montequieu, inspiradores de prédicas revolucionarias. Influyeron en el espíritu innato de rebeldía de Monteagudo las lecturas del jesuita francés G. Reynal, ferviente partidario de la libertad de los indígenas y la abolición de la esclavitud.

A los 20 años, escribe el “Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII en los Campos Eliseos”, un folleto de circulación clandestina a modo de sátira política. Allí su personaje el “rey Atahualpa” cuestiona con lengua filosa la dominación española reivindicando los derechos de los americanos, dice: “habitantes del Perú (...) despertad ya del penoso letargo en que habéis estado sumergidos. Desaparezca la penosa y funesta noche de la usurpación y amanezca luminoso y claro el día de la libertad. Quebrantad las terribles cadenas de la esclavitud y empezad a disfrutar de los deliciosos encantos de la independencia”. El ingenio literario y la audacia política ya lo desbordaban siendo muy joven.

La pluma de la revolución

En esa crucial y dramática situación del pueblo altoperuano rebelado, el joven Monteagudo será la pluma vehemente e impugnante del poder colonial y sus brutales y sanguinarios gobernantes. La proclama de la Junta Tuitiva de su autoría, dice: “hasta aquí hemos tolerado esta especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria (...) Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez que nos atribuye el inculto español sufriendo con tranquilidad que el mérito de los americanos haya sido siempre un presagio cierto de su humillación y ruina.” La represión ordenada por el sordo Cisneros causó cientos de muertos por “subversivos al orden público que promueven las detestables máximas del partido francés.”

Castelli y Monteagudo, unidos por la misma pasión revolucionaria, compartían un fuerte sentimiento por aquella tierra altoperuana, que fue no sólo el lugar de su formación intelectual, sino también del despertar de su rebeldía política y cultural y muy espacialmente donde conocieron en las calles y ruinas de Potosí, Cochabamba y La Paz, la más cruel explotación humana a que se veían sometida la población india. Allí conocieron también la epopeya de la gran rebelión de Tupac Amaru.

Aquí resulta necesario señalar un hecho económico social que sustenta y trasciende el relato. La economía colonial mediante su sistema de dominación dispuso durante 300 años de la mayor fuerza de trabajo conocida hasta entonces, lo cual hizo posible la extracción de riqueza más fabulosa que había conocido la humanidad.

En definitiva de eso se trataba: apoderarse de las riquezas de las entrañas de la tierra y de la que emana de la apropiación del trabajo de millones de seres humanos.

Retoma el legado de Moreno

Ya en Buenos Aires, el joven y experimentado Monteagudo se integró a los nucleamientos que el partido continuador del plan de Moreno fue creando. Participó de la fundación de la Sociedad Patriótica, junto a la recién creada logia de los Caballeros Racionales con San Martín como líder y de la constitución de la Asamblea del año XIII. A los 22 años dirige y funda el periódico revolucionario “Mártir o Libre”.

Fue Monteagudo uno de los principales impulsores de la histórica Asamblea dominada por la logia, y su aporte intelectual fue sustancial también en el grupo de inspiradores y redactores del documento que significó un paso gigantesco en la lucha por terminar con los anacronismos coloniales: eliminación de la odiada Inquisición, abolición de tributos a la población india, supresión de los títulos de nobleza e instrumentos de tortura y muchos otros.

Con San Martín y Bolívar por la Patria Americana

La guerra de independencia lo une al otro hombre clave de la época, el General San Martín. Será en el futuro el principal pensador asociado al político y militar que se sintetiza en la figura de San Martín. Fue su más fecundo redactor de leyes y proclamas y hombre de acción siempre que hizo falta como auditor de guerra del ejército de los Andes. En ese carácter tendrá el gran honor de redactar el acta de la independencia de Chile que firmará O´ Higgins el 1º de enero de 1818.

Continuó el derrotero sanmartiniano en el Perú, donde fue Ministro de Guerra y luego de Gobierno y Relaciones Exteriores, sustentando la mayoría de las decisiones y medidas más transformadoras del orden vigente.

Tampoco Bolívar pudo sustraerse a la necesidad de sus servicios. El mismo declaraba “Francamente Monteagudo conmigo puede ser un hombre infinitamente útil” (carta a Santander), confiándole entonces la trascendente tarea de preparar el Congreso Anfictiónico que debía reunirse en Panamá, con vistas al cumplimiento de la tarea suprema de los los revolucionarios americanistas: la ansiada unidad política de todos los pueblos y naciones preexistentes del continente.

Nuestro prócer fue apuñalado y muerto un 25 de enero de 1825 en una calle limeña, cuando visitaba a su amante Juanita Salguero.

El puñal del matador Candelario Espinosa, ponía fin a 35 años de vida de uno de los hombres más notables de la historia argentina y americana.

Cuando todo estaba por hacerse, por inventarse, como reclamaba el gran maestro venezolano Simón Rodríguez; nuestro tucumano ofreció su enorme talento, su prédica implacable frente a los enemigos y los siempre moderados y apaciguantes, pensando en incorporar a los sectores más amplios de la Nación. Convocó a las mujeres a participar de la lucha y acompañando a lo más lúcido de su época, tuvo un claro y firme sentido americanista continental. Soñó junto a San Martín, Bolívar, O´Higgins, Castelli y Moreno con la Patria Americana.

Esa gran tarea está por hacerse. De eso se trata una vez más.

* Director del Centro Cultural de la Cooperación