Categoría: Historia

Fuente: Aurora, Israel   (7-09-10)

Babel y Trotzki detectaron la tragedia en ciernes

 Cuando se reflexiona acerca del Holocausto de los judíos europeos, una de las primeras cosas que llaman poderosamente la atención es el número pequeño de personas que supieron preverlo, sin contar, por supuesto, a los nazis que lo planearon y ejecutaron.

Entre esas personas hay dos a las cuales me quiero referir ahora: Isaac Babel y León Trotzki.

Isaac Babel nació en Odesa en 1894 y aunque escribió en ruso, y no en una de las lenguas específicamente judías como el hebreo o el idish, es considerado una figura literaria judía de primera línea, además de haber sido un traductor al ruso de las obras de Shalom Aleijem, escritas originalmente, en idish, lo que le ubica entre los intelectuales judíos conocedores de la cultura de su pueblo.

Admirado y protegido por Máximo Gorki, escribió varias obras, entre ellas “Caballería roja” y “Cuentos de Odesa”. Por lo que atañe anuestro tema, me referiré a la primera de ellas.

En 1920 estalló una guerra entre la Unión Soviética y Polonia. Las fuerzas rusas estaban comandadas por el mariscal Tukachevski, una futura víctima de las purgas stalinistas y contaba entre sus componentes a una fuerza de caballería de cosacos, partidarios de la Revolución, comandada por Budyonni. Pues bien, en esa fuerza fue incorporado Babel, un judío urbano, que no sabía andar a caballo y sufrió muchas peripecias entre los cosacos; la ofensiva rusa fue finalmente derrotada y sus tropas tuvieron que retroceder. Si retornamos aquí a la obra de Babel mencionada, éste es un libro realista, que no escatima la descripción de actos de violencia, incluso los actos de violencia cometidos por la caballería roja, lo que le valió la enemistad persistente de Budyonni.

Babel estuvo en contacto también con los campesinos polacos de la zona de combate y nos transmite una conversación en la cual un campesino le pregunta cuantos judíos hay y él le contesta citando un número de varios millones a lo cual el campesino le responde que van a quedar pocos dando una cifra de varios centenares de miles. Toda esta experiencia influyó en Babel para percibir una atmósfera en la cual flotaba ya la idea de una destrucción masiva del pueblo judío.

Recordemos además que en esa época se produjeron los grandes pogroms de Ucrania, más de 800 de ellos, llevados a cabo por las fuerzas blancas partidarias del Zar, comandadas por el general Denikin, que retrocedían a través de Ucrania, después de haber sido derrotadas por el Ejército rojo y también por las fuerzas del Gobierno independentista ucraniano, comandado por Petliura. A ello hay que sumar los desmanes realizados por las bandas de campesinos ucranianos conocidos como “ejército verde” y por grupos de desertores del mismo ejército rojo y del llamado “ejército negro” anarquista, cuyas direcciones se oponían a los pogroms. Toda una paleta trágica de colores políticos; un torbellino en cuyo vértice se encontraban los judíos, como en otras situaciones históricas.

En esos pogroms murieron varias decenas y, según algunos historiadores, centenares de miles de judíos, quedando como resultado de ese desastre, trescientos mil huérfanos judíos. Conviene prestar atención al hecho de que en la primera mitad del siglo XX, la destrucción física de los judíos siguió una proporción geométrica. En los pogroms del período entre 1903 y 1905, que empujaron a tantos judíos a emigrar a Norte y Sudamérica, fueron asesinadas varios miles de personas. En el periodo de la guerra civil al que me refiero, la cifra se multiplicó por diez y llegó a decenas y tal vez centenares de miles, y en el Holocausto se multiplicó otra vez por diez y llegó a millones.

En cuanto a Babel mismo, después de publicar sus libros sufrió varias peripecias y terminó por ser asesinado, en una de las tantas purgas stalinistas, en el año 1941.

