Categoría: Historia

Fuente: Revista CONVERGENCIA N° 39    (7-09-10)

 La conmemoración del Bicentenario de la Revolución de mayo produjo una gran respuesta de la sociedad, que festejó el pasado con una mirada de orgullo y con esperanza para el futuro. Cada ciudadano tiene sus propios motivos personales y colectivos. Ese sentimiento, obviamente, conmueve al colectivo judeo argentino para el que la generación del 80 y la apertura de la inmigración lo incorporó al disfrute y a las posibilidades que el país ofrecía. Hasta los años treinta del siglo XX el país, con sus blancos, grises y negros, vio con curiosidad e interés la inserción de estos nuevos habitantes con respeto y hasta admiración.

La toma del poder en 1933 en Alemania por Adolfo Hitler y su partido Nazi y las leyes antisemitas de Nuremberg dieron sustento y fundamento ideológico a una campaña, primero local y luego universal contra los judíos, que llegó hasta nuestro país. Se multiplicaron las publicaciones, las manifestaciones hostiles, las provocaciones físicas y se afectó en algunos ámbitos la constructiva convivencia con las primeras generaciones de judíos argentinos. Los mejores hijos de nuestra democracia vieron alarmados el nuevo fenómeno del fascismo y del nazismo y la creciente contaminación de los sectores más reaccionarios de nuestro país.

Es así como, primero, los judíos fundaron en 1934 la D.A.I.A. (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas) para la defensa de sus derechos y luego en 1937 se creó EL COMITÉ CONTRA EL RACISMO Y EL ANTISEMITISMO.

Este comité de inmediato convocó al primer CONGRESO CONTRA EL RACISMO Y EL ANTISEMITISMO,  que se llevó a cabo en el Honorable Consejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires en los días 6 y 7 de agosto de 1938 y que elaboró una Declaración de la que se extrae el siguiente fragmento:

“Después de la guerra*, problemas que no habían tenido repercusión entre nosotros comienzan a agitar la conciencia de hombres y grupos. La crisis ha sido tan profunda que todo fue conmovido: la estructura material y moral del mundo social, las ideas y los regímenes, las costumbres y las instituciones. Algunos de esos problemas solo habían tenido formulación teórica en ciertas mentes ultraconservadoras. Entre ellos, el problema racial y concretamente el problema judío. Hoy, en nuestro país, como en muchos otros de América, ha dejado de ser un problema. Es un hecho y un hecho grave en sus proyecciones y su significación para el futuro democrático de nuestras instituciones y de nuestra historia civil”.

“Hay una campaña antisemita de descrédito y de calumnia contra el judío, sea cual fuere su ubicación social; persecución llevada por elementos que se pretenden nacionalistas y que sirven así a fines inconfensables al servicio de gobiernos extranjeros, que han hecho de la brutal y cínica persecución al judío el núcleo de toda política nacional. En revistas científicas se han hecho publicaciones realmente monstruosas acerca de los judíos, que evidencian la enorme ignorancia y obcecación del autor, testimonian también la existencia de una mentalidad y un estado de ánimo que urge a los hombres libres y honestos del país impedir que se difunda, en defensa de nuestra cultura y de nuestra dignidad nacional. El odio racial tiene también en nuestro país sus cultores literarios. Y desde el cartel delictuoso e impúdicamente brutal, hasta las amenazas de pogroms a los barrios judíos, todo se ha hecho”.

“La colectividad israelita en la Argentina, integrada por elementos de todas las clases sociales y que comprende varios núcleos de intelectuales, obreros, agricultores, comerciantes, etc., ha certificado su honesta y fecunda colaboración en el desarrollo progresivo del país, con el aporte de energías y aptitudes que en oportunidades repetidas han sido reconocidas por los hombres más representativos  de la opinión nacional”.

“Hombres libres, de ideas filosóficas y políticas muy diversas, nos reunimos para afirmar el respeto que esa colectividad nos merece, como integrante de nuestra nacionalidad. Trataremos por todos los medios que ese respeto y ese sentimiento solidario de convivencia sean efectivos. No consentiremos en que se haga de los judíos una minoría oprimida, vejada y perseguida. Reivindicamos para nuestro suelo, al amparo de instituciones democráticas que están sufriendo el embate abierto e insidioso de la reacción, la más amplia libertad de pensamiento y de creencia y ninguna limitación para su expresión. Solo así nuestra vida colectiva seguirá desarrollándose en la orbita liberal de fecunda y amplia tolerancia que nuestra Constitución Nacional ha establecido”.

Entre el centenar y medio de convocantes se encontraban las figuras políticas e intelectuales más eminentes de la época: Lisandro de la Torre, Mario Bravo, Arturo Frondizi, Arturo Illia, Julio A. Noble, Emilio Troise, Carlos Sánchez Viamonte, Diego Luis Molinari, Benito Marianetti, Américo Ghioldi, Enrique Dickman, Isidro Odema, Julio A. Notta, Santiago Fassi, Emir Mercader, Ricardo Balbín, Rodolfo Araoz Alfaro, Ernesto Laclau, Deodoro Roca, Cesar Tiempo, Sixto Pondal Ríos, Jorge Luis Borges, José Peco, Isaac Kornblihlt, Alicia Moreau de Justo y muchos mas, no menos valiosos.

