Categoría: Historia

Fuente: Revista CONVERGENCIA N° 38     (8-07-10)

 Si la fecha conmemorativa del llamado Bicentenario (de nuestra independencia) hubiese caído algunos años atrás, no hubiese despertado la atención (como no la despertó en el centenario) que hoy adquiere en vastos sectores populares en nuestra América.  El significado actual de dicha efemérides se vincula, por un mayor grado de conciencia, con los procesos actuales de intentos de emancipación real, de liberación del nuevo colonialismo devenido en dominación imperialista, protagonizados por pueblos y gobiernos en varios países de Sudamérica: Venezuela, Bolivia, Ecuador, y en un escalón más atrás por países en los que se dan las condiciones, complejas pero en disputas, para que dejen de ser democracias tuteladas por Estados Unidos: Brasil, Uruguay, Argentina.

Junto a la consolidación de Cuba, el regreso del sandinismo al gobierno en Nicaragua, y del Farabundo Martí en El Salvador, surgen las luchas de resistencia y ofensiva de los pueblos de lo que fuera Hispanoamérica en nuevas situaciones en este comienzo de milenio.

Las propuestas de integración, materializadas en el ALBA y otras iniciativas, como Telesur, las propuestas de creación del Banco del Sur, de Petrocaribe y Gasoducto del Sur, la derrota del ALCA como instrumento global, el replantearse el objetivo de la Patria Grande, junto a las experiencias mencionadas, hacen que la identidad nuestramericana se desarrolle en un nivel nunca antes alcanzado.

Hoy en día las banderas de la unidad y la integración, levantadas en su origen por los que protagonizaran la guerra de liberación por nuestra primera independencia, vuelven a flamear entre los pueblos movilizados.

La historia sobre los sucesos de aquella guerra es aprehendida con avidez por las nuevas generaciones que aspiran a los cambios profundos, alertadas cada vez más sobre las tergiversaciones, engaños y omisiones que nos impusiera la llamada Historia Oficial. Queremos conocer más aquella historia de guerra continental, anticolonialista, de liberación, de lucha por la soberanía, la tierra, los recursos naturales, de sueños por la unificación institucional del Mundo Nuevo.

Martí nos aconsejaba en su famoso trabajo de 1891: la historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia.(1) Basándose en esta definición, Alejo Carpentier, en un discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, el 15 de mayo de 1975 decía: De ahí que la historia de nuestra América haya de ser estudiada como una gran unidad, como la de un conjunto de células inseparables unas de otras, para acabar de entender realmente lo que somos, quiénes somos, y qué papel es el que habremos de desempeñar en la realidad que nos circunda y da un sentido a nuestros destinos. Decía José Martí –agrega Carpentier- en 1893, dos años antes de su muerte: “Ni el libro europeo, ni el libro yanki, nos darán la clave del enigma hispanoamericano”, añadiendo más adelante: “Es preciso ser a la vez el hombre de su época y el de su pueblo, pero hay que ser ante todo el hombre de su pueblo”. Y para entender ese pueblo, esos pueblos, es preciso conocer su historia a fondo, añadiría yo.(2)

Fidel Castro, Hugo Chávez Frías, Evo Morales son hoy hombres de su época y de sus pueblos. Nosotros, los hijos e hijas del pueblo, que vibramos en la misma sintonía que los que nombramos, debemos ser hombres y mujeres de nuestra época de luchas y transformaciones, y para eso debemos conocer la historia de nuestra América a fondo y estar vacunados contra las tergiversaciones de la historia de los vencedores. Aprehender nuestra verdadera historia –hasta ahora la de los vencidos, la que yace en los subterfugios de la memoria colectiva y de las promesas comprometidas-, pero no con el fetichismo, como nos decía Julio Antonio Mella, de quien gusta adorar el pasado estérilmente, sino de quien sabe apreciar los hechos históricos y su importancia para el porvenir, es decir, para hoy.(3)

Bicentenario ¿de qué?