La otra figura a la que quiero referirme, ya mucho más próxima a la iniciación del Holocausto, es León Trotzki , originalmente llamado Lev Davidovich Bronstein (1879-1940). Es conocida la gran importancia de Trotzki en el proceso de la revolución socialista en Rusia, y aún después, en el exilio, hasta su asesinato. Si bien nunca fui partidario de sus ideas, me ha interesado mucho su personalidad y su relación con su pueblo de origen, el pueblo judío.

Trotzki se oponía a los particularismos étnicos dentro de lo que llegó a ser el Partido Comunista ruso. Se opuso al Sionismo como movimiento al que consideraba nacionalista burgués, así como al “Bund”, que era una organización de los movimientos obreros judíos de Rusia, Polonia. Ucrania y Lituania, vale decir, de las grandes concentraciones de judíos en el Imperio Ruso. Pensaba que introducir en el movimiento socialista las reivindicaciones específicas de distintos grupos étnicos, lo debilitaría. Peso a ello, siempre le importaron las dificultades de los trabajadores judíos y, hacia el final de su vida, en diciembre de 1939, escribió las consideraciones sobre la inminencia de la destrucción física de los judíos europeos, que me han llevado a incluirlo en este texto. Recordemos que poco antes, en la noche del 9 al 10 de noviembre de ese año, se había producido en Alemania y en Austria, la llamada “Noche de los cristales rotos” (Kristallnacht), un pogrom en gran escala, durante el cual fueron asesinados o encarcelados muchos judíos, quemadas sinagogas y rotos los cristales de numerosos negocios judíos, de allí su nombre.

Ese megapogrom significó un agravamiento cualitativo de la campaña anti judía de los nazis y causó gran alarma en todo el mundo. Pocas semanas después, Trotzki envió una carta a organismos judíos de Nueva York, en la cual decía lo siguiente, en traducción al español: “Es posible imaginar lo que aguarda a los judíos en el comienzo de una nueva guerra mundial, pero incluso sin una guerra, el próximo desarrollo de la reacción mundial significa, con certeza, el exterminio físico de los judios”.

Esta advertencia de Trotzki se produjo como consecuencia de una serie de acontecimientos que hicieron del año 1938 un año marcado por el avance del racismo hitlerista. Sin pretender agotar los acontecimientos de ese año aciago, citaré la anexión de Austria y los sudetes, la desmembración de Checoeslovaquia, el nacimiento de la Eslovaquia clerical fascista, la promulgación de leyes racistas en Italia y, en general, un acrecentamiento del antisemitismo en países como Hungría, Polonia y Rumania. En particular, quiero señalar el fracaso de la Conferencia de Evian, en Francia, convocada para tratar de hallar una solución al problema acuciante de los judíos que querían escapar del infierno nazi y que concluyó con un rotundo fracaso, pues fuera de la República Dominicana, ningún país estuvo dispuesto a recibir una cantidad de refugiados judíos que estuviera a la altura de las circunstancias. Este fracaso, por el contrario, fue entendido por los nazis como una confirmación de su doctrina antisemita y la prueba de que la condena de que eran objeto por parte de los países “democráticos” era hipócrita.

Todos estos hechos configuraron una atmósfera de amenaza creciente para los judíos, proceso que estaba a la vista de todos, pero le tocó a Trotzki el papel de denunciarlo, con toda fuerza.

No sé qué efecto inmediato pudo tener una advertencia tan dramática como certera. Los mensajes de este tipo no siempre son comprendidos en su verdadera dimensión, ya sea por defensas psicológicas, por la trascendencia del hecho denunciado o por consideraciones políticas de todo tipo.

Poco después, en enero de 1939, Hitler pronunció su famoso discurso en el Reichstag en el cual dijo que el estallido de una próxima guerra mundial significaría el exterminio de los judíos de Europa. El resto es historia conocida.

Lo que podemos deducir de estos actos de clarividencia, artística y política, como los de Babel y Trotzki, es que las grandes catástrofes humanas pueden ser detectadas y previstas y que a diferencia de una catástrofe natural, como un tsunami o un tornado, que puede ser prevista, pero no evitada, las humanas podrán llegar a ser evitadas o atenuadas, en la medida en que haya disposición para ello.