Fueron expuestas las finalidades del Congreso, y se vuelcan a continuación algunos párrafos, referidos a éstas:

“Por diversos conductos se ha informado en estos últimos meses el recrudecimiento de las actividades racistas en el Continente Americano. Por las expresiones constatadas, y porqué nuestro país ha sido escenario de una vasta red de penetración, principalmente nazi en los establecimientos escolares, prueban que, lejos de amainar la ansiosa labor de desconcierto y descrédito de las instituciones democráticas, por obra de la acción nefasta de los espías y agentes del pardo fascismo, ésta ha desarrollado desembozadamente su trabajo de confusión, de odio y de muerte.

Pero la ola antisemita crece, impulsada por aquellos que desean ocultar en un falso problema sus sueños de dictadura. Existe una técnica de penetración fascista que consiste en agitar los odios raciales, para distraer los quebrantos del fascismo, con su cortejo de miserias y de fracasos”.

“Con esa actividad persecutoria que hace blanco de los judíos y de los hombres libres, para provocar el distanciamiento de los pueblos, y a ese objeto EL COMITÉ CONTRA EL RACISMO Y EL ANTISEMITISMO DE LA ARGENTINA, responde convocando a la lucha contra la ideología nazi fascista”.

Asistieron respondiendo a la invitación cursada por la Comisión Organizadora: la Unión Cívica Radical, los Partidos: Socialista, Socialista Obrero, Comunista; la Organización Sionista Socialista.

Los movimientos Obrero y Estudiantil estuvieron presentes a través de sus organizaciones más representativas; la C.G.T, la Unión Sindical Argentina, la F.U.A, F.U.B.A., F.U.L.P, la Federación del Magisterio, la Unión Obrera Textil, la de la Madera, la Federación de Casas Particulares, la Unión Petrolera, la Unión Obrera Metalúrgica.

El encuentro tuvo alcance Nacional con Delegaciones de Rosario, Córdoba, Santa Fe, Paraná, San Juan, Mendoza, La Plata.

También asistieron Delegaciones de Montevideo, Santiago de Chile (Frente Popular y Partido Socialista) del Brasil y del Partido Aprista del Perú.

De la comunidad judía se hicieron presentes varios clubes, la Sociedad Hebraica Argentina y la D.A.I.A. cuyo delegado el Dr. Nicolás Rapaport, con verdadera valentía y lucidez, expresó: 

“Los que desde la D.A.I.A. venimos luchando con denuedo, desde hace varios años, por el estrechamiento de los lazos de solidaridad y de simpatía que deben existir entre judíos y no judíos en el seno de la Sociedad Argentina, vemos en este Congreso una etapa remarcable, una verdadera revolución pacífica en la lucha ardua y penosa contra el antisemitismo y el racismo, hoy, para vergüenza del mundo, nuevamente en boga.

“Por fin, han entendido los no judíos de estas tierras, que no basta la sonrisa irónica, el encogimiento de hombros o la incredulidad para evitar que cuaje, que se transplante, se arraigue y germine en América el bacilo antisemita; por fin, se ha hecho clara la convicción de que, el antisemitismo y el racismo son los opresores de la humanidad”.

“Sí, señores; por fin, están con nosotros los hombres sensatos y honestos de América que, como nosotros, entienden y están dispuestos a luchar y combatir, porque a costa del artificioso y sangriento racismo no se nos retrotraiga a la barbarie, no se aniquile nuestra  independencia”.

“Los judíos de América no pedimos protección a nadie, en función de nuestro judaísmo. No en vano, hemos nacido o hemos aclimatado física y espiritualmente al soplo vivificador  de este continente. Por el contrario, porque nos sentimos incapaces de ser carne de pogroms, saludamos hoy jubilosos a los ciudadanos aquí congregados y a los por ellos representados, porque vemos en ellos factores de progreso, de humanidad y de civilización, prontos a bregar mancomunados por el esclarecimiento de la conciencia americana”.

Durante los días que duró el Congreso se escucharon encendidas intervenciones de los asistentes que aportaron sus pensamientos y compromisos para la lucha antifacista, contra el racismo y el antisemitismo. El discurso de recepción a las delegaciones fue pronunciado por el presidente del comité y de la Comisión Organizadora Dr. Emilio Troise. Destacados intelectuales fueron relatores; sobre causas generales del racismo, el Dr. Augusto Bunge; sobre racismo y Ciencia, el Dr. Emilio Troise; sobre racismo y Derecho Internacional, el Dr. Rudecindo Martínez y Orzabal Quintana.

Los debates académicos o políticos y las resoluciones ocupan centenares de carillas como testimonio siempre actual sobre las falacias de las teorías racistas y antisemitas.En el acto de cierre del Congreso y en un clima de entusiasta fraternidad y solidaridad se destacaron las palabras del Dr. Salvador Allende, en plena lucha que lo llevaría muchos años después a asumir la presidencia de Chile y morir por su patria y sus ideales enfrentando heroicamente el golpe de estado de Pinochet. De su combativo discurso se rescata solo un párrafo que anticipaba los trágicos hechos de la Segunda Guerra Mundial y la Shoá (Holocausto):

“Y llegamos hasta aquí, camaradas, porque estamos en un minuto trágico y trascendente de nuestra historia, porque estamos abocados a una lucha que es decisiva, porque comprendemos que en nuestra tierra, el dilema está planteado: o el fascismo, que es regresión y barbarie, aniquilamiento de la personalidad humana, o la democracia que es paz y trabajo”.

 Celebramos el Bicentenario recordando el Primer Congreso Contra el Racismo y el Antisemitismo de 1938 -inexplicablemente ignorado u olvidado- como un fundamental aporte de nuestra sociedad democrática a la incansable lucha contra cualquier tipo de discriminación  y por los Derechos Humanos, que continúan ejerciendo las actuales generaciones de argentinos.

*Primera Guerra Mundial