¿Qué es lo que vamos a conmemorar en 2010? : el acontecimiento más grande de los siglos, después del cristianismo(4), al decir del chileno José Victorino Lastarria. No es exagerada esta afirmación si pensamos en la trascendencia, por la extensión territorial involucrada, por la derrota infringida a una de las más poderosas potencias colonialistas de la época, por el triunfo de las ideas de cambios institucionales, políticos, sociales y culturales, teorizadas y preanunciadas en el siglo XVIII en la vieja Europa, materializadas como se pudo en las emergentes repúblicas en el Nuevo Mundo. Ya la parte del mundo convencionalmente ubicada en Occidente, no iba a ser la misma a partir de la realidad que instalaba la guerra triunfante que desplegara la gran revolución. Bernardo Monteagudo escribe en 1820 lo siguiente: Aunque el gobierno español hubiese podido levantar... alrededor de sus dominios una barrera más alta que los Andes, no habría extinguido el germen de la grande revolución que se preparaba en Sud América.(5) La revolución por la emancipación fue parte principalísima del proceso de las primeras guerras anticoloniales de la historia moderna. A diferencia de otros imperios de Occidente en la antigüedad, los colonizadores tuvieron que vérselas con una insurgencia generalizada; fue una revolución que nació del pueblo, en la que no sólo los hombres blancos fueron sus protagonistas; también lo fueron las mujeres, los afrodescendientes y los indígenas; fue una revolución  continental, es decir tuvo como campos de batallas toda la geografía americana; como ámbitos de debates, decisiones y constitución de los nuevos poderes, las principales ciudades hispanoamericanas, y como objetivo en las mentes más lúcidas que la condujeron, el sueño de la unidad.

Entonces eso es lo que debemos conmemorar: una revolución anticolonialista que triunfó en casi todo el ámbito de Hispanoamérica (salvo Cuba y Puerto Rico en esa primera etapa, debido fundamentalmente a los fuertes intereses esclavistas en esas islas, vinculados a los intereses en Estados Unidos). Cabe destacar que en 1804 ya Haití había concretado la primera revolución antiesclavista triunfante del mundo.

Debemos conmemorar con este sentido que nos da esta interpretación de nuestra historia y la recuperación de nuestra identidad nuestroamericana, motivada por los vitales ejemplos que nos muestran los procesos de cambios en Sudamérica.  

Sobre el Centenario

Estamos en otra situación que cuando se cumplió el centenario, en 1910, en donde  la atención estuvo más orientada a la legitimación de los estados nacionales. Las conmemoraciones estuvieron inspiradas por las elites. En Buenos Aires esto se dio  en medio de una feroz represión al movimiento obrero, con una clase dueña de los privilegios, vestida de frac y galera, que recibía ostentosamente a la Infanta Isabel de Borbón, hermana del ex rey Alfonso XII y tía de Alfonso XIII, soberano reinante en España. Parte de la crónica que publicó el periódico “La Razón” sobre estos “festejos” decía: Se le hizo un recibimiento apoteótico. La nave Alfonso XII en que viajó la ilustre visitante fue recibida en el puerto por una enorme y entusiasta multitud, que vitoreaba ruidosamente a la Argentina y a España. La Sarmiento se hallaba anclada en el puerto totalmente empavesada con su tripulación en los mástiles y enarbolando el pabellón de Castilla.La Infanta Isabel –sigue la crónica- descendió del barco del brazo del intendente municipal. Al pie de la planchada, esperaban el presidente de la Nación y sus ministros y miembros del cuerpo diplomático. Sobre el puerto, el pueblo. Puede decirse que todo el pueblo de Buenos Aires se había volcado allí para darle la bienvenida a la ilustre dama.(6) Claro que no era, ni mucho menos, todo el pueblo, como la exaltación le hizo ver al cronista: el pueblo sufriente no estaba para darle la bienvenida “a la ilustre dama”, para acompañar a las autoridades que lo reprimían, ni tenía mucho que festejar. Ese centenario pasó pues sin pena ni gloria.

En cambio, el bicentenario de nuestra independencia convoca a la renovación del proyecto de unidad latinoamericana, con una impronta de movilización desde abajo; es un momento de una calidad distinta, de contenido distinto y también de una esperanza renovada. Mucho agua ha corrido bajo el puente de la dominación –primero colonial, luego neocolonial y ahora imperialista- socavando de tal manera los pilares de ese puente, de manera tal que hoy soñamos y actuamos, cada vez más, involucrándose nuestros pueblos, en función ya de nuestra segunda independencia. 

1 José Martí. Nuestra América.

2  Alejo Carpentier en Mario Benedetti y otros. Nuestra América contra el V Centenario. Editorial Txalaparta. Tafalla. Navarra. 1990, pág. 52.

3  Julio Antonio Mella. Glosas al pensamiento de José Martí. Documentos de archivo del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Escrito en 1926.

4 José Victorino Lastarria. “La América”. 1844. Ensayistas de Nuestra América. Tomo I. Editorial Losada. Buenos Aires. 1994, p. 254.

5 Bernardo Monteagudo. El siglo XIX y la Revolución (artículo). El Censor de la Revolución, abril 30 de 1820, en El pensamiento de Monteagudo. Selección y prólogo de Gregorio Weinberg. Editorial Lautaro. Buenos Aires. 1944, p. 47.

6 Diario La Razón en La Razón 1905-1980. Historia Viva, Buenos Aires, 1980,  p. 23.

*Subdirector del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”.